Los pecados mortales son faltas graves que, según la doctrina católica, rompen nuestra relación con Dios y nos privan de la gracia santificante.
Los pecados mortales son faltas graves que, según la doctrina católica, rompen nuestra relación con Dios y nos privan de la gracia santificante. Para que un pecado sea considerado mortal, deben cumplirse tres condiciones:
- Materia grave (el acto debe ser objetivamente grave).
- Plena advertencia (la persona debe saber que lo que está haciendo es pecado grave).
- Consentimiento deliberado (la persona debe hacerlo libremente y con pleno conocimiento).
Aquí tienes una lista de algunos pecados mortales comunes:
- Blasfemia: Insultar o despreciar el nombre de Dios, de la Virgen María o de los santos.
- Faltar a la Misa dominical y días de precepto sin causa justificada: Es un pecado grave no asistir a la Misa sabiendo que es una obligación para los católicos.
- Homicidio: Matar a otro ser humano, ya sea directa o indirectamente.
- Aborto: Terminar deliberadamente con la vida de un ser humano no nacido.
- Suicidio: Quitarse la vida de manera intencional.
- Adulterio: Tener relaciones sexuales con alguien que no es tu cónyuge.
- Fornicación: Tener relaciones sexuales fuera del matrimonio.
- Pornografía: Consumir o participar en la creación de material pornográfico.
- Masturbación: Realizar un acto sexual solitario con la finalidad de obtener placer fuera del contexto conyugal.
- Robo: Apropiarse de algo que pertenece a otra persona, especialmente si es algo de gran valor.
- Mentira bajo juramento (perjurio): Mentir deliberadamente cuando se ha hecho una promesa ante Dios o bajo juramento.
- Calumnia o difamación: Mentir deliberadamente para dañar la reputación de otra persona.
- Omisión de socorrer a los necesitados: Negarse a ayudar cuando alguien está en extrema necesidad y tú tienes los medios para hacerlo.
- Injusticia deliberada en contra del prójimo: Actuar con malicia o dañando deliberadamente a los demás (por ejemplo, explotar a los trabajadores, cometer fraude, etc.).
- Odiosidad o rencor deliberado: Negarse a perdonar a alguien o abrigar un odio profundo y duradero contra alguien.
- Participar en prácticas ocultas o brujería: Incluye magia negra, espiritismo, hechicería, ouija, invocación de espíritus malignos, etc.
- Envidia destructiva: Desear gravemente el mal a alguien por celos o envidia.
- Embriaguez y consumo de drogas: El uso excesivo de alcohol o drogas que lleva a la pérdida de control de las facultades mentales.
- Lujuria: Buscar deliberadamente el placer sexual por sí mismo, sin una relación conyugal y amorosa.
- Contracepción artificial: El uso de métodos artificiales para evitar la concepción en el matrimonio.
- Relaciones homosexuales: Según la enseñanza tradicional, los actos homosexuales (no la inclinación o tendencia) se consideran pecados graves.
- Profanar los sacramentos: Recibir los sacramentos, especialmente la Eucaristía, en estado de pecado mortal o sin el debido respeto.
Es importante recordar que, según la enseñanza de la Iglesia, siempre se puede recibir el perdón de cualquier pecado mortal a través del sacramento de la Confesión, si hay arrepentimiento sincero y propósito de enmienda.
Madre de la Salvación: la gente elige su propio destino

Mensaje del Libro de la Verdad 🏹
20 de enero de 2015
Mis queridos hijos, vendrá en breve un gran engaño, que caerá sobre el mundo como una cortina. Este engaño casi destruirá la Verdad, pero los que estén bendecidos con la Luz de la Misericordia de mi Hijo verán las falsedades que enmascararán la Palabra de Dios.
Desde que el hombre fue creado, no quiere Dios permitir a Sus enemigos sucumbir en este tipo de engaño – un engaño, que solo tiene un propósito que es: borrar todas las huellas de Dios en la sociedad de ustedes, para que todos aquellos que no vienen de Él sean elevados a grandes posiciones de poder. Dios permite esto como la prueba más grande de la humanidad, para determinar quién está con Él, y quién está en contra de Él.
El mundo ha cometido graves ofensas contra mi Padre Eterno y continúa sumergiéndose más en el pecado mortal. Siervos consagrados, incluyendo sacerdotes, obispos y cardenales han fallado, desde hace más de cuarenta años, en enseñar a los hijos de Dios la Verdad. Muchos de ellos no reconocerán la existencia del pecado, ni tampoco advertirán a la gente de los graves peligros que trae el pecado mortal a las almas. Los siervos de Dios tienen solo un deber y es el de instruir a los fieles en todas las cosas que son morales y mostrar a las almas los peligros de no vivir una vida buena. El pecado ya no es contemplado como el mayor enemigo, lo que causa que el hombre se separe de Dios.
Hijitos, Dios no desea causarles temor, pero nunca se debe caer en la tentación de creer que el Infierno no existe, porque sí existe. La gente elige su propio destino y esas almas que no piden a Dios que les perdone sus pecados encontrarán muy difícil entrar por las Puertas del Reino de mi Hijo.
Ustedes deben aferrarse a la Verdad siempre. Dios ha revelado la Verdad a través de Sus Profetas. No le den la espalda a la Verdad porque si lo hacen, abrazarán la falsa doctrina y, erróneamente, ustedes creerán que eso les va a abrir las puertas a su herencia.
Hay tanta gente que está siendo engañada y creen que una vez que se cuida el bienestar material de los hijos de Dios, entonces eso es todo lo que importa. Cuiden de sus propias almas, queridos hijos, porque ustedes tienen una y que durará por toda la eternidad, ya sea que residan con mi Hijo en Su Reino o sean arrojados de Él. Nunca descuiden sus propias almas o encontrarán difícil unirse con mi Hijo.
La Verdad va a existir siempre, ya que es la Palabra de Dios. Nunca puede cambiar.
Su amada Madre,
Madre de la Salvación.
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