La historia de Caín y Abel está en tí

Dos hermanos.
Una ofrenda aceptada… otra rechazada. Y el primer asesinato de la historia. La historia de Caín y Abel no es solo un crimen. Es un espejo eterno del alma humana. ¿Qué hizo que Dios mirara con agrado a uno… y rechazara al otro?

Dos hermanos.
Una ofrenda aceptada… otra rechazada.
Y el primer asesinato de la historia.

La historia de Caín y Abel no es solo un crimen

Es un espejo eterno del alma humana

¿Qué hizo que Dios mirara con agrado a uno… y rechazara al otro?

Adán y Eva fueron expulsados del paraíso, pero no de la presencia de Dios.

El ser humano, incluso caído, sigue buscando a su Creador.

Caín y Abel construyeron los primeros altares de la historia.

Ambos ofrecieron sacrificios… pero uno solo agradó a Dios.

Abel ofreció “los primogénitos de su rebaño, lo mejor de él”.

Caín ofreció “fruto de la tierra”, sin más detalle.

Uno dio lo mejor. El otro, solo cumplió.

Dios ve lo que el ojo no ve: la intención.

Caín no fue rechazado por ofrecer algo malo. Fue rechazado porque no dio lo mejor.

Lo hizo por costumbre, por rutina, tal vez por miedo… pero no por amor.

Abel, en cambio, ofreció lo mejor que tenía, se ofreció a sí mismo a través de su sacrificio.

“Si obras bien, serás aceptado; pero si no, el pecado acecha a la puerta, y te desea, pero tú puedes dominarlo.” (Génesis 4,7)

Dios advierte a Caín. El problema no es el rechazo. Es lo que hace con él.

Y Caín elige la vía fácil: culpar al otro, no cambiarse a sí mismo.

Caín no odia a Abel porque este lo lastimó.

Lo odia porque hizo lo correcto y él no.

Porque fue justo y él no

Porque su vida era una acusación silenciosa.

El resentimiento comienza cuando vemos en el otro lo que podríamos ser… pero no somos.

Caín mata a Abel en el campo.

No fue un impulso, fue una decisión.

Planificó el crimen.

Porque el resentimiento, cuando se cultiva, se convierte en odio, y el odio en destrucción.

Así nace el primer fratricidio.

Así muere la primera imagen del justo.

“¿Dónde está tu hermano?”

Dios no busca información (Él lo sabe todo) .

Busca conciencia.

Pero Caín responde con sarcasmo: “¿Soy yo acaso el guardián de mi hermano?”

El pecado no solo endurece el corazón.

También distorsiona la verdad. Nos hace cínicos.

“La sangre de tu hermano clama desde la tierra”.

La creación se convierte en testigo del crimen. La tierra, que fue bendición, se vuelve maldita.

El pecado no solo rompe la relación con Dios.

Rompe la relación con nuestros hermanos, con la creación, con uno mismo.

Caín es marcado y exiliado. Pero no destruido.
Dios lo protege de la venganza.

Aun al culpable, Dios le deja espacio para arrepentirse.

La justicia de Dios siempre está atravesada por Su misericordia.

La historia de Caín y Abel no es solo religiosa. Es existencial.

En todo lo que hagas siempre estás ofreciendo algo.

¿Estás ofreciendo lo mejor de ti?

Dios no necesita nada. Pero tú necesitas dar lo mejor, porque solo así cosecharás frutos verdaderos.

El sacrificio sincero ordena tu vida.

Hoy muchos creen que basta con cumplir. Marcar la casilla.

Hacer “lo que toca”.

Pero Dios no ve gestos vacíos.

Ve el corazón que da todo lo que tiene, o el que se esconde detrás de un gesto sin alma.

La historia de Caín y Abel sigue viva. Está en ti. Cada día.

Enrique Valtierra

@elcaminodelogos

El odio es la causa de todo el mal en el mundo y éste toma muchas formas

Mensaje del Libro de la Verdad 🏹

26 de agosto del 2012

El odio es la causa de todo el mal en el mundo y éste toma muchas formas.

La hostilidad en contra de otra persona brota del miedo, el miedo de que esa persona pueda herirte de alguna manera.

Los desacuerdos con otra persona, pueden ocurrir por el pecado del orgullo. Esto sucede cuando tú sientes que debes probar tu valor, a toda costa, incluso si estás equivocado.

Los celos se convierten muy pronto en odio, aunque pueden ser leves al comienzo.

El desagrado de uno mismo, comienza porque comparas tu vida con la de otros, de quienes tú sientes que han tenido mejor fortuna que tú.

Muy pronto, este desagrado se desarrolla en odio de uno mismo y del propio cuerpo. Esto entonces conduce hacia los pecados de la carne.

El odio puede también desarrollarse por el pecado de codiciar las posesiones de otros.

Esto puede conducir a la guerra, cuando un país codicia las riquezas de otros.

O puede significar el permitir la codicia para consumir vuestra alma, cuando apetecéis las mismas riquezas mundanas de vuestro prójimo.

La envidia también se convierte en una forma de odio, especialmente cuando, no importa cuán fuerte trates de competir con otros, y fracasas al no  alcanzar lo que te propusiste hacer.

Todos los pecados, si se les permite persistir, pueden conducirte hacia el odio.

Cuando tú sientas odio, debes saber que Satanás ha logrado invadir tu espíritu.

Cuando esto suceda, él te apretará firme,  fuertemente y no te dejará en paz.

No importa cuánto trates de escaparte de su control, él te sostendrá toda la vida. Tu única arma es la oración.

Reza, reza, reza cuando el odio surja en tí; porque no podrás sentir nunca paz, amor o alegría de nuevo, hasta que éste te deje.

Cuando el odio se apodera de tu corazón y de tu alma, llegas a estar un paso más alejado de Mí, vuestro Jesús.

Tú sufres terriblemente y sientes una ira e impotencia, la cual  no puedes controlar.

Nunca creas la mentira final que Satanás plantará en tu alma, cuando él haya arrojado una carga de odio sobre ti.

La mentira es ésta: Que tu odio sólo puede ser disipado, cuando busques la venganza final sobre el objetivo de tu odio.

¿Qué hacer cuando el odio te envuelva? El poder del amor puede evaporar el odio, instantáneamente.

Cuando reces y me pidas que te ayude, Mi respuesta será ésta:

Perdona a tus adversarios y a aquéllos que crees son la causa de tu odio.

Pero para perdonar debes humillarte ante Mí y primero pedirme que te perdone.

Una vez que perdones a aquéllos que odias, debes entonces reparar por tu pecado.

Muestra amor a tus adversarios. Combate el odio, una perversa y peligrosa enfermedad del alma, con amor.

El amor es la cura para liberar tu alma de esta infestación.

Cuando puedas hacer esto, tu habrás vencido a Satanás y él te dejará en paz.

Nunca tengas miedo de combatir el odio que hay en tu alma, aunque te parezca muy difícil.

Si el odio puede ser diluido de esta manera mediante la humildad del pecador, la paz reinará en el mundo.

Vuestro Jesús

Leer más: https://www.elgranaviso-mensajes.com/news/a26-sep-2012/

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