Mentimos con la palabra, cuando se conoce la verdad y no se habla

La mentira por omisión es precisamente esto: Una de las maneras más implícitas de mentir con la palabra y en definitiva con nuestra llamada a ser en esta vida, que sucede cuando se conoce la verdad y no se habla y no se actúa con transparencia.

Una arenga en el Mes del Sagrado Corazón

Nuestra CIVILIZACION está agonizando, porque hemos sido incapaces de morir por y de AMOR por JESUCRISTO, de batirnos por LA VERDAD, asombrarnos ante la BELLEZA y entender la MUERTE, como la VERDADERA Vida que empieza. Nuestra CIVILIZACION muere de tibieza aséptica. Solo el EXTREMISMO la podrá salvar.

Por Jesús del Pino Marín

El primer día del triduo al Sagrado Corazón de este año, el sacerdote que celebró la misa en la parroquia de Ntra. Sra. de la Asunción en Almonte (Huelva), aprovechó su homilía para enseñarnos cual era la razón que seguía haciendo sufrir tanto al Señor. Como la misa se ofrecía también por una persona que había fallecido recientemente, la Iglesia estaba concurrida por una gran multitud.

Nos dijo que el Sagrado Corazón de Jesús sufría porque nos veía sufrir a nosotros, porque nos peleamos entre unos y otros, por el hambre que había en el mundo… en fin, una serie de razones que sabemos que suelen sonar bien a los oídos de aquellos que escuchan, aunque no dijo que el verdadero  dolor que causan esas espinas al Sagrado Corazón son nuestros propios pecados. No cabe duda de que en parte es cierto lo que él nos dijo al principio, pero como consecuencia de todos los pecados de la humanidad.

Cuando tuve la ocasión de dialogar sobre esto en el despacho parroquial, le dije que hubo una gran multitud aquel día y que podría haber aprovechado su homilía para llevar nuestro corazón a la contrición y también a la atricción y que por no haber hablado claro había contristado al Señor, pues por esta razón cada vez se están perdiendo muchas más almas en el infierno y otras en el mejor de los casos tenían que pasar un larguísimo tiempo penando en el purgatorio.

A pesar de que me enfoqué en la idea de su falta de transparencia, me respondió que esto formaba parte de su método aquel día y momento, ya que me dijo que creía que en esa ocasión su homilía debería de ir enfocada por otra cosa, y que otro día en otra dirección sobre el Corazón de Jesús y lo había hecho así conforme a lo que le había parecido mejor.

Hubo un momento en la conversación que le dije que no había contado la verdad. Esto hizo que el sacerdote se enfadase conmigo porque según él le estaba llamando mentiroso. En ese momento tuve que pedirle perdón, no porque me echase atrás en lo que le acababa de decir, sino para evitar romper aquel necesario diálogo,  pues cuando no se habla claro, se puede entender que no se habla con verdad, y era ahí donde quería ir a parar.

La mentira por omisión es precisamente esto: Una de las maneras más implícitas de mentir con la palabra y en definitiva con nuestra llamada a ser en esta vida, que sucede cuando se conoce la verdad y no se habla y no se actúa con transparencia.

La transparencia es necesaria para poder evitar la propagación de la CORRUPCIÓN en cualquiera de sus mil rostros.  Por esta razón los cristianos al transmitir con toda fidelidad el mensaje y las enseñanzas de nuestro Señor Jesucristo, cuando nos dijo que: «vosotros sois la luz del mundo» (Mc. 5,14)por desgracia la mayoría de los cristianos se empeñan en ocultar esa ciudad a la que se refiere el Señor puesta en lo alto del monte, porque sus habitantes se encuentran escondidos en sus catacumbas o directamente el lugar pasó a ser ya un cementerio.

«Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos» (Mc. 5,16). Esas buenas obras que agradan al Señor y que le dan gloria es la auténtica vida de piedad, pero tal como nos lo adelanta san Pablo: «por otra parte, todos los que quieran vivir piadosamente en Cristo Jesús serán perseguidos» (2 Tim. 3,12). Aquí se encuentra  la clave que explica la razón de por qué muchos cristianos, comenzando por esta clase de sacerdotes, no se atreven a hablar con plena franqueza (parresia), primero porque no son piadosos de verdad al rehuir de la persecución que es lo que nos hace salir de la comodidad y por tanto nos hace convertirnos en una verdadera Iglesia en salida. La persecución es completamente indeseable y repelente para nuestra naturaleza más carnal y materialista, aunque al vivir esta pequeña participación de los sufrimientos que primeramente padeció Cristo como modelo de Sacerdote, Profeta y Rey nos hace ser más semejantes a Él, lo que nos convierte en cristianos más entregados, más fieles, más auténticos…

Es por medio de esta entrega y fidelidad auténtica del cristiano cuando se enciende su pasión por evangelizar, porque se es más consciente de la pérdida que supone para el Señor aquellas almas que no tienen la oportunidad de que se les hable al corazón o directamente a sus conciencias. Si, sabemos que a muchos les va a molestar, pero los cristianos estamos más para encandilar con nuestro brillo que ser una luz en el candelero con una mecha que humea o es vacilante y que por esta razón no ilumina la oscuridad en los corazones de las ovejas descarriadas que quiere atraer el Señor a su Sagrado Corazón, cuando nos ofrecemos sinceramente a Él como instrumentos a su servicio ante cualquier llamada que nos quiera hacer.

La conversación terminó casi en seco con palabras que le repetí con insistencia «su palabra no ha llegado a los corazones de estas personas». Su respuesta astuta fue dirigiéndose de nuevo a mi en forma de pregunta: «¿Se lo preguntamos uno por uno?» No hacia falta responderle cuando me iba, pues por desgracia para mí era suficiente porque venía a suponer una homilía más en la que muy pocos o, a decir verdad, ninguno, iba a provocar que se acercara con premura al confesionario arrepentido de sus propios pecados. Aunque la oportunidad sí que la hubo y como estas muchas se pierden en todo el mundo, muy especialmente cuando las personas que no practican van a misa para cumplir con la familia de un difunto.

Cuantas cuentas nos pedirá el Señor a muchos de nosotros, pues Él ya lo dice, «El criado que, conociendo la voluntad de su señor, no se prepara ni obra de acuerdo con su voluntad, recibirá muchos azotes; pero el que, sin conocerla, ha hecho algo digno de azotes, recibirá menos. Al que mucho se le dio, mucho se le reclamará; al que mucho se le confió, más aún se le pedirá. He venido a prender fuego a la tierra, ¡y cuánto deseo que ya esté ardiendo!» (Lc. 12,47-49).

https://novaevangelizatio.org/7347-2

Aferráos a la Verdad en todo momento, ya que sin ella, estaréis viviendo una mentira

Mensaje de Jesús 🏹

28 de septiembre de 2014

Mi muy querida bienamada hija, la Palabra de Dios, como fué establecida por Él, y la Palabra dictada a Mis Santos Apóstoles, fue el fundamento sobre la que Mi Cuerpo Místico, la Iglesia, fue construida.

La Palabra Eterna es el fundamento sobre el que se asienta la Iglesia. No es al revés. La Palabra de Dios es Eterna – está fundida en piedra. Es el fundamento de la Verdad. El fundamento de Mi Iglesia no puede ser sacudido, pero el edificio que está edificado sobre ella, puede que sea cambiado y modificado. Sin embargo, si el edificio cambia, entonces el fundamento puede que no lo sostenga si se desvía de la estructura del edificio para el que fue diseñado.

La Palabra de Dios nunca podrá ser modificada, ya que nunca puede cambiar. Porque ¿cómo podría? Dios no dijo una cosa para que signifique otra. La Iglesia debe estar al servicio de la Palabra de Dios. La Palabra de Dios no está al servicio de aquellos miembros de Mi Iglesia quienes puede que sientan diferente. Atreveos a manipular la Palabra y  me traicionaréis, a Mí Jesucristo. Yo Soy la Iglesia. Mi Cuerpo es la Iglesia y todo lo que brota de Mí es sagrado. Porque en tanto que la Verdad sea sostenida por vosotros, aquellos siervos consagrados Míos, pueden representarme. Mientras confiéis en Mí y me honréis y os aseguréis que los procedimientos adecuados estén en su lugar dentro de Mi Iglesia, entonces podéis decir que soís Míos.

Cuando Dios dictó los Evangelios, por el Poder del Espíritu Santo, la Palabra puede que haya sido presentada utilizando diferentes expresiones, pero, de cualquier manera, sigue siendo la misma. Cuando Dios habló a través de los profetas y a aquellos apóstoles Míos, bendecidos con el Don del Espíritu Santo, el lenguaje era claro, sencillo y con autoridad. Lo mismo se puede decir de hoy, cuando Dios habla a Sus profetas. El lenguaje es claro y simple y es entregado con autoridad, porque viene de Dios. Las palabras pronunciadas por Mí, su Redentor, son fieles a Mi Santa Palabra contenida en las Escrituras, porque vienen de la misma Mano. Por lo tanto, todo el que os dé una nueva versión de la Verdad, que sea difícil de entender, difícil de seguir y vaga, tened cuidado. Cuando la Verdad es torcida, una doctrina falsa emanará de ella. Estará llena de agujeros; ilógica y exactamente contraria a la Santa Palabra de Dios.

Cuando se os diga que Dios aceptará el pecado por Su Misericordia, sabed que esto es una mentira. Dios aceptará al alma arrepentida, pero nunca el pecado, porque esto es imposible.

Aferráos a la Verdad en todo momento, ya que sin ella, estaréis viviendo una mentira.

Vuestro Jesús

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