Laudato No

Pues parece que no hubo suficiente con la primera «Laudato No». Ahora quiere presentarnos la segunda. Quizá para rematar la preparación de lo que en la primera anunciaba: que «urge la presencia de una verdadera Autoridad política mundial»

Por Padre Bonifacio

San Francisco compuso un canto de alabanza al Creador muy conocido: Laudato Si, cuya primera estrofa dice:

Altísimo, omnipotente, buen Señor,
tuyas son las alabanzas,
la gloria y el honor y toda bendición.
A ti solo, Altísimo, te corresponden
y ningún hombre es digno de pronunciar tu Nombre.

La alabanza a Dios significa reconocer a Dios en sus cualidades, atributos y acciones, es decir, colocarse el hombre como criatura ante Dios y elevar su corazón a Él para reconocer gozosamente lo que Él es y Él hace, y los cristianos además como hijos ante nuestro Padre, a quien conocemos por medio de Jesucristo. El cristiano encuentra su gozo en Dios, digno de toda alabanza en sus perfecciones y en sus justos juicios y caminos, y muy especialmente digno de ser alabado por Jesucristo, en quien ha manifestado su amor a los hombres hasta el extremo.

Bergoglio quiere que desviemos la mirada de nuestro Creador y de nuestro Salvador, y que no le alabemos, sino que idolatremos la naturaleza, como dice san Pablo que hacen los paganos:

«habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios ni le dieron gracias, antes bien se ofuscaron  en sus razonamientos y su insensato corazón  se entenebreció: jactándose de sabios se volvieron estúpidos, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible por una representación en forma de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos, de reptiles. Por eso Dios los entregó a las apetencias de su corazón hasta una impureza tal que deshonraron entre sí sus cuerpos; a ellos que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, y adoraron y sirvieron a la criatura en vez del Creador, que es bendito por los siglos. Amén» (Rm 1,21-25).

Llama la atención que el camino de perversión espiritual que es la idolatría está asociado a la perversión moral, que incluye la sodomía (cf. Rm 1,26-27). Los nuevos mandamientos de la ley humanista y globalista son eco-friendly y gay-friendly, aunque sólo en apariencia, porque la realidad es que todo es un gran teatro en que la Creación importa muy poco y las personas, incluidas las que tienen atracción hacia el mismo sexo, también. Realmente se trata de un gran engaño inventando nuevos dogmas para presentar ante el mundo una nueva religión sin Cruz, sin Salvador, sin Dios vivo y verdadero, sin renuncia y conversión, sin vida eterna. Es la religión del diablo, que lleva a la idolatría al abandonar al Dios vivo, y la religión de la impiedad, que enaltece el pecado hecho aceptable con el pretexto de la tolerancia, la libertad y el sentimentalismo: «lo importante es que nos queramos mucho», dicen algunos. Sí, como la trucha al trucho. No conocen la caridad porque resisten siempre al Espíritu Santo.

Toda este pecado de impiedad e irreligión, negando a Dios la alabanza que San Francisco nos animaba a practicar, se hace en estos tiempos justamente pervirtiendo la enseñanza del santo de Asís y usando el encabezado de su oración Â«Laudato Si», para darle la vuelta y borrar la alabanza del corazón de los hombres: Bergoglio ha profanado la Laudato Si original, convirtiéndola realmente en Laudato No. El juego de prestidigitador es mantener a los hombres entretenidos en la Creación, vueltos hacia las criaturas, haciendo de ellas los nuevos ídolos sagrados que justifican todo sacrificio, como en la Antigüedad se sacrificaba los hijos a Moloch: hoy se nos pide ser veganos o comer carne sintética, asumir el aborto como un método anticonceptivo, y la homosexualidad y el ataque a la fecundidad humana como bienes para el planeta, porque los hombres somos «una plaga».

Ahora se nos habla de pecados contra la Creación o de conversión ecológica, como si la Creación fuese un dios. Jesucristo ha desaparecido del horizonte, y así se anula el único Camino de Salvación. Y a Dios se le menciona como mucho para hablar de que la Creación es la «Casa común» de la humanidad, y el oikos, la casa de Dios (como afirma la «multi-religiosa» propaganda de las jornadas en que dicen que estamos: «Celebración para el Tiempo de la Creación 2023″ y la «Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación«). ¿De qué Dios hablan? Da la impresión de que ese dios es el de los panteístas, que se confunde con todo y con nada. Pero nuestro Dios es «el Altísimo sobre toda la tierra, muy por encima de los dioses todos» (Sal 97,9).

La Pachamama o «Madre Tierra» es un dios venido a cuento para esta religión ecologista. Para Bergoglio, «los pueblos indígenas tienen el valor de la armonía con la Creación» (como dijo en su viaje a Canadá en julio de 2022), desconociendo voluntariamente que la armonía con la Creación se perdió con el pecado original y que desde entonces «la creación entera gime hasta el presente y sufre dolores de parto» (Rm 8,22). Pero confunde a sus oyentes voluntariamente también, para presentar como aceptable el culto idolátrico de la Pachamama… que no es otra cosa que adoración de demonios, puesto que no hay idolatría tras la que no se oculte Satanás, el mentiroso, el envidioso y el soberbio por antonomasia, que no sólo quiere apartarnos de la salvación y robar adoradores a Dios, sino que pretende él mismo ser adorado como dios. En 2016 al recibir a un grupo de jainistas, Bergoglio dijo: «Nosotros, todos nosotros, queremos a la madre Tierra porque es quien nos ha dado la vida y nos protege«, en una clarísima herejía que conduce a la idolatría y al panteísmo. Yo no quiero a la madre Tierra, yo amo a Dios y con su amor amo a las criaturas en el orden que Dios establece; pero la Tierra, la Creación, que no es madre ni padre, no es objeto de mi gratitud o de mi culto, ni puedo tener una relación personal con ella, ni me ha dado la vida o me protege o provee, sino Dios, que gobierna con amor y sabiduría la Creación.

La «encíclica» Laudato Si supuso ahondar en ese engaño anticristiano. Para Bergoglio, las criaturas entrarán en la gloria de la vida eterna al modo que el evolucionismo de su camarada Theilard de Chardin apuntaba. Dice Laudato Si: Â«La vida eterna será un asombro compartido, donde cada criaturaluminosamente transformada, ocupará su lugar» (n.243). Si todo tiene un lugar, cada criatura (no sólo los hombres redimidos, sino ¿todos?, y no sólo los hombres, sino la creación animal, vegetal, mineral… ¿los demonios?), con tal que haya una «transformación luminosa» de resabios gnósticos… ¿dónde queda el fin propio de cada criatura, dónde queda la libertad de los seres personales, dónde quedan la necesidad de la salvación y de la regeneración por medio de Cristo y del Espíritu Santo, dónde queda la transcendencia divina?

Es más, Dios ya no es el Dios Uno y Trino, coeterno e infinito, santo y terrible, sino que «el Padre es la fuente Ãºltima de todo, fundamento amoroso y comunicativo de cuanto existe. El Hijo… se unió a esta tierra cuando se formó en el seno de María. El Espíritu…. está Ã­ntimamente presente en el corazón del universo» (n.238). Pero una fuente no puede existir sin su manantial, a menos que sea una fuente seca, deficiente, mientras que Dios no depende en nada de su Creación ni la necesita. Cristo no se unió a esta tierra, sino que asumió la naturaleza humana para redimirla. Y el Espíritu no tiene que ver ni íntimamente ni de otro modo con el «corazón» del universo (ya estamos otorgando a la Creación unos atributos personales, humanos o divinos), sino con la comunión intratrinitaria y con la obra de regeneración de la humanidad caída. La falta de fe católica de Bergoglio le hace blasfemar de Dios, promoviendo un dios rebajado, no presente sino mezclado con la Creación. En definitiva, cae en una forma de panteísmo: Si Dios está en todo, y todo está en Dios, el Creador y la Creación se harían intercambiables en última instancia, se harían indescifrables.

Pues parece que no hubo suficiente con la primera Â«Laudato No». Ahora quiere presentarnos la segunda. Quizá para rematar la preparación de lo que en la primera anunciaba: que «urge la presencia de una verdadera Autoridad política mundial» (n.175). Pero sin duda, será una nueva negación del deber de amar a Dios sobre todas las cosas, que incluye la alabanza a nuestro Creador y Salvador, y una nueva afirmación de la Creación como un bien en sí mismo, como un bien absoluto y autónomo, independiente de la misión para la que fue creada por Dios, reflejando nuevamente la negativa de Lucifer a servir a Dios.

Bergoglio niega a Cristo cada vez que puede. Es más, muchas veces lo hace por triplicado: «No, no, no», como cuando negó la multiplicación de los panes y los peces por Cristo, ya en 2013, negando tres veces la palabra de Dios, y repitiéndolo nuevamente, formando un curioso 3+3 que recuerda el número 33, de gran importancia para los masones cabalistas, en definitiva para los adoradores del diablo. Porque a los que sirven al diablo se les nota, hasta el punto de que plasman esa adoración con los rituales propios del satanismo.

En la reciente JMJ de Lisboa nuevamente pidió a los jóvenes que repitiesen con él: «todos, todos, todos» (todos caben en la Iglesia falsa, sin salvación, sin conversión, sin verdad, sin Jesucristo), e insistió: «no se oye», pidiendo que repitiesen otra vez: «todos, todos, todos». Ese «todos» era la negación del camino estrecho, de Jesucristo, y de la misión de la Iglesia, que no es confundirse con todas las religiones y con el mundo, sino afirmar a Jesucristo, «Camino, Verdad y Vida», que es la manifestación del amor de Dios a los hombres para nuestra salvación, amor y perdón que pueden recibir quienes creen en Él y se convierten: «porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga la vida eterna» (Jn 3,16). Nuevamente, Bergoglio trazó un 33 masónico, justo en el eje de su discurso.

Ahora con esta segunda parte de Â«Laudato Si» negará por segunda vez al Padre Creador, al Hijo Redentor y al Espíritu Santo Santificador, negará nuevamente al Dios único, vivo y verdadero. Esto no es la segunda parte de Laudato Si, esto es la segunda negación Laudato no, no, no. Es el eco de Lucifer y su negación satánica: «No serviré: no, no, no. Lo repito y repitan conmigo: no, no, no».

El canto de San Francisco concluye:

Loado seas, mi Señor,
por nuestra hermana la muerte corporal
de la cual ningún hombre vivo puede escapar.
¡Ay de aquellos que morirán en pecado mortal!
Bienaventurados los que encontrará en tu santísima voluntad,
pues la muerte segunda no les hará mal.

Load y bendecid a mi Señor,
y dadle gracias y servidle con gran humildad.

Esto es lo que había que predicar, la urgencia de vivir en gracia de Dios porque nos jugamos el destino eterno de nuestra alma. El pecado, especialmente el pecado mortal, es nuestro enemigo. Y la idolatría es pecado mortal; la incredulidad grave y pertinaz, también. Y la adulteración del evangelio quitándole su fuerza de salvación en aras de un falso pacifismo, ecumenismo y ecologismo, ideologías humanistas, naturalistas, inmanentes, caminos de engaño que separan a muchos de la vida eterna,… eso no es sólo pecado mortal, eso es apostasía, y los que transitan por ese camino tras Bergoglio están asegurándose el mayor mal que puede existir, del que quiso prevenir el santo de Asís: la muerte segunda o muerte eterna.

Jesucristo enseñaba: «¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si arruina su vida?» (Mc 8,36). ¿De qué le servirá al hombre seguir la ideología del ecologismo de la casa común o la Madre Tierra (que ya no es criatura hermana, sino sustituta del Creador), por muchos sacrificios que haga a ese ídolo, si pierde su alma por la eternidad? Gaia no te va a salvar. La Pachamama no te va a salvar.

Esperamos el pronto regreso de Jesucristo en poder y gloria. Y el mundo físico será transformado en su venida, con su poder. Es más, llegará el día en que «los elementos, abrasados, se disolverán, y la tierra y cuanto ella encierra se consumirá» (2 P 3,10). No despreciamos la Creación, los cristianos la amamos, con el amor de Dios, pues Dios la ama. Pero no hacemos de ella un ídolo, sino que adoramos sólo a Dios y a Él amamos sobre todas las cosas. No hacemos de esta vida presente nuestro fin último, sino que sabemos que fuimos creados, como toda la Creación, para la gloria de Dios, pero nosotros con una capacidad especial de darle culto. Los cristianos decimos Laudato sii, o mi Signore!, y en su pronto regreso ponemos nuestra esperanza.

Como Vara de Almendro

Muchos que creean que se trata simplemente de una versión moderna actualizada del Nuevo Testamento

Mensaje del Libro de la Verdad 🏹

23 de diciembre de 2013

La oscuridad caerá tan súbitamente sobre la Iglesia de mi Hijo, que muchos se quedarán al instante en silencio, tan sorprendidos van a estar. A mi Hijo, Jesucristo El Rey, se le declarará que ya no será más Rey. En Su lugar serán elevados los dioses paganos y todas las religiones, incluyendo aquellas que no provienen de Dios y todo tomará posición en la Iglesia de Mi Hijo sobre la Tierra.

Para el mundo la nueva proclamación del así llamado cristianismo parecerá ser una buena noticia. El mundo se alegrará, porque muchos darán la bienvenida a lo que van a ver como gran tolerancia para cada tipo de acción, que hasta entonces era considerado como un pecado a los Ojos de Dios.

Cuando mi Hijo anduvo en la Tierra, los fariseos rechazaron la Verdad. Ellos creían sólo en lo que les convenía y creyeron en muchas falsedades. No aceptaron los brazos extendidos de mi Hijo, cuando Él proclamó la Santa Palabra de Dios. Ha llegado el momento, una vez más, de negar a mi Hijo por aquellos que aseguran conocer la Verdad. Por esto, me refiero a Su Santa Palabra como proclamada en los Santísimos Evangelios. Pronto, el Libro Más Sagrado será descartado y un nuevo sustituto blasfemo se anunciará para todos, dentro de la Iglesia de mi Hijo y fuera de ella. Muchos serán engañados.

Tan astutos son los enemigos de mi Hijo que esta nueva y obscena imitación de La Palabra de Dios que llevará a muchos a que creean que se trata simplemente de una versión moderna y actualizada del Nuevo TestamentoLa Palabra de mi Hijo será utilizada y cambiada para significar algo nuevo – algo que Ã‰l nunca dijo. El maligno, a través de los enemigos de mi Hijo, siempre engañará al mundo al usar la Verdad como un fundamento de las mentiras. Ellos siempre atacarán lo que es Verdadero, trabajando con la Verdad, con el fin de difamar a la Palabra de mi Hijo.

Van a empezar con Su Palabra primero y la destruirán – en primer lugar, al burlarse de ella y luego al descartarla, a favor de la herejía. Después van a atacar a Su Carne. La Palabra se hizo Carne en la forma de mi Hijo. Ellos crucificaron a mi Hijo, antes y ahora, mientras Él llega otra vez a renovar la tierra, van a destruir la Sagrada Eucaristía. Todos los que tienen fe deben perseverar durante estos terribles dolores de parto, porque cuando todo haya terminado el Hijo del hombre se levantará y vendrá a reclamar Su Reino en la Tierra. Aquellos que aman a mi Hijo deben honrarlo en todo momento y nunca negarlo.

Debéis estar preparados para vivir conforme a la Verdad y nunca sucumbir a aceptar mentiras, que se extenderán por todo el mundo y la, pronta a ser declarada, nueva única religión mundial. Cuando veáis que estas cosas suceden, estad seguros de que el tiempo estará cerca para la Segunda Venida del Único Verdadero Salvador – Jesucristo, el Rey de la Humanidad.

Vuestra amada Madre

Madre de la Salvación

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