La verdad engendra odio; por ésto algunos, para no incurrir en el odio de los oyentes, velan la boca con el manto del silencio.
La naturaleza humana es tan propensa a la verdad que, cuando el hombre ama algo contrario a la verdad, él quiere que este algo sea verdadero. De este modo, cae en el error, persuadiéndose de que es verdadero lo que en la realidad es falso.
Es necesario que alguien le abra los ojos. Pero, como el hombre no admite que se le muestre que se engañó, no tolera por eso que se le demuestre el error en que se encuentra.
Y el doctor Agustín de Hipona observa:
¡De este modo, ciertos hombres odian la verdad, por amor a aquello que tomaron como verdadero! Ellos aman la luz, pero no a quien los censura… la aman cuando se les muestra, la odian cuando ella les hace ver lo que ellos son.
Por su deslealtad, tales hombres sufren en verdad el siguiente castigo: no quieren ser dados a conocer, sin embargo ella los desenmascara. Y, a pesar de eso, la verdad continúa velada a sus ojos.
“Es así, es precisamente así que está hecho el corazón humano. Ciego y perezoso, indigno y deshonesto; se oculta pero no admite que nada le sea ocultado. De este modo le sucede que no consigue huir de los ojos de la verdad, pero la verdad huye de sus ojos“.
San Agustín.
«La verdad engendra odio; por ésto algunos, para no incurrir en el odio de los oyentes, velan la boca con el manto del silencio. Si predicaran la verdad, como la verdad misma lo exige y como abiertamente la divina Escritura obliga, incurrirían en el odio de las personas mundanas, que acabarían por excluirlos de sus entornos. Pero como caminan según la mentalidad de los hombres de mundo, temen de escandalizarlos; siendo que nunca se debe hacer menos a la verdad, ni siquiera a costa del escándalo.”
San Antonio de Padua
Madre de la Salvación: la influencia del mundo secular se asemeja a la de una gran inundación

Mensaje del Libro de la Verdad 🏹
25 de enero de 2015
Mis queridos hijos el Don del Discernimiento procede del Poder del Espíritu Santo y no es fácilmente entregado. Debe ganarse. Solo se da a aquellos que están en unión con Cristo y que están libres de todas las distracciones de las tentaciones puestas frente a ellos por el maligno. El maligno no puede engañar a los que están bendecidos con este Don.
¡Ay, del hombre que es engañado porque él mismo se expondrá a ser guiado hacia las falsedades. El engaño procede de Satanás mismo y de aquellos a los que infesta. Todos los que no aceptan la Existencia de Jesucristo encontrarán casi imposible soportar el humo de Satanás, que hace ciegos a todos y cada uno de ustedes que son culpables de permitir que el pecado del orgullo los devore. Cualquier siervo consagrado de Dios que se aleja de la Verdad guiará a todos aquellos, que lo buscan como guía, hacia el error. Por esto, él sufrirá un gran castigo en el Día del Juicio.
La influencia del mundo secular se asemeja a la de una gran inundación y las almas que le permitan cambiar su punto de vista u opinión de la Palabra de Dios, se ahogarán. El engaño es una herramienta del maligno y su principal objetivo es destruir la Iglesia de mi Hijo en la Tierra seduciendo a aquellos dentro ella. Abran sus ojos a los novedosos cambios, los que se introducirán y los cuales maldecirán el Nombre de Dios.
Nunca deben permitir que las falsedades influyan en lo que mi Hijo les enseñó porque mi Hijo nunca se desvió de Su Palabra Escrita, ni nunca lo hará. La Verdad les sostendrá durante las pruebas que se avecinan y las cuales azotarán la Iglesia de mi Hijo en la Tierra. Deben prepararse para estos tiempos porque están casi sobre ustedes.
Su amada Madre
Madre de la Salvación
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