Aniversario de la “fundación” de Argentina, 1º de abril de 1520

A 501 años la Divina Providencia ha querido que la efemérides de la primera Misa en tierra Argentina coincida con el Jueves Santo, solemnidad en la que celebramos justamente la institución de la Eucaristía.

En primer plano, a la izquierda, se ve a una aborigen que representa a América, a quien un caballero da su mano derecha mientras con la otra le señala el Cuerpo de Cristo en el momento de la elevación; para simbolizar tanto el rápido mestizaje como el mandato evangelizador de la Corona de Castilla. Un conjunto central de soldados y modestos labriegos españoles, que habían venido desde Asunción, participa con recogimiento. La valerosa Ana Díaz, única mujer que en la repartición de tierras realizadas por don Juan de Garay obtuvo una titularidad, los acompaña. A su vez, el fundador y capitán general, vizcaíno valiente y querido por su gente, de pie, erecto y firme, apoyándose en su espada, oye la misa con humildad. La ciudad quedaba fundada. Mientras, a lo lejos y entre nubes, el artista supone el perfil de la futura Buenos Aires

Aniversario de la “fundación” de Argentina, 1º de abril de 1520

PRIMERA MISA EN LA ARGENTINA

Por Antonio Caponnetto

            El 1º de abril de 1520, en el actual Puerto San Julián, provincia de Santa Cruz, se celebró por vez primera la Santa Misa en lo que es hoy nuestro territorio nacional. Era entonces ese día la festividad del Domingo de Ramos. La orden fue impartida por Hernando de Magallanes, y el celebrante fue el sacerdote español, nacido en Écija, Pedro de Valderrama.

            Si creemos que la historia es Cristocéntrica, si afirmamos que Jesucristo es el eje de la Historia y que los siglos giran a su alrededor, éste es el día en que nació la patria argentina, sin mengua de recordar siempre el 12 de octubre de 1492, cuando se inauguró la gran nación hispanoamericana.

            Al cumplirse los 450 años de este trascendental suceso, Paulo VI remitió una Carta, fechada el 19 de marzo de 1970, pidiendo que “la Eucaristía, perpetuación de la Ultima Cena y del Sacrificio del Gólgota, sea siempre y efectivamente, en la trayectoria de la comunidad católica nacional y en la vida de cada uno de sus miembros, un sacramento de piedad que los mantenga fuertes y fieles”.

            En el año 2010 se cumplen 490 años de esta primera misa, y mucho nos tememos que la fecha pase casi inadvertida, en medio de un sinfín de festejos mendaces sobre el Bicentenario. Entre esas mendacidades, precisamente, es la mayor sostener que el 25 de Mayo de 1810 nació la patria, segregando esta fecha y su sentido de toda raíz hispánica y católica. Tal la postura oficial del ideologismo liberal y marxista.

            La patria argentina, hablando con propiedad, tiene esta olvidada y traicionada fecha de origen: 1º de abril de 1520. El día en que por primera vez –en un sitio patagónico al que todavía rememora un austero monumento- Cristo Jesús se quedó con nosotros perpetuamente en el Sacramento Eucarístico.

            A 490 años, la Divina Providencia ha querido que la efemérides coincida con el Jueves Santo, solemnidad en la que celebramos justamente la institución de la Eucaristía. Inmejorable ocasión para agregarle al festejo sacro el recuerdo de la carta fundacional de La Argentina.

Todo es sur en la tierra, en el mar o en el aire,

sureñas las jarillas recamadas de abril.

Meridional el molle, las retamas, los cactus,

inaugurando verdes, alineando un pretil.

Todo es sur sobre el agua, la garza fugitiva,

fundando con sus alas los senderos costeños,

mediodía el paisaje soleado de gramíneas,

son australes los talas, sufridos y abajeños.

Loberías insomnes ven llegar cinco naves,

las mira el horizonte de San Julián al este.

Las ven los cormoranes con milenios de asombros,

y el patagón bravío que impacienta su hueste.

La Nao Capitana lleva anclada en su casco,

Trinidad, la palabra que le marca un destino.

El mesana flamea la bandera de España,

pero el mástil de proa roza un cielo argentino.

Bajan aquellos hombres como bajan los héroes,

marcialmente callados, superando pesares,

la cicatriz por yelmo cuando hasta al alma hiere,

la dura peripecia clavada en los ijares.

Magallanes, quien sabe, si cayó de rodillas,

si añoró de Sanlúcar sus pueblerinos tramos,

junto a un mapa sin bordes, su antañón calendario

le marcaba la fiesta del Domingo de Ramos.

Como aquel que bendice los soplos de los vientos

su mano trazó el sitio del mayor abordaje:

el altar con la cruz, el sagrario, los cirios,

un retablo de océano hecho espuma y celaje.

Imagino los brazos que acarrearon las piedras,

mojados de salitre, heridos del casquijo,

para dar forma al ara de gólgota y de mesa

erigiendo en la cima, austero, el Crucifijo.

Pedro de Valderrama se reviste despacio,

se recuerda muy joven en su hogar ecijano,

el cíngulo lo aferra, la casulla lo inviste,

se inclina con un beso sobre el misal romano.

Contritos, genuflexos, marinos o soldados,

veteranos de hazañas contra el moro tenaz,

contemplan la hostia blanca, la contempla el nativo,

formas arcos de olivo sobre esa patria agraz.

Algo que ahora llamamos lágrimas de alegría

y que entonces fue estío mojando las acacias,

retumbó en el desierto ante el primer Pan Vivo,

al  Ite missa est  decían: Deo gratias.

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Sin Mi Luz no hay nada más que tinieblas en el alma. No hay paz. No hay amor. No hay esperanza. No hay Vida

10 de junio de 2014

Jueves Santo institución de la Eucaristía

Mensaje del Libro de la Verdad 🏹

Mi muy querida bienamada hija, la gente puede preguntar ¿por qué es importante que el Sacrificio de la Santa Misa sea conservada a toda costa? La Misa es el punto principal de Mi Presencia – Mi Verdadera Presencia en el mundo. Mi Presencia trae ambas cosas: Vida y Luz. Traerá Vida al alma y la llenará con una Gracia única. Esta traerá consigo Luz – Mi Luz – la cual es más poderosa que el sol. Un destello de Mi Luz es suficiente para iluminar una habitación que esté en tinieblas. Mientras Mi Santa Eucaristía sea mantenida en gran Gloria sobre los altares de Mis Iglesias, habrá vida. Sin ella, habrá tinieblas. Cuando Yo no Estoy Presente, no hay Luz. Sin Mi Luz no hay nada más que tinieblas en el alma. No hay paz. No hay amor. No hay esperanza. No hay Vida.

Cualesquiera que sean las nuevas reglas serán forzadas sobre vosotros en el nombre de la evangelización y modernización, en Mi Nombre, sabed que si Mi Eucaristía deja de ser venerada, tal y como debería y como debe ser, podéis estar seguros de que no tardará mucho antes de que desaparezca completamente. En el día en que esto ocurra, habrá una oscuridad, que descenderá sobre la Tierra. Vosotros no la veréis, pero la sentiréis en los fríos corazones de los hombres, porque para entonces, la humanidad habrá cambiado. Una vez que Mi Presencia disminuya, las puertas del Infierno se abrirán y el Anticristo tomará Mi Lugar en Mi Iglesia. Será él, que no es de Mí, el que se sentará en el Trono que es Mío por derecho. Y será delante de él que Mi Iglesia yacerá postrada a sus pies. Esa será la mayor traición hacia Mí, vuestro Jesús, desde que Judas me entregó a Mis enemigos para ser crucificado.

Es Mi Iglesia, la que será perseguida primero y aquellos que son débiles en su fe, rendirán homenaje a la bestia. Serán aquellos hombres que afirmarán representar a Mi Iglesia – quienes Me crucificarán, una vez más. Cuando el impostor declare que él soy Yo, las horas empezarán a contar y entonces con un sonido ensordecedor de los cielos partiéndose y el repique del trueno, Mi Regreso se dará a conocer. El mundo entonces entenderá finalmente, la Verdad de Mi Promesa de Volver para reclamar Mi Reino, y de traer la unidad a Mi Iglesia, Mi Verdadera Iglesia – aquellos que me fueron fieles, a través de todas las pruebas y las tribulaciones.

Nada puede prevalecer contra Mi Iglesia, porque bajo Mi Liderazgo y dirección permanecerá impenetrable contra la bestia y contra todos aquellos traidores que me hayan traicionado para su propio beneficio.

Escuchad ahora Mi Promesa. Todo lo que os dije que ocurriría, ocurrirá. Todo lo que os prometí, será cumplido. Todo lo que es Mío, es vuestro. Todos vosotros me pertenecéis a Mí. Aferraos a Mí para una preciada vida, porque sin Mi Protección, vosotros caeréis en el error, y eso rompería Mi Corazón. Nunca me abandonéis por ese que os odia. Yo nunca os abandonaré, porque Yo os amo muchísimo. Yo atraigo a vosotros hacia Mí, y todavía os retiráis. ¿Por qué? ¿De qué tenéis miedo? ¿No sabéis que sois Míos y que este es un derecho de nacimiento natural? Apoyaos en Mí, Mis bienamados seguidores, porque pronto os sentiréis perdidos y no sabréis hacia dónde volveros. Y Yo estaré esperando, para traeros Mi Amor y ofreceros consuelo.

Venid. No me tengáis miedo. Yo solo vengo con amor a traeros Mi Paz.

Mi Luz os trae visibilidad.

Mi Amor os trae esperanza.

Mi Corazón os trae consuelo.

Mis Manos os sanan.

Mis Ojos os ven.

Mis Heridas os atraen.

Mi Cuerpo os alimenta.

Mi dolor es vuestro.

Vuestro dolor es Mío.

Mi Misericordia os salvará.

Mi Palabra es vuestro camino hacia Mi Reino.

Vuestro Jesús

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