¿Debería pedir perdón por los pinchazos el ‘Papa’? —Dr. De Benito

Crece la sospecha de relación entre esos pinchazos y la sobremortalidad no explicada. Reconocer que se ha actuado de espaldas al verdadero servicio público es el primer paso para llegar a una sociedad que crea en la capacidad de los seres humanos de tener un comportamiento ético.

…Las asociaciones de afectados por las inoculaciones empiezan a recabar las noticias que alentaban a la administración masiva e indiscriminada de estos productos sobre los que cada vez queda más clara su falta de necesidad, su ineficacia para inmunizar y los efectos secundarios de los que no advirtieron a los que ponían su hombro con confianza, ignorancia, o temor. Sin olas de calor ni viruelas de mono, coitos y siestas, crece la sospecha de relación entre esos pinchazos y la sobremortalidad no explicada que vemos crecer mes a mes. Durante estos dos años se ha señalado como culpables de las «olas» a quienes rehusaban ponerse los pinchazos, desde tertulianos y periodistas hasta el propio Javier Solana, que de muertes sabe un rato. Y el tiempo ha revelado que el sistema inmunológico es más robusto en este proceso cuando no se meten inyecciones innecesarias.

¿Deberían disculparse los colegios de médicos por montar vacunódromos para administración indiscriminada de estos productos? ¿Acaso tienen recogida la historia de los pacientes que se inocularon y si fueron debidamente informados, como exige la deontología médica? ¿Deberían disculparse las universidades y facultades de medicina por no enseñar a sus alumnos a discriminar conforme a un criterio científico que no supieron ni quisieron darles? ¿Debería pedir perdón al Supremo el ‘Papa’ por denominar a esta aberración pseudosanitaria «acto de caridad»? Y los mandos de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad ¿cómo van a explicar a sus subordinados la presión para que se inoculasen algo que de nada les ha protegido y que está provocando cada vez más bajas y secuelas? Y los jueces que sentenciaron la vacunación de menores e incapacitados ¿les queda duda de su fallo? ¿Acaso queda alguien sensato entre pinchados y no pinchados con dudas de que estas medidas no han tenido ni tienen fundamento médico, sanitario y que sólo han traído división, odio, separación, enfermedad y muerte?

Los primeros en darse cuenta de que no había magnitud de afectación suficiente fueron los matemáticos, estadísticos, los que saben de números: las cuentas no cuadran para declarar una alarma sanitaria, una pandemia. Muchos venían a la consulta escandalizados: «¿Y con esta birria de datos, con una letalidad del 2 por mil, determináis un pinchazo experimental para todo el mundo?». Y con el correr de los meses, el hecho aún más palmario: a más gente vacunada de COVID, más muertos por COVID… ¿Pues de qué está protegiendo la vacuna? ¿O es la vacuna la que te hace enfermar y morir? Pero ¿acaso no es esto lo que indicaban que iban a conseguir las vacunas quienes las promovían?

Ahora nos enfrentamos a la verdadera magnitud del problema porque la población está mayoritariamente inoculada, sanitarios y no sanitarios, con lo que los frutos de lo sembrado no tardarán en aparecer, ya están brotando. Algunos llegan a los hospitales. Otros directamente a caja, pregunten en las funerarias. Busque, antes que se lo impidan, quién le dijo a usted que debía pincharse, que era obligatorio para su trabajo o para esas prácticas, cursos o viajes, que era seguro, que si no lo hacía mataba a alguien, que hasta que no se pinchase todo el mundo esto no acabaría, que no había otro modo de acabar con la pandemia, que le iba a «inmunizar» y que era imprescindible para ser solidario. Busque los escritos y recuerde, antes que anulen su memoria, dónde arranca el origen de su pérdida de libertad. Fue su decisión, pero ¿qué necesidad había?

El cinismo, la cobardía ha sido puesta de relieve por la realidad que vivimos y es el origen de nuestra verdadera decadencia. El problema es de índole ética y afecta a todas las profesiones, no solo a la medicina. Reconocer que se ha actuado de espaldas al verdadero servicio público es el primer paso para llegar a una sociedad que crea en la capacidad de los seres humanos de tener un comportamiento ético. Estoy convencido que lo que sobreviva serán personas que habrán superado una grave crisis moral.

El Correo de España

Para ser perdonados, tenéis que pedir perdón

Mensaje del Libro de la Verdad 🏹

21 de diciembre de 2011

Soy Yo.

Esta noche vengo a ofrecer consuelo a los pecadores que creen que no son dignos de estar delante de Mí.

Les llamo a aquellos de vosotros, pobres almas torturadas, que creéis que vuestros pecados son tan repulsivos, que Yo no se los podría perdonar. Cuán equivocados estáis.

¿No sabéis que no hay ningún pecado que Yo no pueda perdonar? ¿Por qué estáis tan temerosos?

¿No sabéis que incluso el pecado gravísimo del asesinato puede ser perdonado? Todos los pecados pueden ser y serán perdonados si verdaderamente mostráis verdadero remordimiento.

Estoy esperando. Abridme vuestros corazones. Confiad en Mí Soy probablemente el único amigo verdadero que tenéis, a quien le podéis decir cualquier cosa y no me sorprenderá.

El pecado es un hecho de la vida. Muy pocas almas, incluyendo a las almas escogidas, pueden permanecer en estado de gracia, durante algún período de tiempo.

Nunca sintáis que no podéis confesar vuestros pecados, independientemente de cuán serios puedan ser.

Si me tenéis miedo y continuáis volviéndome la espalda, os distanciaréis de Mí incluso más.

Muchos de Mis hijos, no se sienten dignos de Mi amor. Sin embargo, Yo amo a todos, incluyendo a los pecadores endurecidos. No apruebo el pecado. Nunca haría eso. Pero amo al pecador.

Fue por el pecado, que fui enviado al mundo como Salvador, para que así vosotros pudiérais ser perdonados.

Para ser perdonados, tenéis que pedir perdón. Cuando busquéis perdón, debéis primero ser humildes, porque sin humildad no hay verdadero remordimiento.

Yo, vuestro Salvador, suplico que os detengáis y reflexionéis acerca de cómo vivís vuestra vida. Vosotros incluso amáis a Dios por sus buenas obras y amáis al prójimo ¿o no?

No tenéis que conocerme para amarme, hijos. Por vuestras obras, vuestro amor del uno hacia el otro, la bondad y la generosidad que mostráis a otros, es como me demostráis vuestro amor por Mí, sin daros cuenta.

Será también por vuestra humildad de corazón, que mostráis verdadero remordimiento por todas las cosas equivocadas en vuestra vida, que demostraréis también vuestro amor por Mí.

¿De qué otra manera pensáis que podéis estar más cerca de Mi Corazón?

Nunca debéis estar temerosos de aproximaros a Mí. Nunca estoy lejos.

Venid a Mí ahora, para que pueda alimentar vuestra alma y daros la paz que anheláis. 

Vuestro Amado Jesús

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