Segundo Mandamiento

🧭Formación Básica del Cristiano

Querido Ejército Remanente:

Hoy vamos a aprender a no ofender a Dios. En otras palabras, a ser felices. El camino ya nos lo enseñó Dios mismo. Repasémoslo:

LOS 10 MANDAMIENTOS Y EL PECADO

PRIMER MANDAMIENTO

SEGUNDO MANDAMIENTO

El Segundo Mandamiento es: No tomar el nombre de Dios en vano.  

Nos manda tener mucho respeto al santo nombre de Dios. 

Prohíbe nombrar a Dios sin respeto, la blasfemia, los juramentos vanos y la violación de votos. 

El nombrar a Dios y las cosas santas por enojo, risa, juego o de otro modo poco reverente, es pecado venial. 

Es mala costumbre, por ejemplo, decir por cualquier cosa: “¡Por Dios!”, o expresiones semejantes, ya que no es necesario nombrarlo para cosas vanas, y de a poco se termina vanalizando su Santo Nombre.

LA BLASFEMIA 

La blasfemia es decir o hacer algo injurioso a Dios o a los Santos. Es un pecado gravísimo: es el lenguaje del infierno: si no se oyera, no se podría creer que hubiera hombres capaces de blasfemar. 

Todas las razones que se alegan, para defender tan detestable vicio, son puras excusas de ningún valor. Si el blasfemo debiera pagar una suma importante por cada blasfemia, ciertamente dejaría de hacerlo. 

JURAMENTO  

Jurar es poner a Dios por testigo. Jura en vano el que jura sin verdad, sin justicia y sin necesidad. 

Jurar sin verdad es jurar contra lo que uno siente, o con mentira. 

Jurar sin justicia es jurar una cosa injusta y mala, como hacer algún mal al prójimo. El que ha jurado hacer una cosa mala no debe ni puede cumplir el juramento, pues el cumplirlo sería otro pecado más. 

Jurar sin necesidad es jurar sin causa grave o por cosa de poca importancia. 

Jurar con mentira es siempre pecado mortal, aún en cosa leve. Poner a Dios, Verdad infinita, por testigo de lo falso, es una grave irreverencia. 

Jurar sin justicia en cosa grave, es pecado mortal; en cosa leve, es venial.  

Jurar sin necesidad es pecado venial. También es pecado jurar en vano por las criaturas, porque se jura al Criador de ellas. Por ejemplo: “juro por mi alma, por el Cielo, por la tierra, etc., que tal cosa es así”. Para no jurar en vano debemos acostumbrarnos a decir simplemente sí o no, como Jesucristo nos enseña. “Que vuestro lenguaje sea si, si, no, no”

EL VOTO  

El voto es una promesa hecha a Dios, de un bien mejor, con intención de obligarse. El que ha hecho un voto tiene obligación de cumplirlo. Antes de hacer un voto conviene pensarlo bien y pedir consejo al confesor. El voto se puede cumplir haciendo otra cosa mejor que lo que se prometió. 

Cuando el cumplimiento de un voto fuera muy difícil, se puede pedir la conmutación o la dispensa. 

El propósito de hacer una cosa buena, de por sí no obliga. Por ejemplo: uno hace el propósito de oír Misa o rezar el Rosario diariamente; si lo cumple, ganará mucho, pero si no lo cumple, no comete pecado.

Muchas veces pecamos no por malicia, sino por ignorancia. Por eso es importante conocer lo que manda el Señor, guía segura hacia la Salvación.

Formación con Luis M.

Salmo 19

1 Salmo de David.

2 El cielo proclama la gloria de Dios

y el firmamento anuncia la obra de sus manos;

3 un día transmite al otro este mensaje

y las noches se van dando la noticia.

4 Sin hablar, sin pronunciar palabras,

sin que se escuche su voz,

5 resuena su eco por toda la tierra

y su lenguaje, hasta los confines del mundo.

Allí puso una carpa para el sol,

6 y este, igual que un esposo que sale de su alcoba,

se alegra como un atleta al recorrer su camino.

7 El sale de un extremo del cielo,

su órbita llega hasta el otro extremo,

y no hay nada que escape a su calor.

8 La ley del Señor es perfecta,

reconforta el alma;

el testimonio del Señor es verdadero,

da sabiduría al simple.

9 Los preceptos del Señor son rectos,

alegran el corazón;

los mandamientos del Señor son claros,

iluminan los ojos.

10 la palabra del Señor es pura,

permanece para siempre;

los juicios del Señor son la verdad,

enteramente justos.

11 Son más atrayentes que el oro,

que el oro más fino;

más dulces que la miel,

más que el jugo del panal.

12 También a mi me instruyen:

observarlos es muy provechoso.

13 Pero ¿Quién advierte sus propios errores?

Purifícame de las faltas ocultas.

14 Presérvame, además, del orgullo,

para que no me domine;

entonces seré irreprochable

y me veré libre de ese gran pecado.

15 ¡Ojalá sean de tu agrado

las palabras de mi boca,

y lleguen hasta ti mis pensamientos,

Señor, mi Roca y mi redentor!

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