Último e importantísimo mensaje del Espíritu Santo a través de la hermana Amapola. Vamos a leer el mensaje cuidadosamente y ponerlo en oración para discernir entre todos qué es lo que debemos hacer.
Introducción del Padre Juan María
Muchas personas nos han estado preguntando cómo entender lo que Dios Padre ha dicho en Mensajes anteriores referente al “separaos”, y específicamente si deben continuar yendo a Misa y recibiendo la Santa Comunión en sus parroquias actuales. Para un fiel católico estas preguntas pueden ser agonizantes. Las situaciones individuales varían mucho. Algunos sienten fuertemente que el Señor les está diciendo que no deben continuar en sus parroquias. Otros tienen otro sentir. Nosotros no sabemos la respuesta a todas estas preguntas. Así que le pedimos a la Hermana Amapola que preguntara al Señor. Este Mensaje es la respuesta que ella recibió. Como verán, es un Mensaje difícil, por tanto, hemos pedido a la Hermana que nos de su percepción sobre la mejor manera de recibirlo. Yo también añadiré unos comentarios de explicación al final.
Nota de la Hermana Amapola
Tanto los tiempos que estamos viviendo como estos Mensajes nos plantean muchas preguntas sobre qué hacer en estas circunstancias particulares.
Como seres humanos normales queremos claridad. Y en asuntos morales y espirituales tan serios como estos quisiéramos tener claridad absoluta y que nos den instrucciones muy específicas. Queremos que Dios nos diga exactamente qué hacer para hacerle feliz, permanecer en la Verdad, y no poner a nuestras almas en peligro.
Sin embargo, lo que Dios Padre nos está pidiendo ante todo es un acto de Fe – el someternos de todo corazón a Su Voluntad y dirección, a pesar de no poder entender claramente y no tener direcciones precisas sobre qué hacer, a pesar de la confusión y el miedo que nos rodea, confiando en que Él nos guiará y protegerá; y diciendo con Nuestra Madre Santísima, “He aquí la Esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra.”
Me parece que al leer este Mensaje es importante y ayuda recordar esto y pedir la Luz y la ayuda del Espíritu Santo, para que podamos recibir la verdadera esencia de lo que nos quiere comunicar: no sólo las advertencias tremendas (que necesitamos oír), sino sobre todo el Amor fundamental y la certeza de Su ayuda que nos transmite.
No sé cómo interpretar muchos pasajes; me siento fácilmente abrumada por la gravedad de lo que se dice y por el tremendo peso de la responsabilidad que supone hacer públicas estas palabras. Pero sé que detrás de cada Palabra hay todo un océano de Luz y Misericordia que se nos ofrece – en este momento – para ayudarnos a vivir estos tiempos y poder cooperar con Su Plan y no ser estorbo. Con Nuestra Madre Santísima conservamos todas estas cosas meditándolas en nuestros corazones y tratamos de hacer todo cuanto Él nos diga (Lc 2,51; Jn 2,5).
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10 de julio, 2026
El Espíritu Santo. “Separaos del veneno.”
(Este Mensaje fue dictado en inglés y esta es la traducción que la Hermana hizo al español.) (NOTA: Las notas a pie de página no son dictadas por el Señor. La Hermana las añade. En ocasiones para ayudar a esclarecer para el lector lo que la Hermana percibió referente al sentido de palabras o expresiones, y en otras para transmitir el tono en que el Señor habló. Las citas de las Sagradas Escrituras frecuentemente se incluyen por la gracia que contienen que ayuda en la lectura de los Mensajes.)
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Hijos Míos,
Soy Yo, Mirrén,[1] el Divino Espíritu de Dios, el Espíritu de la Sabiduría, Quien responde.
Veo la tristeza de tantos de Mis hijos ante la confusión que ha invadido ya a toda Mi Iglesia.
Cuánto dolor es causado por el rechazo de la Verdad y del orden que el Padre estableció para el bien de todos Sus hijos.
Recordad, Mis pequeños, que TODO lo que el Padre ha establecido, ordenado, mandado, se ha hecho por Amor a vosotros; por vuestro bien eterno; TODO llevando a la unión perfecta en el Misterio Divino de la Santísima Trinidad, por toda la eternidad.
Cuando el orden[2] establecido por el Padre permanece en su lugar, cuando la Línea de Autoridad[3] que Él estableció permanece en su lugar, entonces las almas son alimentadas, nutridas, protegidas, y ayudadas por medio de este orden y esta autoridad. Y el actuar fuera de estos límites se convierte en un peligro – la tentación a la rebelión y a la soberbia se hace más fuerte y más difícil de resistir.
Por siglos este orden y esta línea de autoridad, ambas manando del Trono de Dios, de Su Corazón, han actuado como baluarte para Mis hijos, a pesar de las muchas imperfecciones y malentendidos que las han plagado desde el principio.
El orden y la Línea de Autoridad son perfectas, pero aquellos que actúan dentro y por medio de ellas son imperfectos, pecadores, débiles.
El Misterio de la Voluntad Permisiva del Padre está en acción aquí – frecuentemente permitiendo que estas imperfecciones e injusticias existan para así probar y purificar y santificar a las almas por medio de la humildad, el abandono, la Fe, y la obediencia.
Pero Mis hijos, la Hora de la Pasión de la Iglesia, del Cuerpo Místico de Jesús, el Verbo Encarnado, está sobre vosotros.
En esta Hora, se le ha concedido al enemigo el destruir aparentemente el orden del Padre e infiltrar y usurpar la Línea de Autoridad, en apariencia destruyendo así a la Iglesia[4], y abandonando a Sus hijos[5], que quedan en apariencia solos y sin pastor.
¿Abandonará el Padre a sus hijos por completo a los lobos?
¿Dejará Jesús de estar de pie a vuestro lado?[6]
¿Dejaré Yo de conceder Luz y Consejo a Mis pequeñuelos desolados?
NO, hijos.
¿Dejará Jesús de estar de pie a vuestro lado?[6]
NO, hijos.
Las Horas más oscuras han de pasarse, la copa amarga ha de beberse, las lágrimas y el dolor han de sentirse.
Pero no estáis solos.
Aferraos a la VERDAD.
Preguntáis, en medio de tal oscura confusión, ¿en dónde está ya la Verdad?
Sabéis, Mis pequeños, en dónde se encuentra la Verdad. [sonrisa]
JESÚS ES LA VERDAD.
ÉL ES LA ÚNICA, VIVIENTE Y DURADERA, INMUTABLE VERDAD.[7]
PERMANECED EN ÉL.
El orden y la Línea de Autoridad establecida por el Padre ha sido ahora envenenada.
Debéis evitar este veneno, hijos.
El veneno de la falta de Fe, la falta de confianza y obediencia; el veneno de la soberbia y la rebelión; el veneno del relativismo y del miedo.
El veneno invade lentamente, gradualmente, invadiendo tejido, células, órganos.
El Cuerpo puede tolerar una cierta cantidad de veneno antes de volverse completamente enfermo e incapacitado.
Por un tiempo es posible continuar viviendo como antes, porque el veneno aún no ha invadido por completo al Cuerpo.
Hijos Míos, habiendo sucedido la usurpación de la Silla de Pedro, el veneno mortal ha entrado en el torrente sanguíneo del Cuerpo de la Iglesia.
¿Comprendéis lo que esto quiere decir?
El veneno se está transmitiendo ahora por todo el Cuerpo.[8]
Es por esto que es necesario ahora que os separéis de este veneno – de aquellos que lo promueven, de aquellos que lo permiten, de aquellos que, estando tan dormidos, son incapaces de detener su avance.
Orad por éstos, para que despierten antes de que se vean derrotados.
Quedan muy pocos pozos[9] que no han sido envenenados, y éstos pronto caerán también ante el veneno.
Mis verdaderos pastores conducirán a sus rebaños entre las piedras y los montes, en el desierto, por un breve tiempo. Hasta que la Acción Divina descienda para purificar, sanar, y restaurar.
[Lo siguiente está dirigido a Sus Sacerdotes.]
Hijos del Padre, sobre quien descansa Su Sello, para nutrir y guiar y proteger a Sus hijos, los rebaños encomendados a vuestro cuidado:
NO TEMÁIS.
Cuan radiante brillará y ya brilla en esta oscura hora el Sello Sacerdotal.
ABANDONAOS SIN RESERVA A LA VOLUNTAD DEL PADRE PARA ESTA HORA.
Este acto de total CONFIANZA y FE filiales os obtiene a vosotros y a vuestra grey las gracias necesarias de LUZ, DISCERNIMIENTO, FORTALEZA y VALENTÍA que necesitáis en esta Hora.
Tenéis a la PIEDRA ANGULAR[10], anclaos a Él.
Tenéis a la VERDAD, no temáis.
Tenéis a Aquel que es la VIDA, alzad vuestra mirada a Él a cada instante.
Me tenéis a Mí, siempre presente en los corazones que ansían a Dios y el cumplimiento de Sus Promesas.[11]
Me tenéis a MÍ, la Luz Divina que penetra todo engaño, toda mentira, toda la más densa oscuridad. NO TENGÁIS TEMOR.
Tenéis el Divino Refugio del Inmaculado Corazón de María Santísima, encerrad a todas las almas en esta fortaleza.
Tenéis a la Madre Quien os ama de modo particular, Quien os une cada vez más estrechamente al Corazón de Su Hijo, el Sumo y Eterno Sacerdote.
Tenéis la ayuda de los coros Angélicos; la ayuda de todas las almas de los Santos, que, aunque ya han cumplido sus misiones terrenas, aún cooperan en el Plan del Padre para esta Hora. Tenéis las oraciones de las almas que están siendo purificadas, AYUDADLAS, Mis hijos.
Os sentís solos, hijos de Mi Corazón, pero Yo os uno en la Voluntad del Padre, en la gran Obra de la Reconquista, en el cumplimiento de cuanto el Padre ha anunciado y prometido desde antiguo.
Hijos Míos, cuando la Línea de Autoridad ha sido usurpada, envenenada, debéis ir a la Raíz, al Origen de toda Autoridad – al Padre – Quien ha encomendado toda Autoridad y Juicio a Jesús, para que por medio de Él todo quede sometido al Padre.[12]
Jesús, Jesús, JESÚS.
Aquel que permanece en Jesús, permanece en el Padre, permanece en la VERDAD.[13]
Aquel que niega a Jesús, niega al Padre, y queda separado de la VERDAD. Se convierte en anatema.[14]
Permanecer en Jesús es permanecer en Su Cuerpo Místico,[15] es el morar en el Corazón del Padre, es el permanecer como el sarmiento que es uno con la Vid[16], por medio de Quien toda Gracia, Verdad, y Autoridad fluyen.
No temáis.
[Lo que sigue está dirigido a todos.]
Hijitos Míos,
Mi pequeño rebaño disperso; tan atacado, tan adormecidos en el sopor de la indiferencia y de la inconsciencia.[17]
Mis amados, ayudad a aquellos que siguen dormidos. Esta es parte de vuestra misión: cargar con el peso de ver y saber, y la tristeza y pena que esto conlleva; y el deber de ayudar a Mis hijos dormidos a ver y a reconocer la oscuridad y la singularidad de esta Hora.
Ayudad a Mis Sacerdotes, animadlos, orad por ellos.
Aprovechad su ayuda en la medida en que son capaces de reconocer la presente Hora y el veneno que ha infectado a Mi Iglesia.
Recordad que vuestro Dios – Quien os ama – sabe a lo que os enfrentáis; conoce vuestro deseo de permanecerle fieles; sabe lo que podéis y no podéis hacer.
Confiad que, en Su Misericordia, Él os proveerá los medios para nutrir vuestras almas, aún en medio de la oscuridad y confusión.
Por medio de vuestra FE, HUMILDAD, y OBEDIENCIA, Él os concede todo cuanto necesitáis para permanecer fieles a Él.
ESTAD EN PAZ.
¿NO ACASO PROVEYÓ ÉL ALIMENTO Y BEBIDA EN EL DESIERTO?[18]
NO TEMÁIS.
CONFIAD. AMAD. ESPERAD.
Uníos en espíritu, por medio de la FE, a las oraciones y Sacrificios[19] de Mis verdaderos Sacerdotes fieles.
Permaneced en Jesús.
Abandonaos a Mi Acción.
Confiad en la Providencia Amorosa del Padre.
Estad en guardia contra el veneno que se está extendiendo más y más rápidamente.
Tenéis el Escudo de la Sangre del Cordero sobre vosotros.
NO TEMÁIS NADA. [sonrisa]
El Espíritu que habló a las Iglesias habla una vez más.[20]
Aquel que tenga oídos que oiga lo que está diciendo a Su Iglesia.[21]
Amén.
MARANATHÁ.[22]
El Espíritu Santísimo de Dios,
El Amor del Padre y del Hijo,
El Divino Espíritu Quien purificará a todo cuanto es.
Amén.
Comentario del Padre Juan María posterior al Mensaje
Esta es la transcripción del comentario que el Padre hizo al final del video del Mensaje.
Introducción
Este es, pues, el Mensaje. Claramente el Señor está hablando de una situación gravísima, una que requiere discernimiento y decisión.
Quiero ser claro: no pretendemos saber lo que cada persona debe hacer, y no creemos que el Señor esté dando aquí una solución única que aplique por igual a todos.
Les animamos a leer el Mensaje y a reflexionar sobre él en oración, con confianza y fe en el Señor, pidiéndole que les guíe en su discernimiento particular.
Aquí simplemente quiero ofrecer unas palabras que puedan ser de ayuda en ese discernimiento.
La Pasión de la Iglesia
Primero, ¿qué situación ha provocado estas graves palabras de Nuestro Señor?
Él nos lo dice. Estamos viviendo la Pasión de la Iglesia, la gran prueba que, según nos enseña el Catecismo, la Iglesia debe pasar antes de su purificación final.
Dios nos dice: “El veneno mortal ha entrado en el torrente sanguíneo del Cuerpo de la Iglesia.” No apareciendo solamente en unas cuantas manzanas podridas, sino extendiéndose por toda la Iglesia desde lo más alto.
Este es un mensaje duro y, obviamente, muy controversial. Y para muchos católicos cuya vida parroquial parece relativamente normal, hablar de “veneno” en la Iglesia puede parecer extraño. Pero no para aquellos que han estado atentos. Ellos han sido testigos de cómo el veneno ha infectado y corrompido a los miembros del Cuerpo Místico de Cristo, la Iglesia, particularmente durante el tiempo de Francisco y de León. Verdades fundamentales —tales como que Cristo es el único camino de salvación, el estado de gracia necesario para recibir la Sagrada Eucaristía, la debida veneración a Nuestra Madre Santísima, y la verdad sobre el matrimonio y la sexualidad, entre muchas otras— son debilitadas, e incluso negadas, por una jerarquía corrupta. Han sido testigos de cómo esa jerarquía se ha vuelto aún más corrupta y más herética con los muchos nombramientos escandalosos hechos por Francisco y por León. El veneno está ahí. Dios no está exagerando.
Qué debemos hacer
Separarnos del veneno
Esa es, pues, la situación. ¿Cómo debemos responder? ¿Cómo podemos protegernos, y proteger a nuestros seres queridos, de este veneno? La orientación fundamental de Nuestro Señor es separarnos de él, y de aquellos que fomentan o permiten que se extienda.
¿Qué significa esto concretamente para cada uno de nosotros? De nuevo, no se trata de una solución única igual para todos. El Mensaje no da una respuesta específica para la situación de cada persona, y ciertamente nosotros en la Misión tampoco podemos darla. Cada situación es única. La vida espiritual y la formación de cada persona, su situación familiar, su participación en la parroquia y en otros ministerios, su acceso a recursos católicos, etcétera —todo esto varía muchísimo.
Y, por supuesto, los sacerdotes con quienes tienen contacto. Noten que, además de pedirnos que animemos a los sacerdotes y oremos por ellos —algo muy importante—, el Señor dice: “Aprovechad su ayuda en la medida en que son capaces de reconocer la presente Hora y el veneno que ha infectado a Mi Iglesia.” Algunos sacerdotes ven el veneno con más claridad que otros; algunos están más dispuestos a combatirlo —tristemente, otros ayudan a difundirlo. Esto también es parte de su discernimiento.
El ejemplo de las siete Iglesias
Al reflexionar sobre el hecho de que el veneno se ha extendido por toda la Iglesia y que, sin embargo, la situación de cada persona es única, algo que nos llamó la atención fue la manera en que el Espíritu Santo concluye este Mensaje. Él dice:
El Espíritu que habló a las Iglesias habla una vez más.
Aquel que tenga oídos que oiga lo que está diciendo a Su Iglesia.
El Espíritu Santo está haciendo eco de las cartas de San Juan a las siete iglesias en el Libro del Apocalipsis. Como en nuestro Mensaje, estas cartas señalan muchos males que afligen a la Iglesia, incluyendo numerosas advertencias sobre pruebas venideras, la presencia de Satanás, la “sinagoga de Satanás”, falsos profetas, enseñanzas heréticas e idólatras, y “hombres malos… que se llaman apóstoles y no lo son”. Pero lo que también es sorprendente es lo diferentes que son las siete cartas entre sí. Las siete iglesias, o comunidades cristianas, están en la misma región. Todas forman parte de la misma Iglesia y del mismo momento histórico. Sin embargo, la carta que cada comunidad recibe refleja su situación particular, amonestándola a confrontar sus desafíos específicos y a corregir sus pecados particulares. No es una crítica única igual para todas.
¿Será acaso esta referencia final del Espíritu Santo una manera de arrojar luz sobre nuestra propia situación?
¿Nos estará pidiendo que abramos los ojos y los oídos a la manera en que estamos experimentando este veneno, este mal de nuestro tiempo?
Este Mensaje nos da tanto sobre qué reflexionar, tanto para considerar en oración.
Sin separarse de la Iglesia — el ejemplo de la crisis arriana
Pero una cosa que no está en discusión, una cosa de la que podemos estar seguros es que Dios nunca nos pedirá separarnos de Su verdadera Iglesia. Solamente de las influencias venenosas que la atacan y la infiltran.
Aquí podemos tomar una lección de otro tiempo en que los fieles tuvieron que separarse del veneno dentro de la Iglesia. En el siglo cuarto, tantos obispos —de hecho, la gran mayoría de ellos— habían sucumbido al veneno de la herejía arriana, que muchos fieles, en buena conciencia, creyeron que no podían asistir a Misa en sus iglesias habituales. En cambio, se separaron del veneno arriano que provenía de obispos y sacerdotes, celebrando el culto en circunstancias improvisadas o, a veces, quedándose del todo sin Misa, confiando en que Dios proveería para su alimento espiritual.
Como lamentaba San Basilio sobre aquella situación: “Los laicos que son sanos en su fe evitan los lugares de culto como escuelas de impiedad, y alzan sus manos en los lugares solitarios, con gemidos y lágrimas, al Señor que está en el cielo.” En otro lugar dijo: “Las cosas han llegado a tal punto: el pueblo ha abandonado sus casas de oración y se reúne en los desiertos.” San Atanasio, el gran defensor de la fe contra el arrianismo, dijo simplemente: “Ellos [los arrianos] tienen los edificios, pero nosotros tenemos la fe.”
San Atanasio y San Basilio, y aquellos que los siguieron, no estaban abandonando la Iglesia. Estaban, de hecho, permaneciendo fieles a ella y aceptando una exclusión temporal para ayudar a lograr su renovación.
Algo similar está sucediendo aquí, en una situación aún más grave. Comparen las palabras de estos santos con lo que Nuestro Señor dice sobre nuestra propia situación: “Mis verdaderos pastores conducirán a sus rebaños entre las piedras y los montes, en el desierto, por un breve tiempo. Hasta que la Acción Divina descienda para purificar, sanar, y restaurar.”
Así que no se trata de crear una nueva Iglesia, sino de tener que estar separados, por un tiempo breve pero difícil, de aquello que ha sido envenenado. Es reconocer que la Iglesia está viviendo su pasión, lo cual es terrible, pero que, por la misericordia de Dios, no durará mucho.
La confianza y la provisión de Dios
Aun así, el llamado de Dios puede parecer abrumador. ¿Cómo sobreviviremos sin estos apoyos —sin los guías, especialmente el papado, en los que los católicos normalmente se apoyan? Aunque su ausencia sea solamente temporal, parecemos quedar en la confusión y la oscuridad —muy semejantes a los Apóstoles y discípulos el Sábado Santo. ¿Cómo encontraremos el camino?
Dios responde en el Mensaje:
“Recordad que vuestro Dios – Quien os ama – sabe a lo que os enfrentáis; conoce vuestro deseo de permanecerle fieles; sabe lo que podéis y no podéis hacer.”
“Confiad que, en Su Misericordia, Él os proveerá los medios para nutrir vuestras almas, aún en medio de la oscuridad y confusión.”
“Por medio de vuestra FE, HUMILDAD, y OBEDIENCIA, Él os concede todo cuanto necesitáis para permanecer fieles a Él.”
Él sabe lo difícil que es este tiempo. Él proveerá. Él no nos abandonará.
Este es el corazón de todos los Mensajes de la Reconquista: más que a cualquier acto específico, nos llaman a la confianza, a la fe, y al abandono al amor y al cuidado del Padre.
Así que lean el Mensaje en oración —una y otra vez—, confiando en que Dios les mostrará el camino particular que Él les está llamando a tomar para separarse del veneno, y en que Él les dará la gracia para perseverar en ese camino.
Reflexiones finales
A pesar de su gravedad, este Mensaje no nos llama al miedo, sino a la confianza —en Nuestro Señor y en la intercesión de Nuestra Madre Santísima.
Si guardamos la fe y le amamos, Él nos protegerá, nos sostendrá, y nos guiará hasta la gran renovación de la Iglesia.
Jesús, en Ti confiamos.
Ven, Señor Jesús
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[1] Un nombre para el Espíritu Santo. A lo largo de los años, tal y como se desprende de los Mensajes de la Reconquista, las palabras proféticas que he recibido han sido dictadas, en distintos momentos, por Dios Padre, Jesús, el Espíritu Santo y María Santísima. En algunos de los mensajes del Espíritu Santo, Él se ha referido a sí mismo con este nombre: Mirrén. En ocasiones, el Padre también se ha referido al Espíritu Santo con este nombre, al igual que Jesús y María Santísima. Pero todas las menciones anteriores habían sido en mensajes privados. Esta es la primera vez que se utiliza este nombre en un Mensaje público, lo cual nos ha sorprendido mucho. No pretendo comprender todo el significado que esto tiene. No hemos encontrado ninguna referencia histórica previa ni etimología para este nombre. Sin embargo, me ha parecido que este nombre es similar en la manera en que usamos «Abba», en el sentido de que transmite una relación más íntima o personal con la Persona del Espíritu Santo. Sé que a muchos les puede parecer sorprendente e incluso controversial el uso de este nombre. Pero, en fe, les transmitimos exactamente lo que fue dictado, sin querer modificar lo que el Señor ha dicho.
[2] Entendí que este “orden” incluye el orden natural y sobrenatural, moral e intelectual. Incluye el orden en la naturaleza, el orden en la relación entre Sus creaturas y en la relación con Él, el orden en la moral y en el comportamiento, el orden en el paso del tiempo y de la Divina Providencia. El orden en Su Plan de Salvación. El orden de la Doctrina y la Sagrada Tradición.
[3] Entendí que se refiere a la manera correcta en que la Autoridad “desciende” de Dios y actúa/está presente en cada aspecto de nuestras vidas. La autoridad propia dentro de la Iglesia, dentro de la familia, dentro de la sociedad. Pero principalmente percibo que se está refiriendo a la autoridad dentro de la Iglesia, y cómo ésta “desciende” desde Su Trono, por medio de Jesús, a Su Vicario, y por medio de la Sucesión Apostólica a los Obispos en unión con él, a los Sacerdotes bajo la autoridad de esos Obispos, etc.
[4] Como se ha dicho en Mensajes anteriores, muchos se escandalizan cuando escuchan declaraciones como éstas, profetizando la “destrucción” de la Iglesia visible, pensando que es una negación de la promesa de Jesús, que las puertas del Infierno no prevalecerían en contra de la Iglesia. Creo que ayuda recordar primeramente que la Iglesia es mucho más que sólo la parte visible sobre la tierra: incluye a la Iglesia Triunfante (aquellos que están ya en el Cielo) y a la Iglesia Purgante (aquellos que están en el Purgatorio). Y segundo, que cuando el Señor habla de la Iglesia en este y otros Mensajes, se está refiriendo principalmente a la Iglesia Militante, la estructura visible sobre la tierra, que ha de seguir a Jesús en Su Pasión, Muerte, y Resurrección.
Es imposible que las puertas del Infierno prevalezcan en contra de toda la Iglesia, pero es imposible que la Iglesia sobre la tierra no pase por su traición, pasión, muerte, y resurrección. El Cuerpo físico de Jesús, Su Humanidad, tuvo que pasar por la muerte, pero la muerte no puede tocar Su Divinidad. De manera similar, la Iglesia visible sobre la tierra ha de pasar por la muerte, pero la esencia Divina de la Iglesia no puede ser matada.
[5] Muchas veces la manera en que son dictados ciertos párrafos puede resultarnos un tanto confusa, como en esta frase, en que podría parecer que “…y abandonado a Sus hijos” se refiere a los hijos del enemigo, que no es el caso. Pero como así fue dictado, prefiero no hacer cambios o editar con la intención de aclarar, y mejor opto por añadir notas a pie de página cuando me parece necesario.
[6] Percibí que este “estar de pie a vuestro lado” significa Su protección, consuelo, intercesión ante el Padre. “No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros.” (Jn 14,18).
[7] Dijo esto con mucho énfasis y, diría yo, gozo, casi como una explosión de Luz que se va expandiendo.
permanece lo que habéis oído desde el principio, también vosotros permaneceréis en el Hijo y en el Padre.” (1 Jn 2, 23.)
[14] “El que Me aborrece a Mí, aborrece también a Mi Padre.” (Jn 15, 23). “¿Quién es el embustero sino el que niega que Jesús es Cristo? Ese es el anticristo, el que niega al Padre y al Hijo. Todo el que niega al Hijo, tampoco tiene al Padre.” (1 Jn 2, 22-25).
[15] En esta dura, pero breve, prueba para la Iglesia muchos de sus elementos visibles y de su estructura harán falta, y por tanto el Señor nos está llamando y haciéndonos regresar a lo más fundamental.
[16] “Yo Soy la Vid. Vosotros los sarmientos. El que permanece en Mí y Yo en él, ése da mucho fruto, porque sin Mí no podéis hacer nada.” (Jn 15, 1-8).
[17] Me pareció que se está dirigiendo a dos “secciones” de Su “pequeño rebaño disperso”: aquellos que están despiertos y alertas, y aquellos que, ciegos aún, siguen adormecidos en la indiferencia.
[18] “Hendió las rocas en el desierto y les dio a beber copiosas aguas. Hizo salir arroyos de la piedra, hizo correr las aguas como ríos…Dio orden a las nubes en lo alto, abrió las puertas del cielo. Y llovió sobre ellos el maná para que comieran, dándoles trigo de los cielos. Comió el hombre pan de fuertes, y les dio comida hasta la saciedad…Hizo llover como polvo sobre ellos la carne, como arenas del mar aves aladas…” (Salmo 78 (77) 18-29). Vale la pena leer todo este Salmo, pues es buen recordatorio de todo lo que el Señor ha hecho por Su pueblo. Ver también Éxodo 16 y Números 20,1-13.
[19] Entendí que se refiere al Santo Sacrificio de la Misa.
[20] Apocalipsis 1,19 – 3,22.
[21] Frase que se repite al final de cada una de las cartas dadas a las siete Iglesias en el Libro del Apocalipsis. Ver la cita anterior.
[22] Apocalipsis 22,20. “El que da testimonio de esto dice , ‘Sí, vengo pronto.” ¡Así sea: ven Señor Jesús!”
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