El Círculo Virtuoso de Nuestro Señor Jesucristo

La Palabra de Cristo me lleva a buscar a Jesús presente en el Santísimo Sacramento; y ese amor a Cristo, presente, verdadera, real y sustancialmente en la Hostia Consagrada, me lleva a conocerlo más en Su Palabra. Así hacían los santos.

Por P. Jorge Hidalgo

 

Las Sagradas Escrituras no deben estar llenas de polvo en casa, deben ser leídas e interpretadas en el seno de la Iglesia para que Nuestro Señor abra nuestros ojos, encienda nuestros corazones y vayamos a anunciarlo.

 

Toda la Escritura nos habla de Nuestro Señor, todo es una descripción de Él, es una preparación para que nosotros creamos que Jesús es el Señor y que nos encontremos con Él, porque no hay otro nombre dado a los hombres por el cual debamos salvarnos.

 

Le pasó a San Pablo, cuando era Saulo de Tarso y perseguía a los cristianos. Tuvo una visión de Nuestro Señor tras la cual estuvo tres años en Arabia, rezando, meditando la Escritura, y después fue a ver a los apóstoles.

 

Lo mismo les pasó a los discípulos de Emaús. En el camino, Nuestro Señor les hace una exégesis, una interpretación de la Sagrada Escritura, con la cual se den cuenta que Jesús es el único Señor. Pero ellos no se quedan con eso para ellos solos, sino que van a los apóstoles y aceptan la resurrección del Señor.

 

Hay que dejar claro, entonces, que no es posible interpretar la Biblia como a cada quien se le ocurra, eso no lo hicieron ni los mismos personajes que están en la Palabra de Dios.  Los evangélicos, por ejemplo, tienen dos o tres citas de memoria, porque para ellos la Biblia es un libro cerrado, no pueden interpretarla en el seno de la Iglesia.

Nosotros sabemos, porque la Iglesia lo enseña, que tenemos 73 libros inspirados por Dios. Hubo un montón de libros que se querían hacer pasar por inspirados por Dios; hoy tenemos cuatro evangelios, pero existen un montón de evangelios más que, por supuesto, no son de Dios, y a lo mejor eran relatos edificantes para rellenar los datos que no sabemos del Evangelio, pero esos no están inspirados por Dios.

 

La Iglesia católica es la única que tiene la autoridad para interpretar los textos sagrados. Esa es la función de los sumos pontífices, de los Papas, ellos tienen que decirnos qué es lo que está revelado y debe así ser conservado. Y todo lo demás, no.

 

Esto es muy importante de conservar en un mundo en el que parece que todo da lo mismo, creer o no en la Virgen… es una dictadura del relativismo en la que parece que todo es igual.

 

Si todo da igual, yo podría decir que 2+2 son 5 y podría estafar a alguien con el resultado; pero no, así como en las matemáticas tenemos la certeza de que 2+2 son 4, con más razón tenemos la certeza para las verdades de la fe.

 

Para no aplicar este relativismo, es que la Escritura tiene que ser leída en el seno de la Iglesia, debemos interpretarla con el mismo espíritu que fue escrita. Es necesario, por supuesto, que recemos más con la Biblia, que la conozcamos y la estudiemos, pero siempre con el espíritu que tuvieron los santos, de adoración al frente de esa palabra.

 

Lo que Cristo hace a través de Su Palabra

 

Hay gente que dice: “sí, soy católico, pero yo no creo en los curas”; “sí, soy católico, pero yo rezo cuando quiero, veo la Misa en mi casa”. Utilizando este mismo principio, veamos si para alimentarse, para saciar el hambre, bastaría con que ponga un canal gourmet en la televisión, en su casa. Evidentemente, mirando cómo se prepara un platillo por la televisión, no va a comer, no va a saciar su hambre; de la misma manera no es suficiente decir “amo a Dios y rezo en mi casa”.

 

Es necesario que ese acto de fe que uno hace en Jesús resucitado, lo manifieste y se una a Nuestro Señor en la Santa Misa en una comunión bien hecha, estando bien confesado y en gracia de Dios, y además en la visita del Santísimo Sacramento.

Ese encuentro personal de cada uno de nosotros con Nuestro Señor Eucarístico, es el que nos hace reconocer que Cristo hace arder nuestros corazones, como ocurrió con los apóstoles: ¿No ardía acaso nuestro corazón mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras? Así es como la fe aumenta por la lectura de la Palabra de Dios en el seno de la Iglesia, cuando rezo con la Palabra de Cristo.

 

Al mismo tiempo esa Palabra me lleva a buscar a Jesús presente en el Santísimo Sacramento; y ese amor a Cristo, presente, verdadera, real y sustancialmente en la Hostia Consagrada, me lleva a conocerlo más en su Palabra. Así hacían los santos, ellos vivían meditando la Palabra de Dios y cuando algo no entendían, iban a la Eucaristía.

 

Pensemos, por ejemplo, en Santo Tomás de Aquino, el santo más grande de todos los sabios teólogos que nos han enseñado la Palabra de Dios. Él conocía la Escritura de memoria. Conocía los testimonios de los Padres de la Iglesia, conocía la patrística de memoria.

 

De hecho, el comentario de la Catena Aurea, que son comentarios de los cuatro Evangelios, Santo Tomás la escribió de memoria; sin embargo, cuando escribía teología, a veces había cosas que no podía interpretar a pesar de tener esa mente tan brillante. Y más de una vez, dicen sus contemporáneos que lo encontraban poniendo la cabeza en el Sagrario, pidiéndole al Señor luz, justamente, para escribir la teología tal cual como las cosas son.

 

Falta de fe, tristeza y miedo

 

¿Cuál era el problema de raíz de los discípulos de Emaús? Les faltaba fe. No creían en el testimonio de las mujeres que estuvieron en el sepulcro y vieron a los ángeles, pensaban que era un cuento, una hermosa ilusión, pero que nada era real. Se negaban a aceptar lo que escuchaban.

Ante esa incredulidad, Nuestro Señor, con la misericordia que lo caracteriza, tiene que venir a despertarnos, a zarandearnos para que se nos abran los ojos y podamos ver las cosas que antes no escuchábamos y no veíamos porque nos hace falta el don de la fe.

 

Por la falta de esta virtud, hay dos características que se observan en los discípulos que iban por el camino de Emaús:

 

Por un lado, estaban con el semblante triste. Porque cuando se pone toda la esperanza en Cristo solamente para las cuestiones de esta vida, somos los hombres más miserables de todos. Queremos que Cristo nos dé la salud del cuerpo, solucione mi problema del hambre, dé la paz al mundo, me dé un trabajo y así de esa manera pienso que va a proveerme solamente las cosas de este mundo, cosas que tarde o temprano se acaban; seremos los más miserables. 

Lo esencial del cristianismo no es eso. Dios también puede darnos estas cosas cuando ordenamos nuestra vida conforme a Él porque entonces se acaba el egoísmo y por lo tanto se acaba el hambre, la guerra injusta y todos los males que provienen por la falta de Dios en nuestra vida.

La segunda característica de los discípulos con falta de fe es que tenían miedo, pero ¿por qué? Los discípulos que encontraron a Nuestro Señor Jescristo en el camino a Emaús le invitaron que siguiera caminando con ellos, fue un gesto de caridad porque caminar de noche entre las ciudades era muy peligroso, podría haber ladrones, asaltantes.

Cuando uno no tiene una visión sobrenatural es cuando tiene miedo a perder la vida, miedo a perder los bienes, miedo a perder la honra, miedo a perder el trabajo, miedo a perder el puesto y muchos otros miedos. Este es el problema de estos hombres. Sin embargo, Nuestro Señor los va a buscar porque sabe que se han de convertir.

 

¿Por qué Saulo y por qué los discípulos de Emaús fueron a ver a los apóstoles? Porque Cristo les abrió las Escrituras y los ojos de los discípulos se abrieron. Antes sus ojos estaban cerrados pero sus ojos se abrieron cuando entienden la Escritura, tal cual como Cristo se lo explica, cuando lo entienden en el seno de la Iglesia, y es lo que les sirve para reconocer a Cristo en la Fracción del Pan.

 

La expresión “Fracción del Pan”, que está en el libro de los Hechos de los Apóstoles varias veces, quiere representar la Santa Misa. Es decir, si yo reconozco a Jesús que está vivo, que ha resucitado, y me doy cuenta que su Palabra me habla a mí también hoy, entonces esa explicación a mí me lleva necesariamente a la Santa Misa.

Me lleva a querer hacerme una sola cosa con Nuestro Señor, al deseo de adorarlo en el Santísimo Sacramento. A venir a la Misa y a venir también fuera de Misa a adorar a Jesús que está presente en el Sagrario.

  

Pidamos a la Santísima Virgen María la gracia del amor a la Palabra de Dios que nos lleve a conocer más a Cristo y a querer unirnos a Él en la Santa Eucaristía. Que Ella nos obtenga la gracia también de entender bien la Palabra como el Señor nos la enseña para que también demos testimonio a todo el mundo de que Jesús es el Señor.

 

Que la Biblia no esté llena de tierra en nuestra casa; sino que sea un libro de lectura habitual en nuestro hogar, tanto de manera individual como familiarmente; que no caigamos en las interpretaciones protestantes: “a mí de esto me dice esto” sino que recurramos a lo que se ha explicado en el seno de la Iglesia.

 

Si hacemos esto, tendremos lo opuesto a lo que le pasaba antes a los discípulos, tendremos una alegría que nadie nos podrá quitar y tendremos ese deseo de dar testimonio de que Jesús ha resucitado; tal como les sucedió a ellos una vez que descubrieron que el Señor caminaba con ellos.

Ellos se olvidaron de que le habían dicho a este transeúnte que era Cristo, quédate aquí porque es tarde, porque era peligroso caminar entre ciudades, por caminos desiertos en el mundo antiguo. Ellos se olvidaron de ello y se fueron a Jerusalén para dar testimonio: “es verdad, el Señor ha resucitado”.

 

El que tiene el corazón fijo en la eternidad no teme nada de este mundo, aunque nos quiten lo que sea, aunque sea la misma vida, no nos interesa; porque lo importante va a ser que, justamente como dicen San Pedro y San Juan en el Libro de los Hechos de los Apóstoles: no podemos callar lo que hemos visto y oído.

Luz y Tradición

Insto a Mis seguidores a recordar a la gente la importancia que tiene leer la Santa Biblia

Mensaje de Jesús 🏹

23 de Enero, 2013 

Mi muy querida hija, estoy feliz y complacido por el amor que Mis discípulos guardan en sus corazones por Mí.

El cielo se regocija por la velocidad en la que mis divinos Mensajes y Oraciones se están difundiendo a través de todo el mundo. Éste es el momento predicho, desde hace mucho, en el que Mi Santo Evangelio será predicado por el mundo entero.

Insto a Mis seguidores a recordar a la gente la importancia que tiene leer la Santa Biblia, la Palabra establecida según la voluntad de Mi Padre.

Hoy, Mi Palabra es pronunciada, otra vez (una vez más), para inculcar en la mente de la gente, hoy en día, la importancia de Mis enseñanzas. Si no se acepta la Palabra de Dios da como resultado la muerte del alma.

Cada ser humano nació en la tierra con el libre albedrío. A cada ser humano a quien la vida le fué dada por Mi Padre, se le puso a disposición el Sacramento del Bautismo, pero no a cada criatura de Dios se le dió acceso a este importante Regalo, que limpia el alma y la libera de los demonios.

A cada ser humano se le dió derecho a la Verdad de Mis enseñanzas, pero no a todos se les dió la Verdad. En su lugar, falsas religiones fueron alimentadas dentro de las almas de inocentes. Esto condujo a odiarse unos a otros, mientras las mentiras creadas y difundidas por tales falsas religiones, infectaron los corazones de las personas.

La verdad es que Mi Santa Palabra es el alimento del alma. Sin ella, el alma se marchita. Cuando está carente de la paz que Mi amor le brinda, ella busca entonces consolación en los brazos de las cosas mundanas, las que finalmente, la dejarán vacia de todo consuelo.

Ahora que Mi Santa Palabra está siendo encendida en los corazones de los hombres que ya no tienen entusiasmo, Mi Amor se propagará cuando la Verdad sea dada a la humanidad. Este amor atraerá a las almas hambrientas, y así Mi Plan de Salvación continuará. Quiero agotar todas las posibilidades, utilizando los corazones de las almas humildes –que verdaderamente me aman–  para salvar a la  raza humana en su totalidad. No importa a qué dios ellos idolatren porque, muy pronto, la Verdad les será revelada. Entonces no querrán más nada, sólo Mi Gloriosa Presencia.

Vuestro Jesús

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