Tiranía sanitaria. ¿Estás listo para resistir?

A contracorriente… ¡hacia la emancipación!

También hay en nuestra larga memoria, en cada generación preocupada, hombres y mujeres que un día se levantaron contra la tiranía.

Así, aquí nos anuncian  un pasaporte de vacunación antes del verano, y allí un “pasaporte sanitario” para presentar cuando quieras entrar en los bares y restaurantes que habrán sobrevivido a la masacre económica orquestada por nuestras autoridades.

Estos dos nuevos dispositivos siguen a dos confinamientos (para Francia) un toque de queda ampliado, reconfinamientos locales, máscaras en tu cabeza y en la de tus hijos, acoso de todo tipo con multas y una sociedad policial que se vislumbra en el horizonte.

Algunas personas ven en la vacunación, en el hecho de someterse un poco más a las autoridades, la posibilidad de salir, de “festejar”, de esperar volver a una vida normal. Ven en el pasaporte de vacunación la posibilidad de ir este verano a beber a Ibiza, a las islas griegas o a Túnez. Que hagan lo que quieran. Pero, ¿hay todavía ciudadanos en este país, en este continente, que estén dispuestos a resistir y decir que no?

No se trata de discutir la vacunación aquí. (….) Pero apoyar el principio de la vacunación no es apoyar cualquier vacuna a cualquier precio. En este caso, en el contexto de la pandemia de Covid-19, nadie tiene una visión retrospectiva de las diferentes vacunas utilizadas, ya que por definición son recientes. En fin, parémonos a pensar un momento.

¿Podemos realmente persistir en la creencia de que las autoridades de un Estado que ya no garantizan vuestra seguridad diaria en vuestras calles quieren realmente haceros el bien? ¿Podemos seguir confiando, colectivamente, en quienes han masacrado los servicios públicos y suprimieron las camas de hospitales y las capacidades asistenciales desde hace décadas? ¿Aquellos que no han dudado ni un segundo en poner a toda una población bajo una campana para contener una enfermedad que sólo es letal para una ínfima parte de la población, o más bien para ocultar el colapso organizado del servicio sanitario de salud de una potencia mundial?

¿Realmente confías en las autoridades que se llevan la mitad de tus recursos cuando quieres iniciar algo? ¿Quiénes envían a sus agentes a multarte por tomarte tres copas en lugar de dos, por conducir a 160 kilómetros por hora en una carretera desierta en lugar de 80, mientras esos mismos agentes evitan cuidadosamente detener a quienes matan a nuestros hijos con drogas, y a quienes entran ilegalmente en nuestro territorio a diario?

¿De verdad crees que aquellos que obligan a tus hijos a llevar una máscara en la escuela, y que quieren prohibirte, eventualmente, que los eduques en casa, lo hacen por altruismo?

¿De verdad crees que la inyección, o las dos inyecciones, que ponen los médicos o las enfermeras que tienen la impresión de cumplir una misión de salud pública mediante las inyecciones te van a devolver la libertad que durante décadas estos señores han reducido a la nada?

Os equivocáis. Bastante. Vean ya que estos ancianos del EHPAD (residencia de ancianos), felices de morir en 4 meses en lugar de hoy, siguen viviendo sus últimos momentos refugiados con mascarilla, a pesar de la vacuna. Fíjese en esos pacientes en los hospitales, que no pueden ver a sus familias, aunque hayan sido vacunados. “Las medidas de barrera deberán prolongarse mucho más allá del desconfinamiento” no han dejado de recordarles, en los medios salteadores de camino, que se han convertido en los retransmisores celosos, las madres la moral de las autoridades.

Estos gestos de barrera que escucháis recordaros en las tiendas, en los comercios, en las calles (a través de altavoces en Niza) todo el día, un poco como si os hubieran grabado en el cerebro que “por vuestra salud comed, moveos”, o que necesitáis “5 frutas y verduras al día”, ¡por vuestro bien os lo dicen! (Incluso si el “comed y moveos” está escrito en el envase de un Big Mac de 600 calorías…). ¿Todavía tienes capacidad de razonamiento para entender que todo esto no es más que otro intento -pero exponencial y global para someterte? ¿O estás definitivamente tetanizado por el miedo?

Miedo a sufrir un paro cardíaco si ingieres demasiada grasa que te venden con mucha publicidad cada día (publicidad autorizada. Bueno, bueno…). Miedo al cáncer de pulmón después de décadas de fumar mucho a través de los cigarrillos que se venden en cada esquina para deleite de las mafias del tabaco (mafias autorizadas, así pues…).

Miedo al derrame cerebral, miedo a la diabetes, miedo a un accidente de tráfico, miedo a cruzar fuera del paso de peatones, miedo a cruzar la línea blanca, miedo a todo en realidad, todo ello para permitirle acabar en un EHPAD (residencia de mayores) a los 105 años, interrogado por la prensa local que se alegrará de que “a pesar de su ceguera desde hace diez años y de su incapacidad para caminar, Robert sigue estando en su sano juicio”.

Todas vuestras vidas, todas nuestras vidas, están actualmente condicionadas por este miedo que mantiene a la mayoría de las masas en una forma de letargo.

¿Nunca has aspirado a vivir como mejor te parezca? Esto no significa vivir sin tener en cuenta a tu entorno, a tus vecinos, a tus familiares, por supuesto que no. Pero vivir sin esperar que el Estado dicte tu conducta diaria, sin esperar que te diga cómo cuidarte, cómo educar a tus hijos, cómo defenderte y proteger a tu familia. Sin esperar a que te abone una renta universal cada mes con los impuestos de los demás, para que puedas llenar tus carritos de la compra lo suficiente como para dejar de protestar. Sin aceptar, tampoco, que perfore sistemática y metódicamente el fruto de tu trabajo, de tus creaciones, de tu labor diaria. ¿No estás cansado de que te condicionen a obedecer y a marchar al paso, sometido a la autoridad?

Desde hace mucho tiempo, en Francia, el Estado ha roto el contrato social que unía a los ciudadanos que estaban obligados, con sangre, a vivir juntos. No sólo ya no te protege, no sólo ya no te cuida como es debido, sino que ahora quiere controlar el más mínimo de tus actos cotidianos, desde tus movimientos hasta tus opiniones políticas, por no hablar de la educación de tus hijos, y el día de mañana, de la forma en que te comportas en tu lecho conyugal, o de la cantidad de oxígeno que absorbes diariamente…

La Historia, nuestra historia, está formada por una gran mayoría de individuos que han sabido -como los que hoy sólo sueñan con una estancia en Djerba- adaptarse a todos los regímenes, a todas las pandemias, a todas las guerras y horrores. Pero también hay en nuestra larga memoria, en cada generación preocupada, hombres y mujeres que un día se levantaron contra la tiranía.

Dejemos que las ovejas y otros boomers digan que no hay nada tiránico en lo que está sucediendo. Que no estamos en Corea del Norte. Que nuestras generaciones no sepan lo que es la guerra y sus consecuencias. Que se trata de una amenaza de salud aterradora. Déjelos hablar, aullar con la manada, siéntate un momento, mira a tu alrededor y pregúntate.

¿Estás preparado para resistir?

breizh-info

Salmo 108

Canto. Salmo de David.

2 Mi corazón está firme, Dios mío,

mi corazón está firme.

Voy a cantar al son de instrumentos:

¡despierta, alma mía!

3 ¡Despierten, arpa y cítara,

para que yo despierte a la aurora!

4 Te alabaré en medio de los pueblos, Señor,

te cantaré entre las naciones,

5 porque tu misericordia se eleva hasta el cielo

y tu fidelidad hasta las nubes.

6 ¡Levántate, Dios, por encima del cielo,

y que tu gloria cubra toda la tierra!

7 ¡Sálvanos con tu poder, respóndenos,

para que se pongan a salvo tus predilectos!

8 Dios habló desde su Santuario:

«Yo repartiré triunfalmente a Siquem

y distribuiré el valle de Sucot.

9 Mío es Galaad, Manasés me pertenece,

Efraím es mi yelmo, mi cetro es Judá.

10 Moab es la vasija donde yo me lavo;

plantaré mis sandalias en Edom

y cantaré victoria sobre Filistea».

11 ¿Quién me llevará hasta la ciudad fortificada,

quién me conducirá hasta Edom,

12 si tú, oh Dios, nos has rechazado

y ya no sales con nuestro ejército?

13 Danos tu ayuda contra el adversario,

porque es inútil el auxilio de los hombres.

14 Con Dios alcanzaremos la victoria,

y él aplastará a nuestros enemigos.

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