El Milenarismo Cat贸lico

La Iglesia no ha definido como dogma nada de lo relativo al Reino de Cristo tras su Parus铆a. Caben, pues, legal y leg铆timamente, que cada cat贸lico pueda optar por la interpretaci贸n aleg贸rica o por la literal de la Biblia en estos asuntos. Pero es deber grave recordarle a los fieles que el milenarismo espiritual es mantenido en la Biblia, lo explicit贸 Cristo en sus predicaciones, y fue apoyado por los evangelistas, los ap贸stoles, San Juan y los padres de la Iglesia, y que nunca ha sido derogado ni podr谩 serlo jam谩s. 

La interpretaci贸n tradicional de la Iglesia sobre el Reinado de Cristo tras su Parus铆a: el milenarismo espiritual

Por Antonio Jos茅 S谩nchez S谩ez

I.INTRODUCCI脫N

En este art铆culo queremos resumir brevemente qu茅 es el milenarismo espiritual, la doctrina tradicional de la Iglesia durante los cinco primeros siglos de nuestra era en relaci贸n con la Parus铆a y el Reino de Cristo; recordarla y aclararla, defendi茅ndola de aqu茅llos que creen, por ignorancia, que es her茅tica porque la confunden con el milenarismo carnal, craso o quili谩stico.  

Santos Padres latinos.

El milenarismo espiritual es la doctrina revelada por el Esp铆ritu Santo en el Apocalipsis, las Cartas de San Pablo, San Juan y de San Pedro y concordantes. 脡sta fue la doctrina seguida por el mism铆simo San Juan 鈥 como nos contaron sus disc铆pulos Policarpo, Pap铆as y San Ireneo -, por los ap贸stoles de Cristo (como se comprueba en la Didaj茅) y por la completa unanimidad de los santos padres de la Iglesia hasta San Agust铆n. Basta leer la Patr铆stica latina de Jacques Paul Migne para confirmarlo. 

驴Qui茅n se atrever谩 a condenarla, cuando la misma Escritura la confiesa en cientos de lugares y los santos y los m谩rtires la escucharon de la boca de San Juan? Nadie. Nunca fue condenada ni nunca podr谩 serlo porque es la interpretaci贸n aut茅ntica, confirmada por Cristo y sus ap贸stoles (como ahora veremos) en relaci贸n con la Parus铆a y el subsiguiente Reino de Dios en la Tierra y, sin duda, ser铆a la interpretaci贸n m谩s seguida dentro de la Iglesia desde entonces si no hubiera mediado un episodio concreto en el s. V, que luego describiremos.  

Desde la segunda etapa de San Agust铆n (en su primera etapa fue tambi茅n milenarista, como no pod铆a ser de otra forma) hasta ahora la mayor铆a de Iglesia profesa una interpretaci贸n aleg贸rica forzad铆sima de Apoc. XX y de todas las alusiones b铆blicas que hablan de las dos resurrecciones y del Reino de Cristo en la Tierra tras su Parus铆a, contradiciendo su literalidad. Desde el s. V en adelante la Iglesia ha aventurado una interpretaci贸n aleg贸rica para interpretar los acontecimientos fundamentales de los tiempos finales, interpretaci贸n que no es oficial ni dogm谩tica sino libre, hasta el punto en que muchos de los m谩s grandes te贸logos de la historia han seguido siendo fieles a la interpretaci贸n tradicional del milenarismo espiritual, como Cornelio a Lapide (s. XVI), Charles Arminjon (s. XIX) o los padres Jos茅 Rovira, Florentino Alca帽iz, Orlandis o Benjam铆n S谩nchez (s. XX), entre otros muchos. 

Muchos herejes hubo antes (Cerintos, Nepos, Caio, etc.) y despu茅s del s. V d. C (los anabaptistas, Joaqu铆n de Fiore, testigos de Jehov谩, etc.)  propugnadores del milenarismo craso o carnal, herej铆a tremenda justamente condenada por la Iglesia. Fueron condenados como herejes por profesar ese milenarismo torcido. De forma que hoy en d铆a muchos consideran, por ignorancia, que el milenarismo es her茅tico sencillamente porque tienen en mente el milenarismo de estos herejes. Y aqu铆 est谩 la tragedia: que al no distinguir entre el milenarismo malo y el milenarismo ortodoxo condenan in toto todos ellos bajo la com煤n nomenclatura de 鈥渕ilenarismo鈥 y tratan de herejes a todos los milenaristas por igual, hasta el punto de que con esta forma de pensar tendr铆an que tachar de herejes a los padres de la Iglesia, a los ap贸stoles y hasta al mismo Cristo y al Esp铆ritu Santo.  

N贸tese, pues, la importancia de distinguir entre ambos milenarismos, condenar el her茅tico y salvar y predicar el espiritual. 

 II. 驴QU脡 ES EL MILENARISMO ESPIRITUAL? ES LA INTERPRETACI脫N TRADICIONAL DE LA IGLESIA SOBRE C脫MO ENTENDER EL REINO DE CRISTO TRAS SU PARUS脥A, APOYADA EN LAS PALABRAS DE CRISTO, EN LA BIBLIA (ANTIGUO Y NUEVO TESTAMENTO), SAN JUAN EVANGELISTA Y APOCALETA, LOS AP脫STOLES Y LA UNANIMIDAD DE LOS PADRES DE LA IGLESIA DURANTE LOS PRIMEROS CINCO SIGLOS

El 鈥渕ilenarismo espiritual鈥 consiste en la interpretaci贸n literal del Cap. XX del Apocalipsis y de las citas relacionadas de San Pablo, San Pedro, San Juan, etc. Como sabemos, la interpretaci贸n literal es la primera que exige la Biblia, como nos explic贸 San Jer贸nimo y actualmente sigue exigiendo tambi茅n el Catecismo (numeral 116). El milenarismo espiritual puede resumirse as铆:  

1. No es lo mismo el fin de los tiempos que el fin del mundo.

2. El fin de los tiempos (de los gentiles) comenz贸 con la Ascensi贸n de Cristo al Cielo y terminar谩 con la derrota del falso profeta y del Anticristo en la Parus铆a o Segunda venida de Cristo, en gloria y majestad. Son los tiempos de los gentiles (es decir, de los cristianos). 

3.  En esta Segunda venida o Parus铆a se produce el Juicio de las Naciones o gentiles, consistente en que: 

  • Cristo, en su Venida, castiga al mundo incr茅dulo, ap贸stata y paganizado, (鈥淐uando el Hijo del Hombre venga, 驴acaso quedar谩 fe sobre la Tierra?鈥, Lc. 18, 8) con una lluvia de fuego (2 Pedro 3,7) y derrota al falso profeta y al Anticristo y a sus huestes, de forma que ambos ser谩n echados vivos al Infierno (Apoc. 19,20), al tiempo que el Demonio ser谩 encerrado para siempre (aqu铆 algunos milenistas equivocados pensaban que el Demonio ser铆a soltado otra vez antes del Juicio Final, lo que no compartimos).  
  • Cristo, en su Parus铆a, premia a los suyos con una primera resurrecci贸n, la de los justos de Cristo, justos que componen  dos grupos: 
  • los m谩rtires asesinados durante la gran tribulaci贸n ocasionada por la persecuci贸n del Anticristo y del falso profeta;  
  • y los cristianos muertos en gracia de Dios desde la Ascensi贸n de Cristo hasta ese momento.  
  • Adem谩s, los que est茅n vivos en el momento de la Parus铆a ser谩n transformados en cuerpos gloriosos (1 Cor. 15, 51 y 1 Jn. 3, 2) (ver nota 1).Los resucitados en esa primera resurrecci贸n reinar谩n con Cristo por mil a帽os (n煤mero que puede ser simb贸lico o literal) en esta Tierra, en el mundo, que no ser谩 como es ahora sino que ser谩 transfigurado por el Esp铆ritu Santo (鈥渘uevos Cielos, nueva Tierra鈥, Apoc. 21,1 e Isa铆as 65,17). Este Reino de Cristo no tendr谩 fin pues se funda en primer lugar en la Tierra y luego contin煤a en el Cielo, tras el Juicio universal, que se producir谩 en el fin del mundo.  

5. En el Reino de Cristo tras su Parus铆a o Segunda venida se cumple la profec铆a de 鈥渦n solo reba帽o con un solo pastor鈥 (Jn. 10, 16), pues todos los sobrevivientes a la gran tribulaci贸n y los justos resucitados son cat贸licos e integran la Iglesia cat贸lica.  

6. Al final de esos 鈥渕il a帽os鈥 de Reino de Cristo en la tierra con sus santos habr谩 una segunda resurrecci贸n, la del resto de los muertos:   es decir, los r茅probos + los justos que no sean de Cristo (los que se salven por haber seguido la ley natural sin haber conocido inculpablemente a Cristo y los santos del Antiguo Testamento), que ser谩 juzgados en el Juicio Final, que coincide con la destrucci贸n del mundo. Unos ir谩n al Cielo y otros al Infierno. Los que reinaron con Cristo en el Reino en la tierra tambi茅n pasar谩n al Cielo. Dice 1 Cor. 15, 24-26: 鈥淟uego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia. Porque preciso es que 茅l reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies. Y el 煤ltimo enemigo que ser谩 destruido es la muerte鈥. 

7. Sobre la destrucci贸n del mundo previa al Juicio Final nos habla Apocalipsis 20,11-15: 鈥淵 vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en 茅l, de delante del cual huyeron la tierra y el cielo, y ning煤n lugar se encontr贸 para ellos. Y vi a los muertos, grandes y peque帽os, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, seg煤n sus obras. Y el mar entreg贸 los muertos que hab铆a en 茅l; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que hab铆a en ellos; y fueron juzgados cada uno seg煤n sus obras. Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda. Y el que no se hall贸 inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.鈥. Como se ve, la muerte es derrotada al final del Reino de Cristo en la Tierra, en el Juicio Universal o Final. 

Esta doctrina, llamada milenarismo sano o espiritual, la profes贸 nada menos que el disc铆pulo amado, San Juan Evangelista, algo que no hubiera hecho nunca si Cristo no se la hubiera ense帽ado. Nos lo cuenta San Ireneo por hab茅rselo o铆do contar a su maestro Policarpo, disc铆pulo directo de San Juan, como podemos leer en su Adversus Haereses. Ni qu茅 decir tiene que San Juan no es un cualquiera sino testigo privilegiado de las palabras de Jes煤s y, adem谩s, el vidente del Apocalipsis, que recibi贸 la explicaci贸n directa de lo que estaba viendo del mismo Esp铆ritu Santo, como seguramente la recibiera tambi茅n de Cristo durante su vida mortal e incluso de Mar铆a Sant铆sima, a la que cuid贸 en 脡feso hasta su dormici贸n y Asunci贸n a los Cielos. 

驴Podr铆a condenarse entonces esta doctrina? Claro que no. 

Y desde San Juan y los ap贸stoles, por v铆a de sus disc铆pulos, la profesaron todos los santos de los primeros cinco siglos de la Iglesia y entre ellos quienes m谩s autoridad ten铆an: los padres de la Iglesia: S. Pap铆as, S. Policarpo, S. Ireneo, Lactancio, S. Victorino, Sulpicio Severo, Justino M谩rtir, Apolinario de Laodicea, Lactancio, Victorino, Sulpicio Severo, S. Ambrosio, San Metodio, San Hip贸lito, San Epifanio, Dionisio de Alejandr铆a, y un largo etc. y hasta el mismo San Agust铆n en su primera etapa (por ense帽anza de su maestro San Ambrosio, uno de los grandes padres de la Iglesia occidental). Todos ellos cre铆an que si Dios cre贸 el mundo en seis d铆as y al s茅ptimo descans贸, seis milenios durar铆a la vida del hombre en la tierra, triunfando luego Cristo en su Parus铆a y descansando el hombre en el Reino del Se帽or, en la Tierra, el 煤ltimo d铆a (el milenio). 

驴Qui茅n podr铆a, pues, condenar esta doctrina? 

As铆, respecto al Reino de Cristo en la Tierra nueva, renovada y transfigurada tras su Parus铆a, recuerda San Ireneo haberle escuchado contar a San Juan鈥  

鈥淓sto es lo que recuerdan haber o铆do de Juan, el disc铆pulo de Jes煤s, los presb铆teros que lo conocieron, acerca de c贸mo el Se帽or les hab铆a instruido sobre aquellos tiempos: 芦Llegar谩n d铆as en los cuales cada vi帽a tendr谩 diez mil cepas, cada cepa diez mil ramas, cada rama diez mil racimos, cada racimo diez mil uvas, y cada uva exprimida producir谩 25 medidas de vino. Y cuando uno de los santos corte un racimo, otro racimo le gritar谩: 隆Yo soy mejor racimo, c贸meme y bendice por m铆 al Se帽or! De igual modo un grano de trigo producir谩 diez mil espigas, cada espiga a su vez diez mil granos y cada grano cinco libras de harina pura. Lo mismo suceder谩 con cada fruto, hierba y semilla, guardando cada uno la misma proporci贸n. Y todos los animales que coman los alimentos de esta tierra, se har谩n mansos y vivir谩n en paz entre s铆, enteramente sujetos al hombre禄.  

El anciano Pap铆as, que tambi茅n escuch贸 a Juan como compa帽ero de Policarpo, ofrece el testimonio siguiente en el cuarto de sus cinco libros, a帽adiendo: 芦Cuantos tienen fe aceptar谩n lo anterior. Y como Judas el traidor no creyese y le preguntase: 驴C贸mo podr谩 el Se帽or producir tales frutos?, el Se帽or le respondi贸: Lo ver谩n quienes ir谩n a esa tierra禄 (Adversus Haereses, 33.3 y 4). 

III. LOS AP脫STOLES TAMBI脡N ERAN MILENARISTAS ESPIRITUALES Y AS脥 SE VE EN SU ENSE脩ANZA (DIDAJ脡) 

La Didaj茅 o Doctrina de los Ap贸stoles fue escrita por los doce ap贸stoles (Mat铆as hab铆a reemplazado ya a Judas Iscariote) d茅cadas despu茅s de la Ascensi贸n de Cristo al Cielo, testigos presenciales de las obras y palabras del Se帽or, antes de la destrucci贸n del Templo (70 d. C.). Nadie se hubiera atrevido a poner en ella doctrinas extra帽as que Cristo no hubiera ense帽ado expresamente porque el resto de testigos de Cristo lo hubieran reprobado contundentemente. Por lo que la doctrina expuesta en ella es la m谩s clara y segura de la Iglesia primitiva, antes incluso de ser escritos los Evangelios. Y la Didaj茅 apoya la interpretaci贸n milenarista, citando a Judas 14 (Enchiridion Patristicum n潞 10) y a Zac. 14, 15: 

鈥淧ero los que perseveren en su fe ser谩n salvados por el mismo que hab铆a sido maldecido. Entonces aparecer谩n las se帽ales aut茅nticas: en primer lugar el signo de la abertura del cielo, luego el del sonido de trompeta, en tercer lugar, la resurrecci贸n de los muertos, no de todos los hombres, sino, como est谩 dicho: 芦Vendr谩 el Se帽or y todos los santos con 茅l禄 (Zac. 14, 5).鈥 En parecidos t茅rminos se expresa Judas 1, 14. 

Como se ve, los ap贸stoles cre铆an que en la Parus铆a no se producir铆a la resurrecci贸n universal, sino solo la de los justos de Cristo, la primera resurrecci贸n, de la que habla San Pablo, Apocalipsis y los evangelistas. 

IV EL MILENARISMO ESPIRITUAL SE APOYA EN LA LITERALIDAD DE LA ESCRITURA

Solo comentaremos algunas citas importantes de la Biblia al respecto, de las cientos que hay, clar铆simas y coherentes entre s铆, pues el Esp铆ritu Santo no puede contradecirse nunca: 

1. Hay dos resurrecciones

Apoc. XIX y XX 

Cuando Cristo venga en su Parus铆a derrotar谩 al falso profeta y al Anticristo, que ser谩n echados vivos al Infierno.  El ej茅rcito del Anticristo ser谩 trucidado por el mismo Cristo, con la espada b铆fida de su boca. Con su venida se produce la primera resurrecci贸n, la de los m谩rtires producidos por el Anticristo en la gran tribulaci贸n, asesinados por no haber adorado a la Bestia ni a su estatua y por no haber aceptado la marca en sus frentes ni en sus manos, y posiblemente tambi茅n la de 鈥渓os de Cristo鈥, los cristianos muertos en gracia de Dios hasta entonces (aunque esto 煤ltimo no es seguro). Estos m谩rtires resucitados reinar谩n con Cristo en la tierra, por mil a帽os. Tras este reinado de Cristo con los resucitados en la primera resurrecci贸n, por mil a帽os, se produce la segunda resurrecci贸n (Apoc. 2,4-6)la del resto de los muertos desde Ad谩n y Eva hasta entonces, para el Juicio final. 

1 Cor. 15, 22-26 

Sobre las dos resurrecciones comentadas dice exactamente lo mismo el Esp铆ritu Santo por boca de San Pablo en 1 Cor. 15, 22-26, mediando entre ambas resurrecciones el Reino de Cristo en la tierra, porque es necesario que 脡l reine aqu铆 en la tierra tras su Parus铆a: 

鈥淧orque como en Ad谩n todos mueren, as铆 tambi茅n en Cristo todos ser谩n vivificados. Pero cada uno por su orden: como primicia Cristo; luego los de Cristo en su Parus铆a; despu茅s el fin, cuando 脡l entregue el Reino al Dios y Padre, cuando haya derribado todo principado y toda potestad y todo poder. Porque es necesario que 脡l reine 鈥渉asta que ponga a todos los enemigos bajo sus pies鈥. El 煤ltimo enemigo destruido ser谩 la muerte鈥. 

Cris贸stomo, Teofilacto y otros Padres interpretan que los justos resucitar谩n en el gran 鈥渄铆a del Se帽or鈥, en el 鈥溍簂timo d铆a鈥, en su Parus铆a: 

(Juan 6, 54):鈥淓l que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitar茅 en el 煤ltimo d铆a鈥  

Cornelio a Lapide sostiene tambi茅n el sentido literal y temporal.  

Charles Arminjon escribi贸 un libro con el que disfrut茅 mucho (El fin del mundo) y que era el libro de cabecera de Santa Teresita de Lisieux. Pues bien, en ese libro dice: 鈥淓l sentimiento m谩s compartido y que parece m谩s en conformidad con las Sagradas Escrituras, es que despu茅s de la ca铆da del Anticristo, la Iglesia Cat贸lica entrar谩 una vez m谩s en una era de prosperidad y triunfo禄鈥 (Fin du Monde Pr茅sent et Myst猫res de la Vie Future , 茅d. Office Central de Lisieux, 1970, p. 70). 

Incluso S. Jer贸nimo admite que este cap铆tulo se refiere exclusivamente a la resurrecci贸n de los justos.  

1 Tes. 4, 16-17 

De nuevo la Escritura dice lo mismo en 1 Tes. 4, 16-17, sobre la primera resurrecci贸n, a帽adiendo que los que estemos vivos en la Parus铆a seremos transformados en cuerpos gloriosos, semejantes a los de Cristo: 

鈥淧orque el mismo Se帽or, dada la se帽al, descender谩 del cielo, a la voz del arc谩ngel y al son de la trompeta de Dios, y los muertos en Cristo resucitaran primero. Despu茅s, nosotros los vivientes que quedemos, seremos arrebatados juntamente con ellos en nubes hacia el aire al encuentro del Se帽or; y as铆 estaremos siempre con el Se帽or.鈥 

Es misma transformaci贸n de los vivos, en su Parus铆a, la tiene I Cor. 15, 51. 

Lc. 14, 12-13 

Lo mismo dice la Escritura en Lucas 14, 12-13, hablando de la primera resurrecci贸n, la de los justos (los cristianos muertos en gracia de Dios): 

鈥淢as cuando hagas banquete, llama a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos; y ser谩s bienaventurado; porque ellos no te pueden recompensar, pero te ser谩 recompensado en la resurrecci贸n de los justos鈥 

 Lc. 20, 35-36 

El mismo Cristo expresa claramente que los justos, cuando resuciten, tendr谩n parte en la nueva tierra, en el mundo, y ya no podr谩n morir: 

鈥渕as los que hayan sido juzgados dignos de alcanzar el mundo aquel y la resurrecci贸n de entre los muertos, no tomar谩n mujer, y (las mujeres) no ser谩n dadas en matrimonio, porque no pueden ya morir, pues son iguales a los 谩ngeles, y son hijos de Dios, siendo hijos de la resurrecci贸n.鈥. N贸tese que Cristo no habla del Cielo sino del 鈥渕undo aqu茅l鈥. 

Jn. 6, 39 

Sobre la resurrecci贸n de los justos puede verse tambi茅n esa cita de Jn. 6, 39: 

鈥淵 esta es la voluntad del Padre, el que me envi贸: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el d铆a postrero.鈥 

Como se ve, los de Cristo son los que el Padre le ha dado, los justos, a los que 脡l resucitar谩 el 煤ltimo d铆a y solo a ellos. Como se ve, no se habla de una resurrecci贸n general, de justos y r茅probos sino solo de los justos. 

Hasta el punto en que el Esp铆ritu Santo condena por boca de San Pablo el alegorismo forzado de aqu茅llos que cre铆an ya en vida de los ap贸stoles que la resurrecci贸n ya hab铆a sucedido (II Tim. 2,17-18). De hecho, en la interpretaci贸n alegorista se considera que la primera resurrecci贸n ya se produjo, y que se refiere al bautismo. 

鈥淵 su palabra carcomer谩 como gangrena; de los cuales son Himeneo y Fileto, 鈥痲ue se desviaron de la verdad, diciendo que la resurrecci贸n ya se efectu贸, y trastornan la fe de algunos鈥. 

  1. Ireneo, fund谩ndose en los testimonios de los presb铆teros disc铆pulos de S. Juan, se帽ala como primera resurrecci贸n la de los justos (Lc. 14, 14 y 20, 35). La nueva versi贸n de N谩car-Colunga (para muchos, la mejor Biblia en espa帽ol)  ve en esta primera resurrecci贸n un privilegio de los santos m谩rtires, 鈥渁 quienes corresponde la palma de la victoria. Como quienes sobre todo sostuvieron el peso de la lucha con su Capit谩n, recibir谩n un premio que no corresponde a los dem谩s muertos, y 茅ste es juzgar, que en el sentido b铆blico vale tanto como regir y gobernar al mundo, junto con su Capit谩n, a quien por haberse humillado basta la muerte le fue dado reinar sobre todo el universo (Fil. 2, 8 s.)鈥.

驴Qui茅n podr谩 condenar esta doctrina, sostenida nada menos que por Cristo, la Biblia y sus mejores int茅rpretes?  

 B.  Sobre el reinado de los justos en la tierra coinciden otros puntos de la Escritura

鈥 1 Cor. 6, 2-3: los santos han de juzgar al mundo y a los 谩ngeles ca铆dos. 

鈥 Sab. 3, 7-8: cuando venga Cristo los santos brillar谩n como chispas y juzgar谩n a las Naciones (el juicio de las naciones o gentiles) y gobernar谩n a los pueblos. 

鈥 Lc. 22, 30: los santos juzgar谩n a las tribus de Israel. 

Uno de los que profesaba el reinado visible, corporal y glorioso de Cristo en la tierra tras su Parus铆a fue el prestigios铆simo Cornelio a Lapide, en los ss. XVI-XVII. 

  1. Agust铆n, que dar谩 la interpretaci贸n alegorista destinada a hacerse cl谩sica, hab铆a antes profesado durante cierto tiempo la opini贸n milenarista Desde entonces el milenarismo cay贸 en el olvido, no sin dejar curiosas supervivencias, como las oraciones para obtener la gracia de la primera resurrecci贸n, consignadas en antiguos libros lit煤rgicos de Occidente (Dom Leclereq).

La Iglesia ten铆a mala conciencia por a帽adir una interpretaci贸n nueva, no tradicional ni b铆blica ni apost贸lica (la aleg贸rica), soterrando la doctrina espiritual desde entonces. 

C. Algunas otras citas b铆blicas que apoyan el reinado de Cristo en la Tierra

Son much铆simas las citas que refieren a la continuidad de la Tierra, renovada y transfigurada, tras la Parus铆a. Citamos solo algunas: 

Mt. 24, 21 

Jam谩s hubo ni habr谩 una tribulaci贸n igual en la Tierra, en referencia a la gran tribulaci贸n. Ergo, tras la gran tribulaci贸n y la Parus铆a el mundo continuar谩, transfigurado. 

Mt. 28, 20 

鈥淵o estar茅 con vosotros hasta el fin del mundo鈥. Por tanto, desde el fin de los tiempos hasta el fin del mundo, Cristo estar谩 con nosotros. 

Para los que dicen que es imposible que Dios viva en la tierra, les recuerdo que Dios padre se paseaba por el Jard铆n del Ed茅n junto con Ad谩n y Eva. Y que Yahv茅 y el Esp铆ritu Santo acompa帽aron a Israel por el desierto en forma de nube y de columna de fuego. Y que Dios habit贸 en el Arca de la Alianza hasta que la abandon贸 por la idolatr铆a de su pueblo y luego fue ocultada en el monte Nebo. 

G茅nesis 8, 22聽

鈥淢ientras la tierra permanezca, no cesar谩n la sementera y la siega, el fr铆o y el calor, el verano y el invierno, y el d铆a y la noche.鈥 

Jn. 10,16 

Un solo reba帽o con un solo pastor鈥 Algo que solo se podr谩 conseguir tras la Parus铆a, no antes.  

Mt. 5, 5 

Bienaventurados los mansos, porque ellos heredar谩n la tierra. Solo se hereda lo que muere. Y la segunda tierra o segundo mundo morir谩 por el fuego y ser谩 transfigurada en una nueva tierra y un nuevo cielo. El primer mundo dur贸 desde la Creaci贸n hasta el Diluvio. El segundo es en el que habitamos ahora: desde el Diluvio hasta el fin de los tiempos. Con la Parus铆a, tendremos el tercer mundo. Siempre el mismo, pero transformado. Ana Catalina Emmerick vio este tercer mundo o Reino en la tierra, transfigurada, sin monta帽as, toda plana, llena de r铆os y de bellezas. 

Isa铆as 2, 1-5 

鈥淟o que vio Isa铆as hijo de Amoz acerca de Jud谩 y de Jerusal茅n. Acontecer谩 en lo postrero de los tiempos, que ser谩 confirmado el monte de la casa de Yahv茅 como cabeza de los montes, y ser谩 exaltado sobre los collados, y correr谩n a 茅l todas las naciones. 鈥痀 vendr谩n muchos pueblos, y dir谩n: Venid, y subamos al monte de Yahv茅, a la casa del Dios de Jacob; y nos ense帽ar谩 sus caminos, y caminaremos por sus sendas. Porque de Sion saldr谩 la ley, y de Jerusal茅n la palabra de Yahv茅. Y juzgar谩 entre las naciones, y reprender谩 a muchos pueblos; y volver谩n sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces;鈥痭o alzar谩 espada naci贸n contra naci贸n, ni se adiestrar谩n m谩s para la guerra鈥. 

Mt. 26, 27-29 

鈥淵a no beber茅 m谩s de este vino hasta que lo beba con vosotros nuevo, en el reino de mi padre鈥.  

En el Cielo no hay vino, ni cosas materiales (salvo los cuerpos gloriosos), luego, por fuerza, se refiere al reino en la tierra. Y este vino es 鈥渘uevo鈥 porque la naturaleza estar谩 tambi茅n transfigurada, como el mismo San Ireneo dice haberle escuchado a San Juan Evangelista. Y los disc铆pulos beber谩n ese vino 鈥渘uevo鈥 con 茅l, porque resucitar铆an en su Parus铆a. Dice San Ireneo: 

鈥減rometi贸 beber del fruto de la vid con sus disc铆pulos, haciendo conocer las dos cosas: la heredad de la tierra donde se beber谩 el fruto nuevo de la vid y la resurrecci贸n corporal de los disc铆pulos (con los que beber谩 ese vino). Porque la carne, que resucitar谩 en una condici贸n nueva, ser谩 tambi茅n la misma, que tendr谩 parte en el c谩liz nuevo鈥 (Adversus Haereses, Tomo V, editorial Apostolado Mariano, Sevilla, 1994, p谩g. 119). 

Salmo 103, 30 

鈥溍塴 renovar谩 la faz de la tierra鈥 (Salmo 103, 30).  

Isa铆as 11, 6-8 

鈥淢orar谩 el lobo con el cordero, y el leopardo con el cabrito se acostar谩; el becerro y el le贸n y la bestia dom茅stica andar谩n juntos, y un ni帽o los pastorear谩. La vaca y la osa pacer谩n, sus cr铆as se echar谩n juntas; y el le贸n como el buey comer谩 paja. Y el ni帽o de pecho jugar谩 sobre la cueva del 谩spid, y el reci茅n destetado extender谩 su mano sobre la caverna de la v铆bora鈥. 

Demasiados detalles como para ser una mera alegor铆a, 驴no creen? 

Isa铆as 30, 26 

鈥淵 la luz de la luna ser谩 como la luz del sol, y la luz del sol siete veces mayor, como la luz de siete d铆as, el d铆a que vendare Yahv茅 la herida de su pueblo y curare la llaga que 茅l caus贸.鈥 

Daniel 7, 26-27 

鈥淧ero se sentar谩 el Juez, y le quitar谩n su dominio para que sea destruido y arruinado hasta el fin, y que el reino, y el dominio y la majestad de los reinos debajo de todo el cielosea dado al pueblo de los santos del Alt铆simo,鈥痗uyo reino es reino eterno,鈥痽 todos los dominios le servir谩n y obedecer谩n鈥.  

Como se ve, se dice que todo ser谩 鈥渂ajo el Cielo鈥, es decir, en la Tierra. 

Isa铆as 65, 17-25 

鈥淧orque he aqu铆 que yo crear茅 nuevos cielos y nueva tierra;鈥痽 de lo primero no habr谩 memoria, ni m谩s vendr谩 al pensamiento. Mas os gozar茅is y os alegrar茅is para siempre en las cosas que yo he creado; porque he aqu铆 que yo traigo a Jerusal茅n alegr铆a, y a su pueblo gozo. Y me alegrar茅 con Jerusal茅n, y me gozar茅 con mi pueblo; y nunca m谩s se oir谩n en ella voz de lloro, ni voz de clamor. No habr谩 m谩s all铆 ni帽o que muera de pocos d铆as, ni viejo que sus d铆as no cumpla; porque el ni帽o morir谩 de cien a帽os, y el pecador de cien a帽os ser谩 maldito. Edificar谩n casas, y morar谩n en ellas; plantar谩n vi帽as, y comer谩n el fruto de ellas. No edificar谩n para que otro habite, ni plantar谩n para que otro coma; porque seg煤n los d铆as de los 谩rboles ser谩n los d铆as de mi pueblo, y mis escogidos disfrutar谩n la obra de sus manos. No trabajar谩n en vano, ni dar谩n a luz para maldici贸n; porque son linaje de los benditos de Yahv茅, y sus descendientes con ellos. Y antes que clamen, responder茅 yo; mientras a煤n hablan, yo habr茅 o铆do. El lobo y el cordero ser谩n apacentados juntos, y el le贸n comer谩 paja como el buey; y el polvo ser谩 el alimento de la serpiente. No afligir谩n, ni har谩n mal en todo mi santo monte, dijo Yahv茅鈥.  

Aqu铆 incluso se da a entender que Cristo no estar谩 siempre presente en el Reino, pero que cuando alguien le llame, antes de que lo haga responder谩 脡l. 

Pero es un texto clar铆simo y contundente sobre la nueva tierra que crear谩 Dios tras la Parus铆a. 

Jn. 18, 36 

鈥減ero mi Reino no es ahora de aqu铆鈥 (nunc autem meum regnum non est hinc).  

Con esto, vemos c贸mo Cristo le contest贸 a Pilatos que su Reino no era a煤n (鈥渁hora鈥, dice) en la tierra, pero que lo ser铆a luego鈥 claro, tras su Parus铆a. 

Isa铆as 66, 22 

鈥淧orque como los cielos nuevos y la nueva tierra鈥痲ue yo hago permanecer谩n delante de m铆, dice Yahv茅, as铆 permanecer谩 vuestra descendencia y vuestro nombre.鈥 

Rom. 8, 19-21 

芦Con expectativa la creaci贸n espera la revelaci贸n de los hijos de Dios. Pues ella fue sometida a la vanidad, no por su voluntad, sino por aquel que la someti贸, en la esperanza de que la creaci贸n misma ser谩 liberada de servir a la corrupci贸n, para tener parte en la gloriosa libertad de los hijos de Dios禄. 

Esa revelaci贸n consistir谩 en que los que est茅n vivos durante la Parus铆a ser谩n transformados en cuerpos gloriosos. Y que los justos resucitar谩n, y tendr谩n tambi茅n cuerpos gloriosos. 

鈥淰oy a revelaros un misterio: no todos moriremos, pero todos seremos transformados: en un instante, en un abrir y cerrar de ojos鈥 
los muertos resucitar谩n con un cuerpo incorruptible y nosotros seremos transformados鈥(1 Cor. 15, 51-53)鈥. 

Dice San Ireneo, comentando este pasaje:  

鈥32,1. Mas algunos cambian de opini贸n, dej谩ndose arrastrar por las pr茅dicas de los herejes, e ignoran la Econom铆a de Dios y el misterio de la resurrecci贸n de los justos y del Reino, que es el preludio de la incorrupci贸n; Reino por el cual quienes fueren dignos poco a poco se acostumbrar谩n a captar a Dios. Por ello es preciso explicar acerca de este asunto, que, a la aparici贸n del Se帽or, los justos ser谩n los primeros en recibir la herencia que Dios prometi贸 a los padres, despertando en una condici贸n renovada de su ser, y con 茅l reinar谩n; el juicio universal vendr谩 en seguida. Pues justo es que reciban los frutos de sus dolores en la misma naturaleza en la que han laborado o padecido, y han sido probados con todo tipo de sufrimiento; que reciban la vida en la misma naturaleza en la que fueron asesinados por el amor de Dios; y que reinen con la misma naturaleza en la cual fueron sometidos como esclavos. Pues rico es el Se帽or en todos los bienes, y todas las cosas son suyas. Por eso conviene que la misma creaci贸n restaurada en su estado original, sirva sin impedimento a los justos鈥. 

Respecto a las cientos de citas que trae la Biblia sobre el Reino en la Tierra, renovada la faz de la tierra, dice San Ireneo: 

鈥淪i alguien no acepta estas cosas como referidas a los tiempos del Reino, caer谩 en infinidad de contradicciones y dificultades, tal como los jud铆os caen y se debaten鈥 La bendici贸n de que acabamos de hablar sin discusi贸n a los tiempos del reino: cuando reinen los justos despu茅s de haber resucitado de entre los muertos (y haber sido, por el hecho de esta misma resurrecci贸n, colmados de honor por Dios)鈥 (Adversus Haereses, 33,3)  

鈥淪i algunos pretenden entender estas frases s贸lo en alegor铆a, no podr谩n siquiera ponerse de acuerdo entre s铆. Las mismas expresiones sobre las que aleguen les convencer谩n鈥︹ (35,1) 

V. EL CREDO Y EL PADRE NUESTRO TAMBI脡N APOYAN EL REINO EN LA TIERRA 

  • Credo: 鈥溾reo en la vida del MUNDO futuro, am茅n鈥濃 Esta concreci贸n del Reino en el mundo futuro, transfigurado, se incluy贸 en el Concilio Nicenoconstantinopolitano, para acabar con la herej铆a de los que dec铆an que el Reino no ser铆a en la Tierra. 
  • Padre Nuestro: 鈥淰enga a nosotros tu Reino鈥濃 鈥淗谩gase tu voluntad, as铆 en la Tierra como en el Cielo鈥. El mismo Cristo nos dio esta oraci贸n.

VI. SI ESTA DOCTRINA ES TAN CLARA COMO PARECE Y TAN B脥BLICA Y APOST脫LICA, 驴POR QU脡 ENTONCES LA IGLESIA SE HA OLVIDADO DE ESTA DOCTRINA TRADICIONAL Y HA PREVALECIDO UNA FORZADA INTERPRETACI脫N ALEG脫RICA AL RESPECTO?

El problema se suscit贸 cuando Cerintos, un jud铆o muy pecador y de bajos instintos, convertido al cristianismo, de finales del s. I, cay贸 en la herej铆a de considerar que tras la primera resurrecci贸n (la de los justos con la Parus铆a de Cristo) los resucitados gozar铆an en la tierra de todo tipo de org铆as, banquetes, diversiones mundanas, teatros, comilonas, incluso con un har茅n entero para cada resucitado, como luego predic贸 Mahoma, por cierto, etc.  

Cerintos era contempor谩neo de San Juan, hasta el punto en que San Ireneo relata c贸mo Policarpo, disc铆pulo directo de San Juan, contaba c贸mo el evangelista no quiso ba帽arse en las mismas termas que Cerintos en 脡feso por miedo a que Dios hiciese caer el edificio sobre 茅l (Adversus Haereses, Tomo III, editorial Apostolado Mariano, Sevilla, 1994, p谩gs. 20-21). 

Todos los padres de la Iglesia de ese momento (Ireneo, Eusebio, San Epifanio, etc.) r谩pidamente desautorizaron a Cerintos, no por predicar una primera resurrecci贸n reservada a los justos (como dice la Biblia) ni tampoco por predicar el reinado de Cristo en la tierra tras su Parus铆a (apoyada por San Juan, sus disc铆pulos y la misma Biblia) sino por predicar un reinado carnal o quiliasmo, lleno de goces sensuales y bajos instintos, como eran los suyos.  

Y aqu铆 se produce la quiebra: ante el riesgo de que el milenarismo desviado de Cerintos contagiara a toda la Iglesia, o el milenarismo de los jud铆os, que no cre铆an en la divinidad de Cristo, sabiendo que gran parte de la Iglesia la integraban cristianos de origen jud铆o, San Jer贸nimo pidi贸 a San Agust铆n (quien tambi茅n, por supuesto, era milenarista) que comenzara a predicar una interpretaci贸n aleg贸rica del reinado de Cristo y de las dos resurrecciones, que es la que cambi贸 la doctrina tradicional de la Iglesia desde entonces hasta ahora.  

Seg煤n esa forzad铆sima interpretaci贸n, la primera resurrecci贸n con la Parus铆a se refiere al bautismo (pero, 驴c贸mo? Si no se ha producido a煤n la Parus铆a?鈥 El reino de Cristo es la vida de la Iglesia desde la ascensi贸n hasta ahora, con el demonio amarrado mil a帽os (驴De veras el demonio est谩 amarrado, cuando desde el a帽o 33 hasta ahora no han cesado las guerras, asesinatos, estupros, violencias, traiciones, herej铆as, cismas y dem谩s artes malignas?). 

Sin embargo, Agust铆n se mostr贸 contrariado por crear esa nueva interpretaci贸n, pues indica en su Comentario al Apocalipsis que es una mera opini贸n personal y que va contra la interpretaci贸n de los padres de la Iglesia. La enorme presi贸n que de San Jer贸nimo ejerci贸 sobre 茅l le torci贸 la mano, y el mismo prestigio suyo como doctor de la Iglesia hizo que, desde entonces, la Iglesia se olvidara de la que fue la interpretaci贸n aut茅ntica y correcta del Apocalipsis, por miedo a contagiarse del quiliasmo, olvidando la doctrina milenarista espiritual profesada por los ap贸stoles (que de seguro escucharon a Cristo al respecto) y el mismo San Juan y sus sucesores hasta entonces, con base en la Biblia. Y ello porque al desechar el milenarismo carnal de Cerintos San Agust铆n y la Iglesia posterior enterraron tambi茅n la sana doctrina del milenarismo original o espiritual, que fue la interpretaci贸n constante desde Cristo hasta el. S. V. Y as铆, dijo San Agust铆n: 

鈥渓a cual opini贸n ser铆a de alg煤n modo tolerable, si se creyera que en aquel reinado solamente gozar谩n los santos delicias espirituales por la presencia del Se帽or, pues yo tambi茅n pens茅 en otro tiempo lo mismo; pero afirmar que los que resuciten se entregar谩n a excesivas viandas carnales, y que es mayor de lo que puede creerse la abundancia y el modo de las bebidas y manjares, a esto no pueden dar ascenso sino los mismos hombres carnales, a quienes los espirituales llaman Quiliastas, nombre que trasladado literalmente del griego, significa Milenario鈥 (palabras de San Agust铆n en referencia al milenarismo espiritual o pr铆stino). 

Por eso hay que recordar que San Jer贸nimo tampoco reprobaba el milenarismo espiritual (隆驴qui茅n podr铆a hacerlo si era la doctrina de la Iglesia?!) y as铆 lo dice en el Cap. XIX de su Comentario a Jerem铆as, que lo deja todo en manos del Se帽or:  

Opini贸n que aunque no sigamos, con todo no podemos reprobar,鈥porque muchos varones eclesi谩sticos y m谩rtires la siguen, y cada uno abunda en su sentido, y todas estas cosas reservamos al juicio del Se帽or鈥. 

La interpretaci贸n aleg贸rica realizada por San Agust铆n en su libro XX es ciertamente desdichada, porque al hacerlo tiene que contradecir la interpretaci贸n literal de la Biblia y acaba elaborando una 鈥suma de sutilezas, juegos dial茅cticos y distorsiones (incluida una mutaci贸n del texto sacro) que necesita San Agust铆n para dar alg煤n sentido en este supuesto aleg贸rico a las palabras llanas del ap贸stol San Juan; y no sabr谩n que el mismo Agust铆n al final del Libro XX dice que la da como opini贸n personal y que 茅l no sabe si es la explicaci贸n definitiva, en el n煤mero 5 del cap铆tulo XXX; mientras muchos dellos buscan d谩rnosla como definitiva, e incluso de鈥fe;鈥de modo que el que no la tenga sea hereje鈥.鈥(FLORENTINO ALCA脩IZ y LEONARDO CASTELLANI, La Iglesia Patr铆stica y la Parus铆a, ed. Paulinas, Bs. As. 1962, p谩g. 332).鈥.  

San Agust铆n

El padre Florentino Alca帽iz, jesuita castellano de Cuenca se hizo amigo del padre Leonardo Castellani tras ser enviado a misiones a Buenos Aires y escribieron juntos ese excelente libro. Ambos fueron perseguidos y denostados por ello. El maestro de D. Florentino, el padre Jos茅 Rovira escrib铆a en la Enciclopedia Espasa Calpe, en la voz 鈥淧arus铆a鈥, que a煤n hoy puede leerse: 

鈥淓n este punto los milenaristas fund谩ndose en el Apocalipsis (XX, 1-9), admitieron despu茅s de la muerte del Anticristo un reino de Cristo y de los santos que hab铆a de durar mil a帽os. Pero los milenaristas eran de dos clases. El milenarismo her茅tico y judaizante,鈥 cuyo fundador fue Cerinto, de los que admit铆an un reino de Cristo terreno con placeres y deleites materiales y sensuales, o as铆 mismo un reino judaizante en el que se restablecer铆a la circuncisi贸n y los sacrificios, ritos y ceremonias de la ley mosaica. El otro milenarismo admit铆a un reino espiritual de Cristo y de los santos en la tierra que habr铆a de durar mil a帽os. Este otro milenarismo, aunque no fue universalmente admitido, estuvo con todo muy extendido en los primeros siglos de la Iglesia. Y as铆, milenaristas fueron san Pap铆as鈥, san Ireneo鈥, san Justino m谩rtir鈥, san Victorino m谩rtir鈥, san Metodio鈥, san Zen贸n鈥 y otros. Verdad es entonces que otros Santos Padres no admiten el milenarismo y aun positivamente lo rechazan y combaten, pero, en general, atacan y combaten el milenarismo terreno y carnal o el judaizante, m谩s no el de Ireneo y Pap铆as. (鈥) Dos cosas son tambi茅n dignas de notarse. La primera es que la Santa Iglesia nunca ha reprobado positivamente el milenarismo de los Santos Padres y m谩rtires de que habla san Jer贸nimo. La segunda: que los milenaristas m谩s antiguos como fueron Pap铆as e Ireneo, transmiten esta doctrina del reino milenario no puramente como fruto de sus interpretaciones escritur铆sticas, sino como ense帽anzas recibidas de los Ap贸stoles y de los varones apost贸licos鈥.(p谩gs. 440-441).  

M谩s claro agua鈥 驴Qui茅n podr谩  condenar entonces el milenarismo espiritual, seguido por los ap贸stoles, y, por tanto, escuchado a Cristo? 

VII. DE HECHO, FUERON LOS HEREJES LOS QUE NEGARON EL MILENARISMO ESPIRITUAL 

Luego del hereje Cerintos, otros muchos herejes de origen judaico predicaron de modo parecido que ese reino en la tierra de Cristo con los resucitados implicar铆a que los resucitados tendr铆an que someterse a la Ley de Mois茅s, a la circuncisi贸n y al resto de prescripciones jud铆as, dirigidos por rabinos y conquistando el mundo para su fe. De entre ellos cabe citar a Nepote, obispo africano (contra el que escribi贸 San Dionisio de Alejandr铆a, De Promosionibus) y Apolinar (contra el que escribi贸 San Epifanio, De Haeresi). 

Durante los primeros cinco siglos de la Iglesia los antimilenaristas espirituales fueron casi siempre herejes, rechazando el Reinado de Cristo en la tierra por no considerar a Cristo como Dios, de forma que no quer铆an verle reinar en la tierra de manera plena, recapitulando sobre s铆 todas las cosas:  

  • as铆, a combatir el milenarismo espiritual contribuy贸 el hecho de que Caio, un sacerdote romano de principios del s. III y Or铆genes (ambos herejes por no creer en la divinidad esencial del Verbo sino en su divinidad por participaci贸n) le atribuyeron el Apocalipsis a Cerintos. Y es por eso por lo que, desde San Agust铆n en adelante, la opini贸n de la Iglesia ha sido confundida pensando que no hab铆a m谩s milenarismo que el del hereje Cerintos, de forma que todo el milenarismo se entiende por her茅tico. Como se ve, por confundir la parte con el todo es por lo que a煤n muchos en la Iglesia consideran her茅tico, por ignorancia, todo milenarismo.  
  • Or铆genes fue el primer int茅rprete alegorista de la Biblia. Y ello porque se castr贸 a s铆 mismo por interpretar literalmente un pasaje que no deb铆a ser interpretado como tal sino que era una clara invitaci贸n al celibato sacerdotal (Mt.19,12); tras lo cual, arrepentido, comenz贸 a alegorizar toda la Escritura. 
  • Tambi茅n los aloguistas eran contrarios al milenarismo, porque al rechazar la divinidad del Verbo no quer铆an un reinado de Cristo Rey en la tierra. 
  • Otro hereje, Ticonio, donatista, para negar el Reinado de Cristo en la Tierra tras la Parus铆a consider贸 que el milenio era el per铆odo de tiempo de la vida de la Iglesia en el siglo. Opini贸n que recogi贸 nada menos que San Agust铆n para elaborar su forzad铆sima interpretaci贸n aleg贸rica de la Biblia, que es la que prevalece hoy, contradiciendo la literalidad de las Cartas de San Pablo, San Juan, San Pedro y el mismo Apocalipsis. 

VIII. SOBRE LA SUPUESTA CONDENA DEL SANTO OFICIO AL MILENARISMO 

La Suprema Sagrada Congregaci贸n del Santo Oficio por Decreto para Am茅rica hispana del 21 de julio de 1944 (Denzinger 3839) dijo que la doctrina 鈥渜ue ense帽a que antes del juicio final, con resurrecci贸n anterior de muchos muertos o sin ella, nuestro Se帽or Jesucristo vendr谩 visiblemente a esta tierra a reinar, no se puede ense帽ar con seguridad (tuto doceri non posse)鈥.  

Es decir, que puede ense帽arse como una interpretaci贸n posible. 

Pero en ning煤n momento la condena. Desaconseja ense帽arla no porque sea doctrina her茅tica (al contrario, como creo que hemos dejado claro, fue ense帽ada por los padres de la Iglesia por unanimidad, con apoyo completo en la Escritura) sino porque la mayor铆a de los fieles no distinguir铆an entre el milenarismo craso o her茅tico y el milenarismo espiritual y podr铆an contagiarse del primero.   

Este Decreto se dirigi贸 contra un libro escrito por el sacerdote Manuel Lacunza y D铆az, a favor del milenarismo espiritual, bajo pseud贸nimo judaico (Juan Josafat Ben-Erza), en 1810, titulado 鈥淰enida del Mes铆as en Gloria y Majestad鈥, puesto en el 脥ndice por el Santo Oficio el 6 de septiembre de 1824, pero no porque lo que ense帽ara fuera her茅tico (se limitaba, como nosotros ahora, a recordar c贸mo San Juan, los ap贸stoles, los santos padres y la Biblia confirman esa interpretaci贸n de la Parus铆a y del Reino de Cristo) sino porque al leerlo muchos podr铆an confundir el milenarismo espiritual con el craso o quiliasmo. 

Don Marcelino Men茅ndez y Pelayo, gloria de las letras espa帽olas, dej贸 esto muy en claro al decir:鈥 

Don Marcelino Men茅ndez y Pelayo

鈥淟a obra, desde 1924, fue incluida en el 脥ndice de Roma, raz贸n bastante para que quedara con nota y sospecha de error. Pero no todo libro prohibido es her茅tico; y al ver que notables y ortodox铆simos te贸logos ponen sobre su cabeza el libro del P. Lacunza, como sagaz y penetrante expositor de las Escrituras, por m谩s que no consideren 煤til su lecci贸n a todo el linaje de gente, oc煤rrese desde luego esta pregunta: 驴Fue condenada La Venida del Mes铆as por su doctrina milenarista, o por alguna otra cuesti贸n secundaria?鈥.鈥(Historia de los Heterodoxos Espa帽oles, ed. BAC, Madrid 1967, T. II, p.668).) 

Evidentemente don Marcelino deja en claro que no pudo ser por la doctrina milenarista, ya que como se帽ala es opinable y no condenable como los antimilenaristas quieren hacerla ver para condenarla:鈥 

鈥淧ero todos sabemos que la cuesti贸n del milenarismo (del espiritual se entiende) es opinable y aunque la opini贸n del Reino temporal de Jesucristo en la tierra tenga contra s铆 casi todos los padres, te贸logos y expositores desde fines del siglo V en adelante, comenzando por San Agust铆n y San Jer贸nimo, tambi茅n es verdad que otros Padres m谩s antiguos la profesaron y que la Iglesia nada ha definido, pudiendo tacharse a lo sumo, de inusitada y peregrina la tesis que con grande aparato de erudici贸n b铆blica y no con poca sutileza de ingenio quieren sacar a salvo el P. Lacunza. Ni ha de tenerse por herej铆a el afirmar, como 茅l lo hace, que Jesucristo ha de venir en gloria y majestad, no s贸lo a juzgar a los hombres, sino a reinar por mil a帽os sobre sus justos en el mundo renovado y purificado, que ser谩 como un traslado de la celestial Sion. Otras debieron ser, pues, las causas de la prohibici贸n del libro鈥鈥.鈥(Ib铆dem, p.668-669). 

La de su pseud贸nimo judaico bien pudiera ser la causa real. 

Volviendo al Decreto鈥 脡ste desaconseja ense帽ar como seguro que Cristo reinar铆a en la tierra 鈥渧isiblemente鈥. Pero, para el milenarismo espiritual no es condici贸n que Cristo tenga que reinar visiblemente. Es m谩s, Cristo podr铆a reinar desde su Eucarist铆a luego de su Parus铆a o aparecerse y desaparecer como hizo en la tierra los 40 d铆as que estuvo tras su Resurrecci贸n. En nada, pues, afecta ese Decreto a la ense帽anza del milenarismo original. Se trata de un consejo disciplinar, no doctrinal, pues ni siquiera el Santo Oficio (hoy Congregaci贸n para la Doctrina de la fe) pod铆a condenar el reinado visible de Cristo en la tierra, que fue profesado incluso por grandes te贸logos de la Iglesia. M谩s a煤n el reinado espiritual o no visible. 

La Iglesia nunca ha definido dogm谩ticamente esta materia, por lo que cualquier cat贸lico puede escoger entre el milenarismo espiritual o el aleg贸rico. Aunque nosotros, por todo lo que llevamos dicho y probado apoyamos el primero, por ser doctrina tradicional, b铆blica y apost贸lica. 

Para los que se muestran favorables a la interpretaci贸n aleg贸rica, recordemos que la Pontificia Comisi贸n B铆blica ha condenado en su Decreto del 20-VIII-1941 los abusos del alegorismo, ratificando una vez m谩s la llamada 鈥渞egla de oro鈥, seg煤n la cual de la interpretaci贸n aleg贸rica no se pueden sacar argumentos. 

IX. EL CATECISMO NO CONDENA EL MILENARISMO ESPIRITUAL SINO EL TRIUNFO DE LA IGLESIA SIN LA PREVIA PARUS脥A 

En sus numerales 676 y 677 la Iglesia no condena el milenarismo espiritual (隆隆nunca podr铆a hacerlo!!) sino la herej铆a de los que dicen que el Reino de Cristo se鈥痯uede conseguir en esta Tierra por las puras fuerzas del hombre o de la Iglesia, esto es, sin que medie la previa Parus铆a de Cristo.  

鈥淓sta impostura del Anticristo aparece esbozada ya en el mundo cada vez que se pretende llevar a cabo la esperanza mesi谩nica en la historia, lo cual no puede alcanzarse sino m谩s all谩 del tiempo hist贸rico a trav茅s del juicio escatol贸gico鈥 

Lo extra帽o es que despu茅s de esta condena de los milenarismos sin Parus铆a aparezca a continuaci贸n en ese numeral una frase que no guarda relaci贸n con ella, donde expresa que la Iglesia 鈥渞echaza鈥 el milenarismo mitigado (por cierto, no la rechaza, sino que dice que no se puede ense帽ar con seguridad): 

鈥溾 incluso en su forma mitigada, la Iglesia ha rechazado esta falsificaci贸n del Reino futuro con el nombre de milenarismo (cf. DS 3839), sobre todo bajo la forma pol铆tica de un mesianismo secularizado, 芦intr铆nsecamente perverso禄 (cf. P铆o XI, carta enc.鈥Divini Redemptoris, condenando 芦los errores presentados bajo un falso sentido m铆stico禄 芦de esta especie de falseada redenci贸n de los m谩s humildes禄;鈥GS鈥20-21)鈥. 

驴Por qu茅 se une en ese numeral el just铆simo rechazo del mesianismo comunista con el milenarismo mitigado, us谩ndola expresi贸n 鈥渟obre todo鈥, como si la consecuencia de ese milenarismo mitigado fuera el comunismo? Realmente es incomprensible. Ciertamente el comunismo es un milenarismo carnal, pero es a煤n m谩s reprobable que el milenarismo craso o quiliasmo porque para los comunistas Dios no existe y ese triunfo de las clases obreras y posterior dictadura del proletariado se da, en su perversa doctrina, sin Parus铆a, evidentemente, sino por las fuerzas (anticr铆sticas) del hombre. Y el Catecismo hace vienen condenarlo.  

En esa condena podemos meter tambi茅n al juda铆smo y al Islam, pues ambos esperan su triunfo en la tierra sobre las dem谩s razas, naciones y religiones, sin Parus铆a.  

Pero, 驴por qu茅 mete en ese argumento el rechazo de la Iglesia al milenarismo mitigado? 驴Y por qu茅 parece unir los dos como g茅nero-especie, siendo completamente distintos? 驴No ser谩 porque aqu铆 el Catecismo confunde ese milenarismo mitigado con un reino del hombre en la tierra sin Parus铆a? Me da esa impresi贸n porque no tiene explicaci贸n unir ambas cosas, pues en el comunismo reina el hombre y en el milenarismo mitigado reina Cristo y nada tienen que ver uno con el otro. 

De todas formas, como dijimos arriba, el milenarismo espiritual no es exactamente lo mismo que el milenarismo mitigado, pues 茅ste exige que Cristo reine visiblemente en la Tierra, algo que no es condici贸n necesaria en el milenarismo espiritual. De hecho, es m谩s propio del milenarismo espiritual pensar que Cristo reinar谩 en la tierra, tras su Parus铆a, corporalmente (corporaliter), esto es, desde su Eucarist铆a y no necesariamente de forma visible (visibiliter).  

Pero, es m谩s, como dijimos arriba, incluso la doctrina de los que profesen que Cristo ha de reinar visiblemente, en persona, en la tierra, no es condenada por el Decreto sino que lo que se dice es que no debe ense帽arse como segura, no porque sea doctrina insegura (que no lo es, pues muchos padres de la Iglesia la profesaron) sino porque las sutilezas de distinguir entre el milenarismo original o sano o espiritual y el craso o quiliasmo no est谩n al alcance de todos los fieles y eso podr铆a confundirles m谩s que ayudarles.  

Queda as铆 intacto el milenarismo espiritual por el consejo que da este Decreto del Santo Oficio y a lo m谩s, se previene que no se ense帽e como seguro que Cristo reinar谩 visiblemente en la tierra, prefiri茅ndose que esta doctrina quede  reservada a los expertos y te贸logos. 

El numeral 677鈥痸uelve a condenar el Reino sin Parus铆a, como profesan y ense帽an comunistas, socialistas y liberales ateos: 

鈥淓l Reino no se realizar谩, por tanto, mediante un triunfo hist贸rico de la Iglesia (cf.鈥Ap.鈥13, 8) en forma de un proceso creciente, sino por una victoria de Dios sobre el 煤ltimo desencadenamiento del mal (cf.鈥Ap20, 7-10) que har谩 descender desde el cielo a su Esposa (cf.鈥Ap.鈥21, 2-4).  

De hecho, el Catecismo cita aqu铆 la bajada de la Jerusal茅n celestial a la Tierra, desde el Cielo, dejando abierta la interpretaci贸n del Reino en la tierra. Quien quiera entender, que entienda.  


Y en otro n煤mero, el Catecismo dice que el Reino de Dios, aunque est谩 presente en la Iglesia, debe tener su complitud a煤n, dejando abierta la puerta a la interpretaci贸n tradicional: 

芦El Reino de Cristo, presente ya en su Iglesia, sin embargo no est谩 todav铆a acabado con gran poder y gloria, con el advenimiento del Rey a la Tierra禄 (671). 

M谩s no pod铆a decir el Catecismo. 

Acabamos con una cita de un autor muy admirado nuestro. El padre Benjam铆n Mart铆n S谩nchez, uno de los mayores ex茅getas en castellano del s. XXI, Rector del Seminario Mayor de Zamora y can贸nigo de la Catedral de Zamora, doctor en teolog铆a y autor de innumerables libros, nos da una idea de lo que es el Milenio, seg煤n las Escrituras:鈥 

鈥淵o creo firmemente (despu茅s de un detenido estudio de la Biblia) en un milenarismo en la tierra (y si a alguno no le agrada la palabra 鈥榤ilenarismo鈥, d铆gase 鈥樏﹑oca maravillosa de paz鈥 de mil o miles de a帽os), que tendr谩 lugar despu茅s de la muerte del Anticristo y a ra铆z del juicio universal de naciones y a ello contribuir谩 el estar encadenado o reprimida la acci贸n de Satan谩s. Entonces los jud铆os convertidos usufructuar谩n su conversi贸n, se multiplicar谩 la fe, tendr谩 un triunfo definitivo la Iglesia de Cristo y se cumplir谩 la profec铆a 鈥榰n solo reba帽o bajo un solo pastor鈥欌︹.鈥(Nuevo Testamento Explicado, ed. Apostolado Mariano, Sevilla 1988, p. 427). 

Melania Calvat, vidente de La Salette.

Y Melania Calvat, la vidente de La Salette, dijo:  

芦Es un gran error querer hacer que el fin del mundo coincida con el fin del Anticristo. Despu茅s de la ca铆da temporal o f铆sica del Anticristo, la Iglesia prosperar谩, m谩s resplandeciente que nunca. Todos los jud铆os que han permanecido vivos abrazar谩n la Fe; todos los cristianos que hayan permanecido vivos ser谩n renovados en una fe viva; no habr谩 fuera de la Iglesia Cat贸lica ninguna otra religi贸n o secta, y la m谩s bella, la paz m谩s universal reinar谩 por siglos; despu茅s de lo cual la Fe volver谩 a descansar鈥 鈥 (Document, Pour Servir l鈥橦istoire R茅elle de La Salette, Lettres de M茅lanie, Berg猫re de la Salette, au Chanoine de Brand Carta n掳 450). 

CONCLUSIONES 

  1. El milenarismo espiritual es la doctrina tradicional de la Iglesia sobre c贸mo entender el Reino de Cristo, tras su Parus铆a.
  2.  Esta doctrina fue sostenida por los ap贸stoles y por los que fueron testigos de la vida mortal de Cristo. 
  3. Esta doctrina fue sostenida tambi茅n por San Juan, evangelista y apocaleta. 
  4. Esta doctrina fue sostenida por los disc铆pulos de San Juan. 
  5. Esta doctrina fue sostenida por la casi unanimidad de los padres de la Iglesia durante los primeros cinco siglos de historia.
  6. Esta doctrina est谩 en el Padrenuestro que Cristo mismo nos ense帽贸 a rezar y qued贸 tambi茅n positivada en el Credo nicenoconstantinopolitano. 
  7. Esta doctrina es la que sostiene literalmente la Biblia en las Cartas de San Pablo, San Juan, San Pedro, Apocalipsis, Evangelios y los profetas (Isa铆as, Jerem铆as, Daniel, etc.)
  8. Hay dos milenarismos: el correcto o espiritual, del que venimos hablando, y el incorrecto o carnal-craso-quili谩stico, sostenido por los herejes judaizantes Cerintos, Nepote, Apolinar, etc., que s铆 ha sido condenado y es her茅tico. 
  9. Para evitar que la herej铆a del milenarismo craso contagiara de juda铆smo a la joven Iglesia (muchos de cuyos integrantes eran cristianos de origen jud铆o), San Jer贸nimo le pidi贸 a San Agust铆n (que tambi茅n era milenarista espiritual) que creara una interpretaci贸n nueva distinta de la tradicional, porque muchos cristianos corr铆an el riesgo de confundir el milenarismo espiritual con el craso. As铆 lo hizo San Agust铆n, pero dejando claro que esa interpretaci贸n aleg贸rica nueva que acababa de crear era una opini贸n personal suya y que no podr铆a nunca derogar la interpretaci贸n literal de la Biblia, sostenida por los padres de la Iglesia y los ap贸stoles. 
  10. Pero el prestigio de San Agust铆n motiv贸 que, progresivamente, la Iglesia se fuera olvidando de la que hab铆a sido la interpretaci贸n tradicional del reinado de Cristo tras la Parus铆a. Con ese olvido, mucha gente no versada en teolog铆a ni en patr铆stica ni en escritur铆stica ha cre铆do que la interpretaci贸n aleg贸rica de San Agust铆n supon铆a la condena de toda forma de milenarismo, incluido el espiritual. Tanto es as铆 que muchos fieles cat贸licos, todav铆a hoy, atacan sin misericordia el milenarismo espiritual, por ignorancia y consideran que es her茅tico. 
  11. La Iglesia siempre ha tenido miedo de que los fieles se infecten de la herej铆a del milenarismo craso. Por eso, en un Decreto del Santo Oficio para Am茅rica hispana del 21 de julio de 1944 (Denzinger 3839) aconseja desde el punto de vista disciplinar (no magisterial) que no se ense帽e como segura la doctrina que dice que Cristo, tras su Parus铆a, reinar谩 visiblemente en la tierra (lo que se conoce como milenarismo mitigado). Este Decreto, pues, no desaconseja el milenarismo espiritual basado en el reinado corporal de Cristo en la tierra tras su Parus铆a, que escapa de su 谩mbito objetivo. Y tampoco condena el mileniarismo mitigado pues no se mueve en el plano de la condena magisterial ni dogm谩tica (ni podr铆a hacerlo), sino solo en el plano disciplinar, dirigi茅ndose pues a te贸logos, sacerdotes  y profesores de seminarios. Solo en referencia a 茅ste 煤ltimo (el mitigado) dice que no se debe ense帽ar como seguro, para no confundir a los fieles, que no saben distinguir las diferencias entre el milenarismo her茅tico o craso y el espiritual o milenarismo pr铆stino.  
  12. El milenarismo espiritual NUNCA fue her茅tico, NUNCA fue condenado ni NUNCA podr谩 serlo, porque, no nos cansaremos de decirlo, fue sostenido por la Biblia, ap贸stoles y padres de la Iglesia. S贸lo es her茅tico el milenarismo carnal. 
  13. La Iglesia no ha definido como dogma nada de lo relativo al Reino de Cristo tras su Parus铆a. Caben, pues, legal y leg铆timamente, que cada cat贸lico pueda optar por la interpretaci贸n aleg贸rica o por la literal de la Biblia en estos asuntos. Pero es deber grave recordarle a los fieles (茅sa ha sido nuestra intenci贸n con este art铆culo) que el milenarismo espiritual es mantenido en la Biblia, lo explicit贸 Cristo en sus predicaciones, y fue apoyado por los evangelistas, los ap贸stoles, San Juan y los padres de la Iglesia, y que nunca ha sido derogado ni podr谩 serlo jam谩s. 

Mar铆a Sant铆sima nos guarde y nos preserve de todo error. San Jos茅 bendito, patriarca de la Iglesia nos acompa帽e. AM脡N. 

Como Vara de Almendro

Llamado a la Iglesia Cat贸lica para aceptar la Nueva Era de Paz en la Tierra

Mensaje del Libro de la Verdad 馃徆

23 de febrero del 2012

Soy Dios Padre Todopoderoso, Creador de todas las cosas, Dios Alt铆simo.

Hija M铆a, es importante que aquellos que siguen las ense帽anzas de la Iglesia Cat贸lica Romana, acepten el milenio como fue prometido a todos Mis hijos.

Las palabras contenidas en Mi Libro Sagrado, la Santa Biblia, no mienten.

Mi promesa est谩 contenida en los Hechos de los Ap贸stoles.

A Juan, el Evangelista, tambi茅n le fue dicho, acerca del glorioso retorno de Mi amado Hijo, cuando reine en la Nueva Era de Paz por 1,000 a帽os.

驴Por qu茅 aquellos que declaran entender Mi Sagrada Palabra reh煤san a aceptar parte de ella pero no lo otro?

Para aquellos siervos sagrados M铆os, les digo ahora que abran el Libro de la Verdad.

Tienen el deber de proclamar la verdad.

No deben escuchar a aquellos entre sus filas que tuercen la verdad en relaci贸n a la Nueva Era de Paz en la Tierra.

驴Qu茅 motiva a sus hermanos dentro de Mi Iglesia Cat贸lica Romana quienes niegan la verdad?

Ustedes han confundido a Mis hijos.

Por su lealtad a la 煤nica y verdadera Iglesia, la Iglesia Cat贸lica Romana, Ustedes les est谩n negando a ellos la oportunidad de preparar sus almas para el Reino de Mi Hijo en el Nuevo Para铆so en la Tierra.

Su deber es el de informar a Mis hijos la verdad.

A Mis hijos, ustedes no deben negar nunca la verdad contenida en la Sagrada Biblia, que contiene la verdadera Palabra.

Ustedes, hijos M铆os, deben aceptar la promesa hecha por Mi Hijo despu茅s de Su Gloriosa Resurrecci贸n de la muerte.

El dijo que el vendr铆a de nuevo.

Esta vez, la Segunda Venida de Mi amado Hijo a la tierra, se est谩 acercando.

Si ustedes creen en las promesas hechas por Mi Hijo, entonces sabr谩n lo que significa, lo que El quiso decir.

Cuando El venga otra vez, el vendr谩 a gobernar y a tomar Su derecho al trono en el Nuevo Para铆so que He creado para todos ustedes en la Tierra.

Nunca duden de las Palabras de los Divinos labios de Mi amado Hijo, Jesucristo.

Sepan que Yo, su amado Padre, quiero que todos ustedes se unan como una sola familia con Mi Hijo en el Para铆so.

Acepten la verdad. No la tuerzan, ni la ajusten para adaptarse a su interpretaci贸n err贸nea de la verdad.

Yo soy la verdad.

Ustedes no pueden cambiarme o cambiar lo que Yo soy.

La verdad les har谩 libres.

Vuestro amado Padre,

Dios Alt铆simo

Leer m谩s: https://www.elgranaviso-mensajes.com/news/a23-feb-2012-dios-padre-llamado-a-la-iglesia-catolica-para-aceptar-la-nueva-era-de-paz-en-la-tierra/

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