¿Nació Jesús un 25 de diciembre?

A menudo oirás decir que Jesús no nació el 25 de diciembre, que probablemente nació en primavera, y que la Navidad es en realidad una fiesta pagana cristianizada.

Aquí está la verdad: la Iglesia primitiva celebró la Navidad el 25 de diciembre porque ese fue el día en que pensaron que nació Jesús.

Tenían dos argumentos para esta fecha.

En primer lugar, creían que Jesús fue crucificado el 25 de marzo (dado que normalmente en esa fecha cae la Pascua), y había una tradición de que Jesús murió el mismo día en que entró por primera vez al mundo (su concepción). Nueve meses después del 25 de marzo es el 25 de diciembre.

En segundo lugar, y lo más importante, la Escritura proporciona una fuerte evidencia de que el 25 de diciembre, o una fecha cercana, es cuando nació Jesús.

El Evangelio de Lucas nos dice que el ángel Gabriel le reveló a Zacarías que su esposa Isabel concebiría a Juan el Bautista, cuando Zacarías estaba desempeñando sus deberes sacerdotales en el Día de la Expiación, también conocido como Yom Kippur. Ese día sagrado judío siempre cae a fines de septiembre o principios de octubre.
Lucas también nos dice que, después de que Gabriel anunciara a María que Ella concebiría a Jesús, se apresuró a visitar a Isabel, y que Isabel estaba en el sexto mes de su embarazo.
Ahora haz las cuentas: si Isabel concibió a fines de septiembre y María la visitó en su sexto mes, eso significa que María concibió a Jesús y visitó a Elizabeth a fines de marzo. Y si María concibió a Jesús a fines de marzo, eso ubica Su nacimento a fines de diciembre.

¡Así que es muy posible que la iglesia primitiva tuviera razón, y el 25 de diciembre realmente es el cumpleaños de Jesús!

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Durante toda Mi infancia, Yo sabía Quién era

Mensaje del Libro de la Verdad 🏹

12 de diciembre de 2013

Ya que el tiempo para Mi Cumpleaños se acerca, deseo que todos los Cristianos de todas partes consideren en el porqué de Mi Nacimiento.

Mi Nacimiento fue planeado por Mi Padre por Su Gran Misericordia y Su extraordinario Amor por Sus hijos. Su mayor sacrificio fue enviar a Su único Hijo, engendrado por Él, a un mundo ingrato, lleno de pecadores, que no quisieron conocerle en Sus Términos. Cada Intervención, a través de los profetas, se hizo para tratar de convertir sus corazones endurecidos para que buscaran la Gloria de Él. Pero se volvieron contra Él y mataron a los profetas, que los alimentaron con el Alimento para sus almas.

Al enviar a un niño inocente, Su único Hijo, al mundo, Él se colocó a Sí mismo como un humilde servidor de carne humana, ante aquellos que se suponían servir a su Maestro. El Maestro, por lo tanto, se convirtió en el Servidor lo que fue la mayor forma de Humildad. Apesar de todo, Él amaba tanto a Sus hijos, que estaba dispuesto a hacer cualquier cosa para ganarlos de vuelta, del engaño y tentación de Satanás.

Durante toda Mi infancia Yo sabía Quién era y qué era lo que se esperaba de Mí. También estaba muy asustado y abrumado por saber Quién Yo era y lo que se esperaba de Mí. Porque era humano, sufrí de miedo. Fui herido fácilmente. Amé a todos los que entraron en contacto Conmigo y confié en todos porque los amaba. Yo no sabía que me matarían, porque pensé que Mi Reino había llegado. Había ciertas cosas que Mi Padre no me decía, Quien no se comunicaba Conmigo, como ustedes piensan. En cambio, recibí una ciencia infusa, cuando Mi Padre lo decidió, en la tarea asignada a Mí, con el fin de traer la salvación a todos.

Cada tipo de Intervención Divina se hizo para ganarse a las almas de aquellos que creían saber las Leyes de Mi Padre, pero que las retorcieron para satisfacer sus propios deseos y egos.

Dediqué muchos años viviendo con Mi amada Madre y padre, San José, al igual que cualquier familia. Los amé muchísimo y fuí feliz. Éramos muy unidos y Mi Madre estaba dotada de Gracias especiales dadas a ella por el Poder del Espíritu Santo. Esto significaba que ella sabía exactamente en qué consistía Mi Misión. Ella sabía de las dificultades que tendría que enfrentar. El rechazo. El ridículo. Pero tampoco ella sabía que Yo sería asesinado.

Fue después de los dos primeros años en Mi Misión, habiendo dedicado veinte horas al día predicando la Verdad, que me di cuenta de que la oposición había aumentado. Todos los que escucharon Mi Palabra estaban atentos a ella, incluso cuando no podían comprender exactamente lo que Yo les estaba tratando de decir. Muchos, que aceptaron que lo que Yo les dije era la Verdad, encontraron difícil seguirme debido al ridículo con que se enfrentaban. De cualquier manera, Mis enemigos no podían ignorarme. Yo era el tema de muchos debates, mucha discusión y mucha fricción.

Propagaron terribles mentiras sobre Mí, incluyendo Mi Moral, Mi Santidad y Mis Intenciones -y, sin embargo, no podían ignorar lo que hice, lo que dije y lo que Yo les dije sobre el Reino de Mi Padre.

Fui traicionado por los que me amaban, pues les faltó el coraje para seguirme.

Por la Gracia de Mi Padre, sufrí todo este Dolor, hasta que me quedó claro a lo que equivaldría finalmente. Supe, entonces, que ellos no me aceptarían. Supe la Verdad, respecto al final, pero también sabía que Yo no podía darme por vencido. Y de esta manera, a través del mayor acto de Humildad, Dios, a través de Su Único Hijo, se convirtió en Víctima y así permitió al hombre infligir sobre Él un sufrimiento terrible, flagelación y muerte violenta. Este acto, aparentemente cobarde por Mí parte, así como visto a los ojos de Satanás, significó que él dudara de que Yo Era, de hecho, el Hijo del hombre. Y de esta manera fue engañado. Satanás, por lo tanto, no podía contrarrestar este Gran Acto de Humildad, pues no había nadie a quién tentar. Cuando fui a Mi muerte, una víctima voluntaria y silenciosa, lleno de amor por la humanidad, él, Satanás, no podía competir con este hecho, ya que él no posee ninguna clase de humildad. Así que, fui voluntariamente y con un ardiente deseo de salvar almas y dejarle al mundo el legado de la Vida Eterna. Mi Reino se mantuvo sin embargo, en su mayor parte, bajo el dominio de Satanás. Las almas, sin embargo, supieron la Verdad.

Ahora bien, para asegurar que la humanidad comprenda la Verdad, vengo ahora a recuperar Mi Reino. Al hacerlo, he incurrido en la ira de Satanás. Sus planes para ocultar la Verdad son elaborados y sofisticados. Astutamente, él ha infiltrado Mi Iglesia en este su último intento de negarme las almas por las que he venido. Las almas quienes tienen un derecho natural al Reino Glorioso que les prometí. Esta vez él no va a ganar. Pero muchas almas serán engañadas y, como tal, serán despojadas del Regalo más Grande dado a la humanidad por Mi amado Padre. Vivir una vida en la Gloria de Dios con un cuerpo y alma perfectos por la eternidad es vuestra. De todos vosotros. No desperdiciéis esto al permitíros que os hagan ciegos a la Verdadera Palabra de Dios.

Vuestro Jesús

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