¡Señor! Que yo no me pierda

 “Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna”.

Juan 3,16

Apocalipsis 20

1 Luego vi que un Angel descendía del cielo, llevando en su mano la llave del Abismo y una enorme cadena.

2 El capturó al Dragón, la antigua Serpiente –que es el Diablo o Satanás– y lo encadenó por mil años.

3 Después lo arrojó al Abismo, lo cerró con llave y lo selló, para que el Dragón no pudiera seducir a los pueblos paganos hasta que se cumplieran los mil años. Transcurridos esos mil años, será soltado por un breve tiempo.

4 Entonces vi unos tronos, y los que se sentaron en ellos recibieron autoridad para juzgar. También vi las almas de los que habían sido decapitados a causa del testimonio de Jesús y de la Palabra de Dios, y a todos los que no habían adorado a la Bestia ni a su imagen, ni habían recibido su marca en la frente o en la mano. Ellos revivieron y reinaron con Cristo durante mil años.

5 Esta es la primera resurrección. Y los demás muertos no pudieron revivir hasta el cumplimiento de esos mil años.

6 ¡Felices y santos, los que participan de la primera resurrección! La segunda muerte no tiene poder sobre ellos: serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él durante mil años.

7 Y cuando se cumplan esos mil años, Satanás será liberado de su prisión.

8 Saldrá para seducir a los pueblos que están en los cuatro extremos de la tierra, a Gog y Magog, a fin de reunirlos para la batalla. Su número será tan grande como las arenas del mar,

9 y marcharán sobre toda la extensión de la tierra, para rodear el campamento de los santos, la Ciudad muy amada. Pero caerá fuego del cielo y los consumirá.

10 El Diablo, que los había seducido, será arrojado al estanque de azufre ardiente donde están también la Bestia y el falso profeta. Allí serán torturados día y noche por los siglos de los siglos.

11 Después vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él. Ante su presencia, el cielo y la tierra desaparecieron sin dejar rastro.

12 Y vi a los que habían muerto, grandes y pequeños, de pie delante del trono. Fueron abiertos los libros, y también fue abierto el Libro de la Vida; y los que habían muerto fueron juzgados de acuerdo con el contenido de los libros; cada uno según sus obras.

13 El mar devolvió a los muertos que guardaba: la Muerte y el Abismo hicieron lo mismo, y cada uno fue juzgado según sus obras.

14 Entonces la Muerte y el Abismo fueron arrojados al estanque de fuego, que es la segunda muerte.

15 Y los que no estaban inscritos en el Libro de la Vida fueron arrojados al estanque de fuego.

Serán perdonados inmediatamente si se armaran de valor y me invocaran para ayudarles a salir de su miseria

Mensaje del Libro de la Verdad 🏹

17 de mayo de 2013

Mi amadísima hija, debes saber que todos los pecadores, especialmente aquellos que han hecho cosas terribles, deben venir a Mí. Yo ansío su atención y quiero traerlos dentro de Mi Corazón, porque los amo. Ellos serán perdonados inmediatamente si se armaran de valor y me invocaran para ayudarles a salir de su miseria. Nunca deben temerme, porque Yo Soy siempre Misericordioso. Ellos están más cerca de Mí que aquellos que profesan representarme en la Tierra, pero que son hipócritas, así como fueron los fariseos.

Dadme vuestra mano. No importa que acciones hayáis cometido, Yo descenderé sobre vosotros. Mi Oración, dada a vosotros ahora, os traerá dentro de Mi Corazón y residiré en vosotros y seréis salvados.

Cruzada de Oración (107) Sálvame del fuego del Infierno

Soy un terrible pecador, Jesús.

Por mis acciones, he causado sufrimiento desesperado

 a otros.

Soy hecho a un lado como resultado.

Ya no soy tolerado en la Tierra en ninguna parte.

Rescátame de este desierto y protégeme de las garras del mal.

Permíteme que me arrepienta.

Acepta mi remordimiento.

Lléname con Tu Fuerza y ayúdame a levantarme

de las profundidades de la desesperanza.

Te entrego a Tí, querido Jesús, mi libre albedrío, para que hagas en mí lo que quieras, para que pueda ser salvado del fuego del Infierno. Amén.

Ve, hija Mía, en paz, pues Yo nunca abandonaré a aquellos que me suplican Misericordia.

Vuestro Jesús

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