Los cristianos están llamados a ser pacificadores. Sin embargo, la Iglesia también enseña que en circunstancias extremas —cuando la diplomacia y todos los demás medios pacíficos se han agotado— la guerra no solo es necesaria, sino una obligación moral.
Los cristianos están llamados a ser pacificadores.
Sin embargo, la Iglesia también enseña que en circunstancias extremas —cuando la diplomacia y todos los demás medios pacíficos se han agotado— la guerra no solo es necesaria, sino una obligación moral.
Sobre la teoría de la guerra justa.
En su Summa Theologiae, Santo Tomás de Aquino presenta un argumento convincente sobre las tres condiciones esenciales que deben cumplirse para que una guerra se considere justa.
Estas condiciones constituyen la base de los principios del jus ad bellum (justicia en la guerra).
La primera condición que estipula Santo Tomás de Aquino es que la guerra debe ser declarada por una autoridad legítima.
Explica que «el orden natural que propicia la paz entre los mortales exige que el poder de declarar y aconsejar la guerra recaiga en manos de quienes ostentan la autoridad suprema».
Este requisito garantiza que individuos o grupos privados no puedan iniciar guerras basadas en agravios personales, sino que la decisión de ir a la guerra recaiga en quienes tienen a su cargo el cuidado de los ciudadanos y el bien común.
La segunda condición es que una guerra solo puede declararse por una causa justa.
Afirma: «Se requiere una causa justa, es decir, que quienes son atacados lo sean porque lo merecen por alguna culpa».
Esta condición enfatiza que la guerra no debe librarse por razones inmorales o arbitrarias, sino que debe ser en respuesta a un mal o injusticia significativos.
Una causa justa es fundamental en el desarrollo de una guerra.
Amplía esta condición afirmando: «Una guerra justa suele describirse como aquella que venga agravios, cuando una nación o un estado debe ser castigado por negarse a reparar los agravios infligidos por sus súbditos o a restituir lo que se ha apropiado injustamente».
En consecuencia, la guerra es un medio extremo, pero necesario, para restablecer el orden y la justicia.
La tercera y última condición que Santo Tomás de Aquino presenta para una guerra justa es la recta intención.
Afirma que los combatientes deben siempre «procurar el bien o evitar el mal», incluso durante la batalla.
Esta condición excluye las guerras libradas por venganza, odio personal, afán de lucro u otros motivos inmorales, ya que estos hacen que la guerra sea injusta.
Santo Tomás de Aquino enfatiza que «la verdadera religión considera pacíficas las guerras que se libran no con fines de engrandecimiento ni de crueldad, sino con el objetivo de asegurar la paz, castigar a los malhechores y enaltecer a los buenos».
Esto guía los principios del jus in bellum (justicia en la guerra), que estipula que los combatientes no pueden atacar a civiles, saquear objetivos inocentes ni maltratar a prisioneros de guerra.
Es importante destacar que la Teoría de la Guerra Justa de Santo Tomás de Aquino también incorpora elementos de proporcionalidad y enfatiza que la guerra debe ser el último recurso, aunque estos no se establecen explícitamente como condiciones independientes.
Sugiere que no se puede librar una guerra por causas insignificantes y que debe existir una esperanza razonable de éxito para quienes luchan, y que la guerra no puede generar mayores injusticias que las del estado actual.
Estas consideraciones refinan aún más la aplicación de la Teoría de la Guerra Justa, garantizando que la decisión de ir a la guerra se tome con una cuidadosa deliberación y considerando debidamente sus consecuencias.
La teoría de la guerra justa de Santo Tomás de Aquino sigue vigente en el mundo moderno como marco moral para evaluar la justificación y la conducción de la guerra, aportando principios como la causa justa, la intención correcta y la autoridad legítima, aplicables a los conflictos contemporáneos.
En definitiva, la guerra es necesaria en circunstancias extremas para restablecer el orden, ya que, como afirma el filósofo, «hacemos la guerra para vivir en paz».
@IMPERATORAUS
Madre de la Salvación: Una nueva, amarga guerra mundial será declarada
Mensaje del Libro de la Verdad 🏹
6 de septiembre de 2013.
Debo, por las instrucciones de mi Hijo, Jesucristo, revelar que las guerras que se desarrollarán ahora en el Medio Oriente, anunciarán la gran batalla, mientras que una nueva, amarga guerra mundial será declarada.
Cómo rompe esto el Sagrado Corazón de mi pobre Hijo sufriente. El odio por la gente ordinaria, que impregna los corazones de aquellos líderes, encomendados con la responsabilidad de dirigir sus países, se extenderá. Ellos traicionarán a sus propias naciones. Millones serán asesinados y muchas naciones estarán involucradas. Debéis saber que las almas de aquellos que serán asesinados y que son inocentes de cualquier crimen, serán salvados por mi Hijo.
La velocidad de estas guerras se intensificará y no antes de que cuatro partes del mundo se involucren, la Gran Guerra será anunciada. Tristemente, serán utilizadas armas nucleares y muchos sufrirán. Será una guerra aterradora, pero no durará mucho.
Recen, recen, recen por todas las almas inocentes y continúen recitando mi Santísimo Rosario, tres veces al día, con el fin de aligerar el sufrimiento, que resultará debido a la Tercera Guerra Mundial.
Gracias, mi niña, por responder a mi llamada. Sepan que hay gran tristeza en el Cielo en este momento y es con un corazón apesadumbrado que les traigo esta difícil noticia.
Su Madre
Madre de la Salvación
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