Con Fe, Firmeza y Gallardía…¡Es posible vencer a la Masonería!

¿Cómo se nos puede negar el derecho a defendernos de ella? ¿Es que puede alguien escandalizarse porque España la haya puesto fuera de la ley? Los masones en España significan esto: traición a la patria y amenaza de la religión; abyectas figuras que por medrar son capaces de vender a sus hermanos al enemigo.


“Desde que se fundó la masonería en España hasta nuestros días, la masonería ha puesto su mano en todas las desgracias patrias. Ella fue quien provocó la caída de la Ensenada. Ella quien eliminó a los jesuitas, quien forjó a los afrancesados, quien minó nuestro Imperio, quien atizó nuestras guerras civiles y quien procuró que la impiedad se extendiera. En nuestro siglo fue la masonería la que derribó a Maura y quien se afanó siempre por atarnos de pies y manos ante el enemigo, la que apuñaló la monarquía y finalmente quien se debate rabiosa ante nuestro gesto actual de viril independencia. ¿Cómo se nos puede negar el derecho a defendernos de ella? ¿Es que puede alguien escandalizarse porque España la haya puesto fuera de la ley? Los masones en España significan esto: traición a la patria y amenaza de la religión; abyectas figuras que por medrar son capaces de vender a sus hermanos al enemigo”.

Francisco Franco

“La persecución de la masonería contra la Iglesia católica tiene su precedente en el cisma que Enrique VIII, el degenerado Monarca británico, introdujo en la hasta entonces catolicísima Inglaterra, como consecuencia de sus luchas por satisfacer sus pasiones libidinosas. Creada la masonería, y en estrecho maridaje con la Iglesia anglicana, fué el Pontífice romano y la religión verdadera el blanco a que apuntaron la mayor parte de las conspiraciones que las logias promovieron. (….)

La masonería no tiene escrúpulos en la fabricación y en la falsificación de pruebas cuando pretende alcanzar un objetivo. Es la política de la “calumnia, que algo queda”, que, explotada por las propagandas, sabe convertir para el mundo en monstruosas verdades, que, aunque muchas veces pueden derribarse con la presencia de la verdad, lo es cuando el daño ya está hecho, y aun así, con un silencio glacial y artificioso envuelven la obligada rectificación.

La masonería ayer, como hoy y mañana, no repara en los medios para alcanzar sus fines, no conoce la moral, engaña al pueblo, y no la detienen, como hemos demostrado, ni la autoridad y el respeto debido al representante de Dios sobre la Tierra.”

Extracto del Libro de Franco: “Masonería”

De una forma especial quiero agradecer al Caudillo invicto, aquí con vosotros, porque fue él quien salvó a la Iglesia Católica del exterminio.

La Católica España, la TRINCHERA INVENCIBLE DE CRISTO REY, está recibiendo los golpes más virulentos de Satanás y de sus servidores. La España que fundó su unidad nacional en la FE CATÓLICA con el III Concilio de Toledo (586). La España que derrotó y reconquistó al Islam esta bendita “tierra de María”, como la definió Juan Pablo II. La España que evangelizó, que dio a luz DESANGRÁNDOSE a todo un continente entero y cuyos misioneros llevaron la Cruz de Cristo hasta los confines de la tierra.

La España luz de Trento, martillo de herejes, cuna de santos. La España que derrotó a la media luna en Lepanto salvando a la Cristiandad de una nueva invasión islámica. La España que luchó y venció; primero a la revolución religiosa de Lutero, después a la revolución política del liberalismo, tanto progresista (jacobino), como conservador (girondino) que fue exportada por Napoleón. Y por último, la España que derrotó la revolución social del comunismo ateo, la Internacional Socialista y la masonería, el mayor enemigo de Nuestra Santa Madre la Iglesia.

Comprendéis por qué precisamente en España el golpe que Satanás debía descargar debía ser más fuerte que en ningún otro lugar. Ahora aparentemente, PARECE, que finalmente hemos sido vencidos…..Pero como diría Santa Teresa de Jesús: “La verdad padece, pero no perece”.

Ver: La Masonería y la judería Sionista al descubierto. San Maximiliano Kolbe

Salmo 18

De David

2 Dijo:

Yo te amo, Señor, mi fuerza,

3 Señor, mi Roca, mi fortaleza y mi libertador,

mi Dios, el peñasco en que me refugio,

mi escudo, mi fuerza salvadora, mi baluarte.

4 Invoqué al Señor, que es digno de alabanza

y quedé a salvo de mis enemigos.

5 Las olas de la Muerte me envolvieron,

me aterraron los torrentes devastadores,

6 me cercaron los lazos del Abismo,

las redes de la Muerte llegaron hasta mí,

7 Pero en mi angustia invoqué al Señor,

grité a mi Dios pidiendo auxilio,

y él escuchó mi voz desde su Templo,

mi grito llegó hasta sus oídos.

8 Entonces tembló y se tambaleó la tierra;

vacilaron los fundamentos de las montañas, y

se conmovieron a causa de su furor;

9 de su nariz se alzó una humareda,

de su boca, un fuego abrasador,

y arrojaba carbones encendidos.

10 El Señor inclinó el cielo, y descendió

con un espeso nubarrón bajo sus pies;

11 montó en el Querubín y emprendió vuelo,

planeando sobre las alas del viento.

12 Se envolvió en un manto de tinieblas;

un oscuro aguacero y espesas nubes

lo cubrían como un toldo;

13 las nubes se deshicieron en granizo y centellas

al fulgor de su presencia.

14 El Señor tronaba desde el cielo,

el Altísimo hacía oír su voz;

15 arrojó sus flechas y los dispersó,

multiplicó sus rayos y sembró la confusión.

16 Al proferir tus amenazas, Señor,

al soplar el vendaval de tu ira,

aparecieron los cauces del mar

y quedaron a la vista los cimientos.

17 El tendió su mano desde lo alto y me tomó,

me sacó de las aguas caudalosas;

18 me libró de mi enemigo poderoso,

de adversarios más fuertes que yo.

19 Ellos me enfrentaron en un día nefasto,

pero el Señor fue mi apoyo:

20 me sacó a un lugar espacioso,

me libró, porque me ama.

21 El Señor me recompensó por mi justicia,

me retribuyó por la inocencia de mis manos:

22 porque seguí fielmente los caminos del Señor,

y no me aparté de mi Dios, haciendo el mal;

23 porque tengo presente todas sus decisiones

y nunca me alejé de sus preceptos.

24 Tuve ante él una conducta irreprochable

y me esforcé por no ofenderlo.

25 El Señor me premió, porque yo era justo

y mis manos eran inocentes a sus ojos.

26 Tú eres bondadoso con los buenos

y eres íntegro con el hombre intachable;

27 eres sincero con los que son sinceros

y te muestras astuto con los falsos.

28 Porque tú salvas al pueblo oprimido

y humillas los ojos altaneros;

29 tú eres mi lámpara, Señor;

Dios mío, tú iluminas mis tinieblas.

30 Contigo puedo asaltar una muralla;

con mi Dios, puedo escalar cualquier muralla.

31 El camino de Dios es perfecto,

la promesa del Señor es digna de confianza.

El Señor es un escudo para los que se refugian en él,

32 porque ¿quién es Dios fuera del Señor?

¿y quién es la Roca fuera de nuestro Dios?

33 El es el Dios que me ciñe de valor

y hace intachable mi camino;

34 el que me da la rapidez de un ciervo

y me afianza en las alturas;

35 el que adiestra mis manos para la guerra

y mis brazos para tender el arco de bronce.

36 Me entregaste tu escudo victorioso

y tu mano derecha me sostuvo:

me engrandeciste con tu triunfo,

37 me hiciste dar largos pasos,

y no se doblaron mis tobillos.

38 Perseguí y alcancé a mis enemigos,

no me volví hasta que fueron aniquilados;

39 los derroté y no pudieron rehacerse,

quedaron abatidos bajo mis pies.

40 Tú me ceñiste de valor para la lucha,

doblegaste ante mí a mis agresores;

41 pusiste en fuga a mis enemigos,

y yo exterminé a mis adversarios.

42 Imploraron, pero nadie los salvó;

gritaban al Señor, pero no les respondía.

43 Los deshice como polvo barrido por el viento,

los pisé como el barro de las calles.

44 Tú me libraste de un ejército incontable

y me pusiste al frente de naciones:

pueblos extraños son mis vasallos.

45 Gente extranjera me rinde pleitesía;

apenas me oyen nombrar, me prestan obediencia.

46 Los extranjeros palidecen ante mí

y, temblando, abandonan sus refugios.

47 ¡Viva el Señor! ¡Bendita sea mi Roca!

¡Glorificado sea el Dios de mi salvación,

48 el Dios que venga mis agravios

y pone a los pueblos a mis pies!

49 Tú me liberas de mis enemigos,

me haces triunfar de mis agresores

y me libras del hombre violento.

50 Por eso te alabaré entre las naciones

y cantaré, Señor, en honor de tu Nombre.

51 El concede grandes victorias a su rey

y trata con fidelidad a su Ungido,

a David y a su descendencia para siempre.

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