El infierno es importante pero nadie quiere predicar sobre eso

La ciencia, la tecnolog√≠a y el materialismo han impregnado la cultura occidental, cegando la psique colectiva a las verdades espirituales, la preocupaci√≥n por la muerte f√≠sica ha reemplazado a la preocupaci√≥n por la muerte espiritual (es decir, el Infierno).

por Paul Murano  

Una cruda verdad transmitida por el sacerdote jesuita del siglo XIX P. Schouppe ha suscitado, al menos hasta hace poco, temor sagrado en los corazones de los cat√≥licos: “El dogma del infierno es la verdad m√°s terrible de nuestra fe. Hay un infierno… De hecho, nada se revela m√°s claramente” (Fr. FX Schouppe, SJ, The Dogma of Hell [Rockford, IL: TAN Books, 1989], 1). El infierno es una miseria interminable, y el pecado te lleva all√≠. Pero nadie quiere hablar de eso.

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El dogma del infierno por FX Schouppe, SJ

Durante a√Īos, ha habido un silencio tan inexplicable como condenable sobre la realidad del Infierno, en las homil√≠as y en las aulas. Y esto pone en peligro las almas. La Iglesia ha quitado √©nfasis al Infierno en las √ļltimas d√©cadas en un intento equivocado de “hacer m√°s espacio” para la misericordia de Dios, a expensas de Su justicia. La ausencia del infierno de la catequesis y la liturgia ha tenido un impacto devastador en la vida espiritual de los fieles. Demasiados han reemplazado la advertencia de San Pablo de “ocupaos en vuestra propia salvaci√≥n con temor y temblor” (Filipenses 2:12) con la mentalidad irreligiosa actual de que todos van al cielo.

Para los cat√≥licos devotos de generaciones pasadas, las “cuatro √ļltimas cosas” ‚ÄĒla muerte, el juicio, el Cielo y el Infierno‚ÄĒ eran temas de meditaci√≥n diaria. Las reflexiones sobre la escatolog√≠a son eminentemente razonables, ya que esta vida es corta y la siguiente es interminable. Pero como la ciencia, la tecnolog√≠a y el materialismo han impregnado la cultura occidental, cegando la psique colectiva a las verdades espirituales, la preocupaci√≥n por la muerte f√≠sica ha reemplazado a la preocupaci√≥n por la muerte espiritual (es decir, el Infierno). A partir de entonces, el Infierno ha sido evitado como la peste, al igual que la verdad sobre el pecado.

Esto es todo tipo de problemas. El dogma del Infierno es fundamental para la Fe e, ir√≥nicamente, para la salvaci√≥n de las almas; no se puede ignorar sin causar un gran da√Īo. Teniendo esto en cuenta, veamos las diversas razones por las que escuchar acerca del Infierno es vital para la catequesis y la liturgia y, en √ļltima instancia, para nuestra salvaci√≥n. 

Apariciones del infierno

Varios relatos confiables subrayan la realidad del Infierno. El m√°s conocido nos llega desde F√°tima, Portugal. El 13 de julio de 1917, la Sant√≠sima Virgen mostr√≥ a tres pastorcitos una visi√≥n del Infierno. Una de ellas, L√ļcia, relat√≥ la aterradora experiencia con v√≠vidos detalles:

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√Āngeles ca√≠dos en el infierno

Vimos, por as√≠ decirlo, un mar de fuego. Sumergidos en este fuego estaban demonios y almas en forma humana, como brasas transparentes, todo bronce ennegrecido o bru√Īido, flotando en la conflagraci√≥n, ahora levantadas en el aire por las llamas… sin peso ni equilibrio, entre chillidos y gemidos de dolor y desesperaci√≥n, que nos horrorizaba y nos hac√≠a temblar de miedo. … Aterrados y como para suplicar socorro, miramos a Nuestra Se√Īora, que nos dijo, con tanta bondad y tanta tristeza: Vosotros hab√©is visto el Infierno donde van las almas de los pobres pecadores

El padre Schouppe recopil√≥ varios casos documentados de apariciones de condenados que supuestamente hab√≠an ido al infierno. Uno de esos r√©probos, mientras viv√≠a en la Florencia del siglo XV, intencionalmente retuvo un pecado mortal en la confesi√≥n y posteriormente cometi√≥ muchas recepciones sacr√≠legas de la Sagrada Comuni√≥n (Schouppe, The Dogma of Hell , 14‚Äď15). 

Despu√©s de que el hombre muriera, la comunidad se estaba preparando para su funeral. Justo antes de que comenzara la ceremonia, se llam√≥ a un hermano religioso para que tocara la campana. Fue all√≠ donde vio “al difunto, envuelto por cadenas que parec√≠an resplandecer de fuego” (ibid., 15). Mientras el hermano ca√≠a de rodillas, aterrorizado, el alma maldita desdichada le habl√≥: “No ores por m√≠. Estoy aqu√≠ por toda la eternidad” (ib√≠d.). El alma entonces procedi√≥ a contarle al hermano su pecado de sacrilegio que le hab√≠a costado la vida eterna. “Entonces se desvaneci√≥, dejando en la iglesia un olor repugnante”. En reacci√≥n, “los superiores hicieron retirar el cad√°ver, consider√°ndolo indigno para el entierro eclesi√°stico” (ibid.).

En las Escrituras

Las Sagradas Escrituras est√°n verdaderamente llenas de referencias al Infierno. De hecho, la Escritura menciona el castigo eterno no menos de 167 veces . 

Los israelitas en el Antiguo Testamento cre√≠an en una tenebrosa morada de los muertos llamada Seol (en griego, ” Hades “). Tambi√©n distinguieron entre las almas de los justos y las de los injustos (Lucas 16:19‚Äď31).

Cristo mismo advirti√≥ del fuego inextinguible (Marcos 9:43); tormento eterno (Lucas 16:23); un horno ardiente donde hay llanto y crujir de dientes (Mateo 13:42); el lugar de las tinieblas de afuera (Mateo 25:30); el lugar donde el gusano no muere (Marcos 9:48); y “Gehena”, un basurero donde ard√≠a una llama perpetua, ubicado en las afueras de Jerusal√©n (Mateo 10:28).

Seg√ļn la par√°bola del juicio final, el “fuego eterno” del infierno fue originalmente “preparado para el diablo y sus √°ngeles”, pero ahora lo comparten aquellos que se niegan a mostrar obras de misericordia (Mateo 25:41). Y uno no puede olvidar las palabras discordantes que Cristo pronunci√≥ en referencia a uno de sus 12 ap√≥stoles, Judas Iscariote: “M√°s le valdr√≠a no haber nacido” (Mateo 26:24).

El Catecismo

Se ha derramado mucha tinta a lo largo de los siglos sobre la fealdad y el terror del Infierno. El Catecismo de la Iglesia Cat√≥lica afirma: “La ense√Īanza de la Iglesia afirma la existencia del Infierno y su eternidad. Inmediatamente despu√©s de la muerte, las almas de los que mueren en estado de pecado mortal descienden al Infierno, donde sufren los castigos del Infierno”. (¬∂1035).

El Papa Juan Pablo II, en una audiencia de los mi√©rcoles de julio de 1999, reafirm√≥ que el estado del Infierno, que es esencialmente la total separaci√≥n de Dios y de su amor, es la libre elecci√≥n de la persona creada, que s√≥lo Cristo confirma en el Juicio Final:

En realidad, es la criatura la que se cierra al amor [de Dios]. La condenaci√≥n consiste precisamente en la separaci√≥n definitiva de Dios, elegida libremente por la persona humana y confirmada con la muerte que sella para siempre su elecci√≥n. El juicio de Dios ratifica este estado. … Es el estado de quien rechaza definitivamente la misericordia del Padre, incluso en el √ļltimo momento de su vida.

Necesidad lógica

Todo esto tiene sentido. El cristianismo necesita el Infierno para ser teol√≥gicamente coherente. No es razonable pensar que Dios hubiera creado criaturas con libre albedr√≠o que determinaran sus propios destinos sin imponer consecuencias eternas apropiadas para sus elecciones. Es cierto que San Pablo dice: “Dios quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” (1 Timoteo 2,4), subrayando la voluntad salv√≠fica universal de Dios. Pero no podemos restar importancia al hecho de que Cristo advirti√≥ a sus disc√≠pulos sobre el infierno con m√°s frecuencia de lo que habl√≥ sobre el cielo.

Una pregunta com√ļn (quiz√°s una de las m√°s destacadas en nuestro propio tiempo) es: ¬ŅC√≥mo puede un Dios todopoderoso y todo amoroso enviar a alguien al infierno? El argumento tiene una especie de l√≥gica f√°cil: si Dios es amor, el infierno aparentemente no puede existir. 

Pero lo que el argumento pasa por alto es que las personas finalmente se env√≠an a s√≠ mismas al Infierno al elegir el pecado mortal y negarse a arrepentirse. Entonces, la pregunta m√°s pertinente podr√≠a ser: ¬ŅPor qu√© un Dios amoroso nos cre√≥ con la capacidad de pecar? O tal vez, ¬Ņc√≥mo podr√≠a Dios permitir que vayamos al infierno a pesar de nuestra elecci√≥n? ¬ŅNo intervendr√≠a un padre amoroso en favor de Sus hijos? 

Descifrar este misterio requiere una apreciación de dos verdades fundamentales: 1) el hombre es la imagen de Dios, y 2) el hombre no es Dios.

El hombre como imagen de criatura de Dios

Primero, la revelaci√≥n divina muestra al Dios tripersonal hecho al hombre a Su imagen como personas con intelecto y voluntad para tener una relaci√≥n personal con √©l en esta vida y para siempre en la venidera ( Catecismo de Baltimore , 2¬™ ed. revisada [Nueva York: Publicaci√≥n de libros cat√≥licos, 1969], 9). Como cualquier relaci√≥n de amor, esto requiere una elecci√≥n libre en nombre del amado. No hay matrimonio sin libre consentimiento. Asimismo, cada miembro de la Iglesia de Cristo (Su novia) debe libremente decir s√≠ a Dios y posteriormente al Cielo. 

Al darnos libre albedr√≠o, Dios, en cierto sentido, se ha obligado a S√≠ mismo a aceptar nuestras decisiones. Podr√≠a habernos hecho animales irreflexivos o robots mec√°nicos, pero en cambio nos dio la dignidad de poder responder libremente a su amor.

Sin embargo, la inmensa dignidad de representar a Dios sigue siendo un arma de doble filo. Por un lado, somos como Dios (y a diferencia de las plantas y los animales) en la medida en que tenemos libre albedr√≠o para elegir el bien. Por otro lado, somos diferentes a Dios en la medida en que nuestro libre albedr√≠o puede elegir el mal.

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Santo Tom√°s de Aquino

Por lo tanto, uno podr√≠a preguntarse: si Dios tiene libre albedr√≠o y no puede pecar, y nosotros somos su imagen, entonces ¬Ņpor qu√© podemos pecar? 

Dios no puede contradecir Su propia naturaleza. En las Escrituras, Dios se compara de manera an√°loga con muchas cosas, pero se identifica directamente con dos: Dios es ser (√Čxodo 3:14) y Dios es amor (1 Juan 4:8). Como se√Īal√≥ el Doctor Ang√©lico, Tom√°s de Aquino, la esencia ilimitada de Dios como “Yo Soy” es id√©ntica a Su existencia ( Summa Theologiae , p.1, q. 3, a. 4 ). En pocas palabras, √Čl es un ser personal (“Yo”) (“Soy”). 

Entonces, mientras Dios no puede contradecir la naturaleza de Su Ser, que es amor infinito; nosotros, criaturas limitadas y finitas, tenemos el “espacio ontol√≥gico”, por as√≠ decirlo, para elegir el mal y hacer el mal. En otras palabras, mientras Dios es amor, debemos elegir el amor. Tenga en cuenta que Dios no es un ser, como las criaturas o como se imagina con los dioses paganos, teniendo definici√≥n e imitaci√≥n, sino que es el ser mismo.  Aquel que es amor ilimitado no puede ser desamor de ninguna manera. Las criaturas finitas, sin embargo, con una naturaleza limitada s√≠ pueden. Entonces, cuando Dios nos invita a la uni√≥n con √Čl, tenemos la capacidad de decir s√≠ o no. Es por eso que nuestros primeros padres en el Ed√©n tuvieron la opci√≥n de comer del √°rbol prohibido del conocimiento del bien y del mal, aunque todo lo que se les dio en el para√≠so fue bueno.

Tenga en cuenta que, en el hebreo b√≠blico, “conocimiento” denota algo que se conoce por experiencia, en lugar de meramente intelectual. Cuando elegimos el pecado, se convierte en parte de nosotros, disminuyendo la bondad de nuestro ser e impidiendo nuestra capacidad de recibir el amor de Dios. Si pecamos mortalmente y rechazamos la misericordia divina con impenitencia final, no hay otra alternativa l√≥gica para nuestro destino eterno que no sea el Infierno.

Necesidad psicológica

La condici√≥n humana requiere definiciones para la inteligibilidad y l√≠mites para la libertad. Un nadador no puede nadar libremente a menos que sepa d√≥nde est√° el agua infestada de tiburones. Los ni√Īos no pueden jugar libremente sin una valla que separe su jard√≠n del tr√°fico. Asimismo, nadie puede vivir libremente a menos que conozca la ley moral, que es la “valla” que separa el Cielo del Infierno.

Todos los que alguna vez han ense√Īado educaci√≥n religiosa a ni√Īos y adolescentes saben que sus preguntas m√°s comunes sobre la moralidad comienzan con “¬ŅIr√© al infierno si?”. El miedo al castigo es lo que mantiene a raya a los espiritualmente inmaduros, y es un punto de partida necesario para la caridad.

Un principio fundamental que parece que hemos perdido en nuestros d√≠as es que el miedo al Infierno es un primer paso necesario para abrazar el amor. Las Escrituras afirman: “El principio de la sabidur√≠a es el temor de Jehov√°” (Proverbios 9:10) antes de proclamar “El perfecto amor echa fuera el temor” (1 Juan 4:18). 

Me atrevo a decir que una raz√≥n importante por la que hay tan poca fe entre los cristianos de hoy es que este fundamento necesario para el amor de Dios, el temor santo, se ha evitado en la catequesis y la liturgia. El pensamiento de grupo pol√≠ticamente correcto es que el infierno y el miedo est√°n por debajo de nosotros, y que debemos comenzar con el amor de Dios. Este es un gran error de c√°lculo. Cuando los cl√©rigos reemplazaron la predicaci√≥n sobre el pecado y el Infierno con sacarina teol√≥gica como “sed muy amables unos con otros”, sofocaron la madurez espiritual de los cat√≥licos. No puedes amar apropiadamente a Dios y al pr√≥jimo a menos que inculques un santo temor al Infierno. En otras palabras, mientras que el temor del Se√Īor es el principio de la sabidur√≠a, el temor del Infierno es el principio de la salvaci√≥n.

Teorías del infierno

Aunque los eruditos cat√≥licos est√°n ampliamente de acuerdo en que la separaci√≥n de Dios (y la consiguiente privaci√≥n total de la gracia) es el castigo principal del Infierno, existen varias teor√≠as sobre la naturaleza de los castigos secundarios. Algunos creen que el infierno es un lugar de fuego interminable. Otros creen que el Infierno es un lugar completamente fr√≠o, oscuro y solitario. Otro campo sostiene que el Infierno es un estado en el que una persona fijada en oposici√≥n a Dios experimenta el fuego del amor divino como un dolor ardiente y una miseria en lugar de una gozosa satisfacci√≥n.

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C. S. Lewis

El amado autor cristiano CS Lewis fue m√°s all√° de los dolores del Infierno representados en el arte medieval y se centr√≥ m√°s en la insoportable soledad y el rechazo que sienten los condenados en el Infierno. Qued√≥ profundamente afectado por las palabras de Cristo de que el infierno es un lugar de privaci√≥n, destierro y exclusi√≥n. Una conocida reflexi√≥n de Lewis lo confirma:

Se nos advierte que a cualquiera de nosotros le puede ocurrir aparecer por fin ante el rostro de Dios y escuchar s√≥lo las terribles palabras: “Nunca os conoc√≠. Apartaos de m√≠”. En cierto sentido, tan oscuro para el intelecto como insostenible para los sentimientos, podemos ser desterrados de la presencia de Aquel que est√° presente en todas partes y borrados del conocimiento de Aquel que todo lo sabe. Podemos quedar total y absolutamente fuera: repelidos, exiliados, distanciados, finalmente e indescriptiblemente ignorados (CS Lewis, The Weight of Glory [San Francisco: Harper, 1980], 41‚Äď42)

Dos teor√≠as heterodoxas prominentes del Infierno que vale la pena mencionar son que 1) las personas en el Infierno eventualmente son aniquiladas, y 2) todos aquellos en el Infierno eventualmente van al Cielo. Este √ļltimo, denominado “universalismo”, ha ido ganando una popularidad significativa en los √ļltimos tiempos. Los te√≥logos Hans Urs von Balthasar y Bp. Robert Baron, quien afirma que podemos tener una “esperanza razonable” de que todas las personas se salvar√°n.

Los demonios saben que los esc√©pticos del infierno son presa f√°cil. As√≠ que vale la pena repetirlo: Mientras que el temor del Se√Īor es el principio de la sabidur√≠a, el temor del Infierno es el principio de la salvaci√≥n. Esto se debe a que en el camino hacia la madurez espiritual, el conocimiento del poder y la justicia de Dios precede al conocimiento de Su infinita misericordia. Los mandamientos de “no har√°s” preceden a las bienaventuranzas de “bienaventurados”.

Es de suma importancia que la Iglesia se vuelva a centrar en las cuatro √ļltimas cosas, especialmente en la realidad del Infierno. Cristo no habr√≠a mencionado el Infierno con tanta frecuencia si no fuera una consecuencia real del pecado y la indiferencia. El Acto de Contrici√≥n tradicional es invaluable en c√≥mo habla de desgaste antes que de contrici√≥n, y de temor santo antes que de amor: “Oh Dios m√≠o, estoy profundamente arrepentido de haberte ofendido; y detesto todos mis pecados porque temo perder el Cielo y las penas del Infierno; pero sobre todo porque te ofenden, oh Dios, que eres todo bueno y merecedor de todo mi amor” (√©nfasis a√Īadido).

Church Militant

Toda referencia al Infierno ha sido abolida y el hombre ha sido mal guiado a un falso sentido de seguridad

Mensaje del Libro de la Verdad ūüŹĻ

23 de febrero de 2014

Mientras exista el reino de Satan√°s en la Tierra, la Verdad siempre ser√° suprimida.

Desde la muerte de mi Hijo en la Cruz, todo intento de proclamar Su Palabra ha sido desbaratado. Y, desde que la Cristiandad se esparció, muchas grietas aparecieron y la Doctrina dictada por mi Hijo, Jesucristo, a través de Sus discípulos, fue adaptada. La Verdad ha sido siempre alterada, pero a pesar de esto, la Palabra de Dios todavía se mantiene viva en el mundo, y la Presencia de mi Hijo, a través de la Santa Eucaristía, se ha mantenido.

La Verdad, concerniente a la existencia de Satan√°s y la realidad del Infierno, ha sido suprimida durante muchas d√©cadas y esto ha tenido un efecto perjudicial en la salvaci√≥n de la humanidad. Toda referencia al Infierno ha sido abolida y el hombre ha sido mal guiado hacia un falso sentido de seguridad. Por lo tanto ahora, hoy en d√≠a, poca gente cree en la existencia del demonio o en el abismo del Infierno. Esta mentira ha sido el flagelo de la humanidad y, como resultado, muchas almas se han perdido, a causa de que el Infierno es negado. El pecado mortal ya no es considerado ser una realidad y por lo tanto no se hace ning√ļn intento para evitarlo. Aquellos que est√°n al servicio de mi Hijo, Jesucristo, en Sus Iglesias, tienen un deber de preparar las almas, para que as√≠ ellas sean dignas de entrar en el Reino de los Cielos.

El Infierno se puede evitar, a trav√©s de una comprensi√≥n de las consecuencias del pecado mortal, sin embargo, no se menciona ni una palabra de √©l. Las almas est√°n perdidas porque nunca han sido instruidas adecuadamente sobre c√≥mo evitar el pecado y buscar el arrepentimiento. Para que se√°is dignos de entrar en el Reino de mi Hijo, deb√©is dedicar tiempo viviendo vuestras vidas, de acuerdo a la Palabra de Dios. Por favor, no ignor√©is la Verdad, porque si lo hac√©is, estar√©is perdidos.

Rezad, rezad, rezad para que la humanidad acepte la existencia de Satanás, porque hasta que lo hagan, ellos nunca aceptarán verdaderamente la Promesa de Redención de mi Hijo.

Vuestra bienamada Madre

Madre de la Salvación

Leer m√°s: https://www.elgranaviso-mensajes.com/news/a23-feb-2014-madre-de-la-salvacion-toda-referencia-al-infierno-ha-sido-abolida-y-el-hombre-ha-sido-mal-guiado-a-un-falso-sentido-de-seguridad/

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