Sin ser pecado a nivel natural, en el plano moral un sujeto podría convertirse en un imbécil o un necio ante Dios.
Por Mosen Jaime Mercant Simó
Según como se mire. Es decir, si estamos hablando de meras limitaciones intelectuales, por supuesto que éstas no son pecado; sería absurdo sostener esto, del mismo modo que resultaría abyecto insultar a alguien con dichas limitaciones.
Sin embargo, hay una clase de imbecilidad espiritual y moral que debería causarnos una profunda repugnancia. Ésta tiene su origen en el pecado del hombre que se obstina en su error o en su perversión; esto ofusca su intelecto y debilita su voluntad. Dicho de otro modo, sin serlo a nivel natural, en el plano moral un sujeto podría convertirse en un imbécil o un necio ante Dios. Por esta razón, Jesucristo frecuentemente insultaba a los fariseos y maestros de la ley, llamándolos «necios».
En este último sentido, pues, la imbecilidad, mentecatez, necedad o estulticia es pecado, y puede darse, incluso, en gente con un alto coeficiente intelectual. La auténtica sabiduría es la que está vinculada a la Verdad y no a los afectos desordenados ni a los engaños del Maligno; esto «imbeciliza» la mente y no permite obrar moralmente según la «recta razón».
Al respecto, la Sagrada Escritura es muy realista. En el libro del Eclesiastés (1, 15), podemos leer que, en el mundo, el número de estúpidos o insensatos es infinito (stultorum infinitus est numerus), en referencia a aquellos que prefieren poner torpemente su confianza en la vanidad de los hombres, en la vida torcida o en las falsas doctrinas, mas no en la sabiduría de Dios.
Dicha imbecilidad moral, cuando es pública, afecta al bien común y daña la verdad divina, hay que impugnarla también pública y enérgicamente, incluso con ironía e increpaciones, sin considerar los respetos humanos. Recordemos que el primer acto de caridad es decir la verdad; únicamente así podemos amar realmente a Dios.
Si el rechazo público del imbécil moral o doctrinal no da resultado mediante la caridad de la suavidad (caritas suavitatis), no quedará más remedio que emplear la caridad de la severidad (caritas severitatis).
Por ende, tenemos mucho trabajo por delante…
Termino el día constatando que hay una buena parte de la Iglesia que prefiere mantener un discurso infantil, ingenuo y absurdo…
La renuncia al «pensamiento crítico» nos acerca a posiciones sectarias y alienantes.
¡Señores, la fe ilustra y perfecciona la razón, no la anula!
Mn Jaime Mercant Simó
No podéis impartir la Verdad cuando vuestro ego busca popularidad
Mensaje del Libro de la Verdad 🏹
10 de diciembre de 2013.
Cómo me duele ver tanta gente aceptando la falsa humildad, que se encuentra detrás del humanismo, que es tan favorecido por aquellos en Mi Iglesia.
Mi Labor como Salvador y Redentor de la raza humana ha sido ahora olvidado. La falsa humildad, dentro de Mi Iglesia, seguirá siendo presenciada y todos aplaudirán a los que promueven la necesidad de cuidar del bienestar material de los necesitados. Todo esto dará lugar a una falsa religión.
¿Cuándo, los que os llamáis siervos de Dios, decidísteis reemplazar la Verdadera Palabra de Dios con vuestra propia interpretación errónea de la misma? ¿Cuándo decidísteis reemplazar al Cristianismo con el humanismo, donde no se hace mención de Mí? ¿No sabéis que nada resulta, de lo que no viene de Dios? Qué poco habéis aprendido y qué necios, si creéis que vuestras supuestas buenas obras – concentradas en el bienestar material – pueden alguna vez reemplazar a la Verdad.
Cuando ignoráis vuestra labor principal – la doctirna más importante para salvar las almas de los hijos de Dios – entonces nunca podréis decir que sois siervos Mios. ¡Qué fácil es para vosotros convocar para salvar a los pobres, los miserables y a los miembros económicamente desfavorecidos de vuestra sociedad! Siguiendo esta ruta equivocada, en la que buscáis la admiración del mundo por vuestras así llamadas buenas acciones, entonces olvidáis la labor más importante, para la que fuísteis llamados. Esto es para servir a Mí, vuestro Jesús. No es para la búsqueda de popularidad personal en Mi Santo Nombre. ¿De qué le sirve a alguien tener las comodidades de la vida cuando no pueden salvar su alma? Si buscáis la admiración del mundo secular, a través de actos públicos, pensados para que os hagáis populares, entonces no cargáis Mi Cruz. Si no me imitáis, entonces no podéis hablar por Mí. No podéis impartir la Verdad cuando vuestro ego busca popularidad.
Cuando olvidáis el Sacrificio que Yo hice para salvar vuestras almas, entonces no podéis servirme. Cuando un sacerdote olvida la razón por la que se hizo servidor Mío, su caída de la gracia es diez veces más que la de un alma común. Porque cuando él mismo se quita de Mi, se lleva consigo a las almas que influye y que confían en su juicio. Oíd ahora, siervos Míos, este, Mi Llamado para salvar las almas de todos aquellos por los cuales habéis sido designados mediante el Sacramento del Orden Sacerdotal. Cuando falléis en repetir lo que os han enseñado, vosotros no instruís la Verdad. Cuando promovéis el humanismo y animáis a esas almas dentro de vuestra diócesis a hacer lo mismo, vosotros me rechazáis. Me sustituís, a Jesucristo, con el deseo no sólo de promover la justicia social, sino para buscar la admiración por vuestras buenas obras a los ojos de los demás. La admiración de los demás y vuestro deseo de ser populares significa que ya no estáis a Mi servicio. Cuando ya no estáis más a Mi servicio, os exponéis a caer en el error, y pronto ya no me reconoceréis en absoluto de la manera en que se supone que debiera ser.
Sólo los pocos, los elegidos, estarán a Mi servicio hasta el último Día. En ese Día, muchos de los que se llaman servidores en Mi Iglesia sobre la Tierra llorarán y gritarán pidiéndome que les muestre Misericordia. Para entonces, ellos me habrán perdido miles de millones de almas y porque muchos de ellos estarán tan atrapados en la abominación, que no podrán entender la verdad de su destino, hasta que sea demasiado tarde.
Despertad aquellos de vosotros que estáis incómodos con el sentimiento de desolación y confusión, que os rodea como servidores Míos en este momento. Permaneced firmemente enraizados en la Verdad en todo momento. Recordad vuestra labor como Mis siervos sagrados, que es alimentar a Mi Rebaño con la Verdad y aseguraros que ellos reciban el Alimento necesario para salvar sus almas.
Vuestro trabajo consiste en traerme almas.
Vuestro Jesús
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