Ha desaparecido casi por completo la conciencia no sólo de haber hecho algo mal, sino de haber pecado.
Una de las sorpresas más grandes que me ha tocado vivir en este último año, es la de ver que casi nadie reconoce que ha pecado, es algo que me llama mucho la atención. Ha desaparecido casi por completo la conciencia no sólo de haber hecho algo mal, sino de haber pecado. Y quien no tiene conciencia de haber pecado, es porque no sabe lo que es el mal y cómo éste actúa. El pecado hiere y debilita, por eso los que ni siquiera se dan cuenta que han pecado, no reconocen sus heridas y su debilidad. ¡Es tanta la autosuficiencia que se demuestra al considerar que no existe el pecado!
Muchos se creen perfectos. El corazón del hombre es duro como una piedra, pero si un corazón no se ablanda no puede perdonar, y un corazón que no perdona se convierte en enemigo del alma, porque pensaremos que llevamos una vida ejemplar, sin embargo lo que hacemos es permanecer envueltos en el veneno de nuestros propios pensamientos.
Sólo Dios puede perdonar los pecados, pero para que eso se pueda dar necesitamos acudir al sacramento en la confesión. Muchos pecados nuestros causan daño a los demás, y otros muchos nos causan daño a nosotros mismos, hasta que no nos demos cuenta de ese ‘desequilibrio’, nuestra vida va a ser inestable porque sencillamente será una vida que esté sujeta a la dirección del viento.
“Yo me confieso ante Dios, no necesito ir a confesarme con ningún sacerdote”, dicen algunos. Gran error. Es un error ver así las cosas porque cuando dices que te confiesas ante Dios, tu ego sigue en pie y no se desmorona, cuando de verdad se desmorona el ego es cuando te arrodillas delante de otro hombre y le cuentas todas tus miserias, por eso el ego no soporta estar delante de un confesor, por eso muchos dicen que prefieren confesarse ante Dios o directamente no hacerlo.
El pecado es una cadena de destrucción, si queremos podemos detener esa cadena, en nuestra mano está. Los tiempos que estamos viviendo son tiempos extraordinariamente difíciles, por eso son tiempos de conversión, para que esa conversión resulte efectiva y se pueda dar, es clave acercarse a recibir el sacramento de la confesión. Los tiempos de conversión son tiempos de confesión. A partir de la confesión la vida se reorienta y adquiere un nuevo brillo. Quizás algunos se den cuenta de esto cuando sea ya demasiado tarde.
Raúl Rodríguez
Qué fácil es pecar

Mensaje del Libro de la Verdad
24 de enero de 2011
Hoy, Mi amada hija, has entendido finalmente los peligros que plantea el engañador cuando bajas la guardia. La oración a Mi Padre Eterno, a través de la Coronilla de la Divina Misericordia, es importante para santificar tu alma.
El pecado, Mi amada hija, es difícil de evitar. Es más difícil alcanzar Mis gracias especiales de lo que es evitar el pecado en cualquier forma. Al haber sido llamada para este sagrado trabajo, siempre serás un objetivo del maligno, quien se propone, en cada oportunidad, crear negatividad en tu vida. El utilizará a aquellos alrededor tuyo como un medio para atacar, que es por lo que debes siempre estar en guardia contra él. Nunca lo dejes ganar, porque cuando lo hace, consigue infestar almas y causa terrible dolor, angustia y sufrimiento. Él ocasiona que las amistades se desintegren, confusión, desesperanza e instila pensamientos falsos en la mente de sus objetivos. Entonces, cuando Mis hijos sienten culpa por su propia debilidad al sucumbir a la tentación, experimentan una forma de desgracia que trae desesperación, miseria y distracción a sus vidas.
Hijos Míos, ustedes siempre serán tentados al pecado. La perfección de sus almas es extremadamente difícil de obtener y requiere una tremenda disciplina y determinación de su parte. Si y cuando caigan presas de la seducción del maligno y cometan pecado, deben inmediatamente rezar de corazón y buscar el perdón.
La confesión regular es un sacramento muy incomprendido. Es solo con la asistencia semanal al confesionario que el alma de ustedes puede permanecer en estado de gracia. Cuando su alma es santificada de esta manera, y a través de la oración diaria, solo entonces pueden mantener al engañador a raya.
La culpa del pecado
Si sufren culpa como resultado de una acción pecaminosa, independientemente de lo grave que sea la ofensa a los ojos de Mi Padre, no se inquieten. Den marcha atrás, abran su corazón y pidan perdón. La culpa es un sentimiento negativo. Y aunque sirve como una forma de guiar su conciencia, no es sano permanecer en este estado. Pidan por las gracias, a través de la oración, para alcanzar la pureza de alma requerida para servirme. La paciencia es importante. Nunca dejen que el pecado los aparte de Mí. La culpa nunca debe interponerse en el camino de la búsqueda de redención.
Recuerden hijos, que debido al pecado original ustedes siempre caerán víctimas a la tentación del maligno. Es a través de la oración, el ayuno y la dedicación a la Sagrada Eucaristía, que se acercarán más a Mí. Esto sí requiere tiempo, que se debe apartar.
Vayan ahora, hijos Míos y recuerden una cosa – nunca teman volver a Mí cuando hayan pecado. Nunca se avergüencen de pedir perdón cuando sientan verdadero remordimiento. Pero recuerden también que cuando no lo hagan, atraerán al engañador una y otra vez y el alma de ustedes se sumirá en la oscuridad. La oscuridad atrae lo oscuro. La Luz atrae a la luz. Yo soy la Luz.
Vuélvanse a Mí ahora y dejen que Mi amor brille a través de sus pobres almas perdidas. Los amo tanto, hijos Míos, que cuando vuelvan sus corazones hacia Mí, no importa cuánto aislamiento sientan, nunca serán rechazados.
Vayan en Paz y Amor.
Su Divino Salvador
Jesucristo
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