Edith Stein y el alma de la mujer

Las controversias sobre la naturaleza y el papel de la mujer persisten mientras la sociedad moderna avanza hacia la aceptación de una antropología andrógina.

Por Richard A. Spinello

Las controversias sobre la naturaleza y el papel de la mujer persisten mientras la sociedad moderna avanza hacia la aceptación de una antropología andrógina. En los últimos Juegos Olímpicos, los espectadores fueron testigos de lo surrealista: hombres biológicos golpeando a boxeadoras. A quienes protestaron se les dijo que no existe una forma científica de diferenciar entre hombres y mujeres.

La mentalidad secular ha perdido de vista lo que significa ser mujer. Hay muchas razones para esta trágica desaparición de la feminidad, pero la principal es la negación de la trascendencia, que oscurece la luz que brilla sobre la verdad de nuestra humanidad. Como señala Carrie Gress, la influencia venenosa del feminismo anticristiano ha llevado al “fin de la mujer” porque ya no tenemos respuesta a la pregunta de qué hace que una mujer sea mujer.

Hoy con Edith SteinSanta Teresa Benedicta de la Cruz, conviene consultar su obra sobre estos temas, por su apertura reflexiva a las profundidades de la existencia humana. Si queremos reconstruir la idea de feminidad, su audaz e inteligente libro Woman es un punto de partida óptimo.

Su biografía es bien conocida: brillante judía atea, discípula del fenomenólogo Edmund Husserl, se convirtió al catolicismo tras leer la autobiografía de Santa Teresa de Ávila. Años después ingresó como carmelita. Cuando los nazis comenzaron a perseguir a los conversos judíos en Holanda, fue enviada a Auschwitz, donde fue ejecutada el 9 de agosto de 1942.

Tras su conversión, se adentró en la metafísica de Santo Tomás de Aquino, que marcó profundamente su desarrollo filosófico. No fue tomista estricta, pero su obra maestra Finite and Eternal Being está claramente inspirada en el tomismo. Encontró una forma original de armonizar la fenomenología moderna con la filosofía medieval tomista.

Stein sigue a Aquino al respaldar una antropología hilemórfica, una antigua idea de raíz aristotélica: la persona es una unidad natural e indivisible de cuerpo material y alma espiritual. El alma penetra y unifica todas las dimensiones físicas y espirituales de la persona.

En Woman, Stein busca demostrar que la naturaleza distintiva de la existe ya como masculina o femenina desde su creación. Por tanto, las diferencias sexuales representan dos modos irreductibles de ser una sustancia personal viva.

Aquí Stein se aparta de Aquino, para quien el alma es la misma en todos los miembros de la especie humana, diferenciándose solo al unirse con un cuerpo sexuado. Para Stein, en cambio, el alma es distinta antes de unirse y animar un cuerpo masculino o femenino, de modo que una persona es femenina no solo por su cuerpo, sino también por su alma.

De ahí que hable de una “doble especie”, dada la inmutabilidad de las diferencias entre hombre y mujer. Esta visión antropológica sutil tiene implicaciones para comprender cómo la ideología transgénero socava la profunda unidad cuerpo-alma.

El transgenerismo es una rebelión contra la finitud que impregna nuestro ser. Como insiste Stein, nadie es fuente de su propia existencia, sino que cada uno se encuentra como criatura creada por Dios, hombre o mujer. Si Stein tiene razón, tanto el cuerpo como el alma imponen limitaciones naturales a nuestras elecciones y aspiraciones. Los defensores del transgenerismo, en cambio, nos piden creer que Dios se equivocó al infundir un alma femenina en un cuerpo masculino.

La antropología de Stein fundamenta su reflexión sobre la mujer. Dado que poseen un alma diferente, las mujeres son distintas en su ser de los hombres. ¿Cómo se manifiesta esa diferencia?

De forma sencilla: lo que hace a una mujer es su vocación materna. Los rasgos femeninos —empatía, cuidado, sensibilidad moral— la hacen idealmente apta para la maternidad y la compañía conyugalEl cuerpo y el alma de la mujer están formados menos para luchar y conquistar que para acoger, custodiar y preservar.

La mujer también está mejor protegida contra una visión reducida o unilateral de las personas, lo que es crucial porque su misión implica comprender al ser completo que está bajo su cuidado. Y aunque no todas las mujeres darán a luz, todas pueden ejercer diversas formas de maternidad psicológica o espiritual.

Esta diferenciación sexual se asienta sobre una unidad más fundamental. Hombres y mujeres comparten la misma naturaleza humana, con la misma estructura ontológica: cuerpo físico animado por un alma intelectual. En esta común humanidad se descubre la distinción sexual, que no impide compartir dones y talentos creativos.

Como afirma Stein: “No hay mujer que sea solo mujer; como el hombre, cada una tiene su especialidad y talento individual, y este talento le da capacidad para realizar trabajo profesional”.

Por ello, la vocación natural de la mujer a la compañía conyugal y la maternidad no debería excluir su ejercicio en otras profesiones, especialmente aquellas —como la medicina y la educación— donde sus dones femeninos brillan. Al mismo tiempo, debemos reconocer la dignidad suprema de la maternidad y el matrimonio, que elevan esta vocación por encima de otras ocupaciones seculares.

¿Es correcta la tesis provocadora de Stein sobre el alma femenina? ¿O su creativa reelaboración de Aquino yerra el blanco? ¿Van las asimetrías sexuales más allá del cuerpo sexuado?

Sea cual fuere la respuesta, podemos coincidir en que su voz merece un lugar especial en el coro feminista moderno, pues es la voz clara de una santa y filósofa fiel que puede rescatar del olvido el misterio encantador de la mujer.

Acerca del autor:

Richard A. Spinello es profesor en Boston College, profesor adjunto en St. John’s Seminary, y autor, entre otros, de “Four Catholic Philosophers: Rejoicing in the Truth”.

Infovaticana

La belleza del hombre, creado a Imagen Viva de Dios, es indescriptible

Mensaje del Libro de la Verdad 🏹

24 de septiembre de 2014.

Mi muy querida hija, al igual que Mi Amada Madre fue elegida por Dios para proclamar la Venida del Mesías, así también es ella quien está llamada para preparar la humanidad para Mi Segunda Venida.

Ella ha sido elevada a la más alta Jerarquía en el Cielo y se le han otorgado grandes poderes por Mi Padre Eterno. Sin embargo, ella permanece como era entonces, y como es ahora, y será siempre, una sierva devota y humilde de Dios. Ella le sirve en Su Plan para elevar al hombre al estado perfecto en el que estaba destinado a ser.

La belleza del hombre, creado a Imagen Viva de Dios, es indescriptible. Ningún hombre, mujer o niño en este mundo pueden compararse a lo que fue creado cuando Dios formó a Adán y Eva. El pecado fue su caída y Lucifer su enemigo. Entonces, este estado perfecto fue destruido. Manchado por el pecado, el hombre nunca va a recuperar este estado perfecto de nuevo sino hasta que la serpiente, y todos los que le adoran sean desterrados. Hasta que llegue ese día, la belleza del cuerpo humano y el alma permanecerán empañadas.

El hombre es el más grande amor de Dios. Los ángeles son Sus siervos por lo que ellos, también, deben mostrar amor por las Criaturas de Dios. El amor que tiene Dios por Su familia supera todo lo que Él creó y, hasta que Él recupere las almas de Sus hijos, nunca descansará. Dios permite muchos sufrimientos, humillaciones y tragedias, todos los cuales son causados por el odio de uno a quien Él mantenía en la más alta estima – el antiguo Arcángel Lucifer, quien se convirtió en Satanás. Caído por sus celos, orgullo y amor propio, causó en Mi Padre el mayor dolor inimaginable. Y hoy, así como entonces, él todavía hace lo mismo.

Los ángeles leales de Mi Padre, todos los santos y Mi amada Madre, han formado un vínculo, que nunca puede ser roto. Lo que Mi Padre dicte es llevado a cabo por su Jerarquía Elite. Él nunca es cuestionado. Lo que Mi Padre desée, es la forma correcta y el modo más poderoso. Es la manera en la que la humanidad puede ser salvada de la maldición del maligno. Esa es la prerrogativa de Mi Padre. Nadie se atrevería a cuestionarlo. En Su Plan Definitivo, la etapa final en la que Él traerá Su Plan de Salvación a su fin, Él intervendrá de muchas maneras.

El título de Mi Madre, “La Madre de la Salvación “, el último que le fue dado por el Padre Eterno, Dios Altísimo, no es un accidente. Ella fue enviada a advertir al mundo y prepararlo para el embate final del maligno contra la raza humana. Ella ha sido designada a esta tarea y pido que acepten esto, y que respondan a su llamada a la oración en todo momento.

La Santísima Trinidad traerá muchas Bendiciones a aquellos que respondan a esta, la última misión del Cielo – la Misión de Salvación.

Acepten con agradecimiento que este tipo de favor le ha sido mostrado a la humanidad con amor y amabilidad de corazón.

Su Amado Jesús

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