Contra el Comunismo y contra el Liberalismo, por la propiedad privada. Introducción a la Doctrina Social Católica

Lean con atención este texto que he resumido para ustedes, no van a creer que es una encíclica papal.

Por Marco Antonio Casas Gálvez

León XIII

Lean con atención este texto que he resumido para ustedes, no van a creer que es una encíclica papal.

Es difícil realmente determinar los derechos y deberes dentro de los cuales hayan de mantenerse los empresarios y los proletarios, los que aportan el capital y los que ponen el trabajo. Es discusión peligrosa, porque de ella se sirven con frecuencia hombres turbulentos y astutos para torcer el juicio de la verdad y para incitar sediciosamente a las turbas.

Es urgente proveer de la manera oportuna al bien de las gentes de economía humilde, pues es mayoría la que se debate indecorosamente en una situación calamitosa, ya que, disueltos en el pasado los antiguos sistemas corporativos, sin ningún apoyo que viniera a llenar su vacío, desentendiéndose las instituciones públicas y las leyes de la religión de nuestros antepasados, el tiempo fue insensiblemente entregando a los obreros, aislados e indefensos, a la inhumanidad de los empresarios liberales y a la desenfrenada codicia de los competidores.

Hizo aumentar el mal la voraz usura, que, reiteradamente condenada por la autoridad de la Iglesia, es practicada, por hombres codiciosos y avaros bajo una apariencia distinta.

Añádase a esto que no sólo la contratación del trabajo, sino también las relaciones comerciales de toda índole, se hallan sometidas al poder de unos pocos, hasta el punto de que un número sumamente reducido de opulentos y adinerados ha impuesto poco menos que el yugo de la esclavitud a una muchedumbre infinita de proletarios.

Para solucionar este mal, el comunismo, atizando el odio de los menos pudientes contra los ricos, tratan de acabar con la propiedad privada, estimando mejor que, en su lugar, todos los bienes sean administrados por las personas que gobiernan la nación.

Creen que con este traslado de los bienes de los particulares al estado, se podría curar el mal presente. Pero esta medida es tan inadecuada para resolver la contienda, que incluso llega a perjudicar a las propias clases obreras; y es, además, sumamente injusta, pues ejerce violencia contra los legítimos empresarios.

Sin duda alguna, la razón misma del trabajo que aportan los que se ocupan en algún oficio lucrativo y el fin primordial que busca el obrero es procurarse algo para sí y poseer con propio derecho una cosa como suya. Si, presta sus fuerzas o su habilidad a otro, lo hará por esta razón: para conseguir lo necesario para la comida y el vestido; y por ello, merced al trabajo aportado, adquiere un verdadero derecho no sólo a exigir el salario, sino también para emplearlo a su gusto. Luego si, ahorra e invierte el fruto de sus ahorros en una finca, esta finca realmente no es otra cosa que una misma propiedad privada. Ahora bien: es en esto precisamente en lo que consiste, la propiedad de las cosas, tanto muebles como inmuebles.

Luego, el comunismo, empeora la situación de los obreros, en cuanto tratan de transferir los bienes de los particulares a la comunidad, puesto que, privándolos de la libertad de colocar sus beneficios, con ello mismo los despojan de la esperanza y de la facultad de aumentar sus bienes familiares.

Lo que todavía es más grave, proponen un remedio en pugna abierta contra la justicia divina, en cuanto que el poseer algo en privado y como propio es un derecho dado al hombre por Dios, es de necesidad conceder al hombre no sólo el uso de los bienes, sino también el poseerlos con derecho estable y permanente.

El que Dios haya dado la tierra para usufructuarla y disfrutarla a la totalidad del género humano no puede oponerse en modo alguno a la propiedad privada. Pues se dice que Dios dio la tierra en común al género humano no porque quisiera que su posesión fuera indivisa para todos, sino porque no asignó a nadie la parte que habría de poseer, dejando la delimitación de las posesiones privadas al libre albedrío de los individuos y a las instituciones de los pueblos.
Por lo demás, a pesar de que se halle repartida entre los particulares, no deja por ello de servir a la común utilidad de todos, ya que no hay mortal alguno que no se alimente con lo que los campos producen.

Con lo que de nuevo viene a demostrarse que las posesiones privadas son conforme a la naturaleza divina. Pues la tierra produce con largueza las cosas que se precisan para la conservación de la vida y aun para su perfeccionamiento, pero no podría producirlas por sí sola sin el cultivo y el cuidado del hombre; Cuando el hombre aplica su habilidad intelectual y sus fuerzas a procurarse los bienes de la naturaleza, por este mismo hecho se adjudica a sí aquella parte de la naturaleza corpórea que él mismo cultivó, en la que dejó impresa su huella, de modo que sea absolutamente justo que use de esa parte como suya y que de ningún modo sea lícito que venga nadie a violar ese derecho de él mismo.ˋ

«la propiedad privada es la más conforme con la naturaleza del hombre».

De todo lo cual se sigue claramente que debe rechazarse de plano esa fantasía del comunismo de reducir a común la propiedad privada, pues que daña a esos mismos a quienes se pretende socorrer, repugna a los derechos naturales de los individuos y perturba la tranquilidad común. Por lo tanto, cuando se plantea el problema de mejorar la condición de las clases económicamente débiles, se ha de tener como fundamental el principio de que la propiedad privada ha de conservarse inviolable. Sentado lo cual, explicaremos dónde debe buscarse el remedio que conviene.

Suponer que una clase social sea espontáneamente enemiga de la otra, como si la naturaleza hubiera dispuesto a los ricos y a los pobres para combatirse mutuamente en un perpetuo duelo, es completamente ajeno a la razón y a la verdad, ni el capital puede subsistir sin el trabajo, ni el trabajo sin el capital.

Para obreros y patronos: Que los trabajos remunerados, si se atiende a la naturaleza y a la Doctrina Social Católica, no son vergonzosos para el hombre, sino de mucha honra, en cuanto dan honesta posibilidad de ganarse la vida que es vergonzoso abusar de los hombres como de cosas de lucro y no estimarlos en más que cuanto sus nervios y músculos pueden dar de sí.

Cierto es que para establecer la medida del salario con justicia hay que considerar muchas razones; pero, generalmente, tengan presente los patronos que oprimir para su lucro a los necesitados y buscar su ganancia en la pobreza ajena no lo permiten ni las leyes divinas ni las humanas. Y defraudar a alguien en el salario debido es un gran crimen, que llama a voces las iras vengadoras del cielo.
-¡He aquí que el salario de los obreros, que fue defraudado por vosotros, clama; y el clamor de ellos ha llegado a los oídos de Dios y sus ejércitos!-

No es justo, que ni el individuo ni la familia sean absorbidos por el Estado; lo justo es dejar a cada uno la facultad de obrar con libertad hasta donde sea posible, sin daño del bien común y sin injuria de nadie.
No obstante, los que gobiernan deberán atender a la defensa de la comunidad y de sus miembros, porque la administración del Estado debe tender por naturaleza no a la utilidad de aquellos a quienes se ha confiado, sino de los que se le confían, como unánimemente afirman la filosofía y la fe Católica. Y, puesto que el poder proviene de Dios, deberá aplicarse a la manera de la potestad divina, que vela con solicitud paternal no menos de los individuos que de la totalidad de las cosas.

Si, por tanto, se ha producido o amenaza algún daño al bien común o a los intereses de cada una de las clases que no pueda subsanarse de otro modo, necesariamente deberá afrontarlo el poder público.

Ciertamente, la mayor parte de los obreros prefieren mejorar mediante el trabajo honrado sin perjuicio de nadie; se cuenta, sin embargo, no pocos, imbuidos de perversas doctrinas y deseosos de revolución, que pretenden por todos los medíos concitar a las turbas y lanzar a los demás a la violencia. Intervenga, por tanto, la autoridad del Estado y, frenando a los agitadores, aleje la corrupción de las costumbres de los obreros y el peligro de las rapiñas de los legítimos dueños de las propiedades privadas.

Se deduce la necesidad para todos, obreros y patronos de interrumpir las obras y trabajos durante los días festivos. Nadie, sin embargo, deberá entenderlo como el disfrute de una más larga holganza inoperante, ni menos aún como una ociosidad, engendradora de vicios y fomentadora de derroches de dinero, el descanso aparta al hombre de los trabajos y de los problemas de la vida diaria, para atraerlo al pensamiento de las cosas celestiales. Este es, principalmente, el carácter y la causa del descanso de los días festivos, que Dios sancionó ya en el Viejo Testamento con una ley especial: -Acuérdate de santificar el descanso-, enseñándolo, además, con el ejemplo de aquel arcano que descanso después de haber creado al hombre: «Descansó el séptimo día de toda la obra que había realizado»

Los hombres, sabiendo que trabajan en lo que es suyo, ponen mayor esmero y entusiasmo. Aprenden incluso a amar más a la tierra cultivada por sus propias manos, de la que esperan no sólo el sustento, sino también una cierta holgura económica para sí y para los suyos. No hay nadie que deje de ver lo mucho que importa este entusiasmo de la voluntad para la abundancia de productos y para el incremento de las riquezas de la sociedad. De todo lo cual se originará otro tercer provecho, consistente en que los hombres sentirán fácilmente apego a la tierra en que han nacido y visto la primera luz, y no cambiarán su patria por una tierra extraña si la patria les da la posibilidad de vivir desahogadamente.

Contra la lucha de clases, de las Sagradas Escrituras es esta sentencia: «Es mejor que estén dos que uno solo; tendrán la ventaja de la unión. Si el uno cae, será levantado por el otro. ¡Ay del que está solo, pues, si cae, no tendrá quien lo levante!». Y también esta otra: «El hermano, ayudado por su  hermano, es como una ciudad fortificada».

CARTA ENCÍCLICA RERUM NOVARUM AÑO 1891. LEÓN XIII.

El Español Digital

Más naciones se están uniendo y más hijos de Dios serán gobernados por un solo cuerpo

Mensaje del Libro de la Verdad 🏹

23 de abril de 2012.

Mi muy querida bienamada  hija, el tiempo para que los cambios en cómo los gobiernos de todo el mundo gobiernen a sus países, está a punto de llevarse a cabo.

Más naciones se están uniendo y más de los hijos de Dios serán gobernados por un solo cuerpo.

Es el momento para que mantengáis vuestros ojos bien abiertos y escuchar sobre cualquier cambio en las leyes, las cuales, os empobrecerán.

Luchad contra las leyes que controlen a vuestros proveedores alimenticios.

Dios, Mi Padre Eterno, castigará a aquellos grupos malignos, si tratan de matar de hambre a Sus hijos.

Este, Mis seguidores, es el tiempo para que el Tercer Sello sea revelado.

Aunque éste no será abierto por algún tiempo, os digo esto para que podáis tratar de preparar vuestro propio alimento sembrándolo y guardando  productos alimenticios que no caduquen.

Con el tiempo vuestro alimento será restringido, como también el acceso al agua potable.

Este grupo (el Nuevo Orden Mundial), mientras se debilita por el poder de vuestras oraciones, quiere matar de hambre y envenenar a muchas personas inocentes, en un intento para reducir la población mundial.

Ellos lucharán sin descanso para lograrlo.

Mientras ellos continúen infligiendo terror a los hijos de Dios, Mi Padre Eterno, creará castigos ecológicos y borrará a millones de estas personas malvadas, de la faz de la Tierra.

Vuestros patrones meteorológicos continuarán cambiando. Con el tiempo esto afectará la capacidad de comerciar, a fin de que las potencias mundiales sean detenidas en sus planes perversos.

A través de toda esta crisis, vosotros, Mi ejército, debéis pedir a Dios Padre que os proteja de esa gente y para que abran su endurecido corazón a la Verdad de la Misericordia de Dios.

Os digo esto para que os podáis preparar.

Estos acontecimientos, no se llevarán a cabo inmediatamente y muchos de estos planes pueden ser evitados y mitigados mediante vuestras oraciones y sacrificios.

El mal no proviene de Dios. Él se genera de la codicia, del amor a sí mismo y de la sed por el poder y el control. Todas estas debilidades son generadas por satanás y colocadas delante de los líderes mundiales, para tentarlos, para que así ellos puedan dañar a los hijos de Dios.

No dejéis que los poderes de satanás controlen vuestros Países.

Rezad, rezad, rezad para que tengáis la fortaleza de oponeros a las medidas diseñadas para haceros ser pobres, dependientes y estar a merced de aquellos que controlan vuestros Países. Ellos gobiernan, bajo los poderes mundiales que consisten en el Reino Unido, Estados Unidos de América, la Unión Europea, China y Rusia.

Yo, vuestro Jesús, os ayudaré a evitar la persecución, pero, recordad que la oración será vuestra arma principal.

La oración, puede detener a estas personas malvadas de adueñarse de vuestra habilidad de comer, beber, vestiros y de asistir a las Iglesias Cristianas.

Luchad en Mi Nombre y Yo estaré de pie junto a vosotros en todo momento.

Vuestro bienamado Jesús

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