El asombro: fundamento de la educación católica

“El asombro es el principio de la sabiduría” – Santo Tomás de Aquino.

En su libro «Educar en el asombro», Catherine L’Ecuyer nos recuerda la importancia de cultivar el asombro en los niños como una parte esencial de su desarrollo. En un mundo cada vez más secularizado y apresurado, redescubrir la capacidad de maravillarnos ante la creación de Dios es una tarea urgente y necesaria. Este asombro no solo despierta la curiosidad, sino que también es una vía para que los niños descubran la verdad y la belleza del mundo que Dios ha creado.

El asombro, desde una perspectiva católica, es más que una simple emoción. Es una forma de reconocer y honrar la obra divina presente en todo lo que nos rodea. Cuando un niño se maravilla ante la perfección de una hoja, el vuelo de un pájaro o la complejidad de una flor, está, en realidad, entrando en contacto con la magnificencia de Dios. Este contacto es una pequeña teología accesible y comprensible, que despierta en el niño una reverencia profunda por el Creador.

L’Ecuyer afirma: “El asombro es el motor del conocimiento y del aprendizaje. Cuando un niño se asombra, desea saber más, investigar, descubrir” (L’Ecuyer, 2012). Esta capacidad de asombrarse es esencial para que los niños no solo adquieran conocimientos, sino que también se formen como personas integrales y conectadas con la verdad de la creación divina.

La educación en el asombro es, en esencia, una educación en la verdad. Según Santo Tomás de Aquino, toda verdad es un reflejo de Dios, la Verdad absoluta. Por lo tanto, cuando los niños aprenden a maravillarse ante las pequeñas cosas de la creación, están aprendiendo a reconocer y amar la verdad en su forma más pura. Este reconocimiento es el primer paso hacia una comprensión más profunda y más rica de la fe católica.

G.K. Chesterton, en sus escritos, celebra el sentido del asombro y destaca cómo las cosas más simples pueden revelarnos verdades profundas. Chesterton escribe: “El mundo no perecerá por falta de maravillas, sino por falta de asombro» (Chesterton, 1908). Para Chesterton, el asombro no es solo una respuesta emocional, sino una actitud filosófica y espiritual que nos mantiene conectados con el misterio y la magnificencia de la vida. Desde esta perspectiva, el asombro se convierte en una forma de adoración, una manera de reconocer la mano de Dios en cada aspecto de la creación.

En la educación católica, el asombro tiene un lugar central. No se trata simplemente de enseñar contenidos académicos, sino de formar el carácter y el espíritu de los niños. El objetivo supremo de la educación católica es guiar a los niños hacia su fin último: llegar a Dios. Cuando les enseñamos a maravillarse ante la creación, les estamos enseñando a ver la mano de Dios en todas las cosas. Esto fomenta una actitud de gratitud y humildad, virtudes esenciales en la vida cristiana.

Además, el asombro lleva a los niños a una mayor conciencia de sí mismos y de su lugar en el universo. Al contemplar la belleza y la complejidad de la creación, los niños se dan cuenta de que son parte de un plan divino mayor. Esta comprensión les proporciona un sentido de propósito y dirección, y les ayuda a desarrollar una relación más profunda y significativa con Dios.

En contraste, el abuso de la tecnología y la realidad virtual representa un desafío significativo para la educación en el asombro. Las pantallas de los celulares, tablets y otros dispositivos electrónicos, aunque útiles en ciertos contextos, a menudo sustituyen la experiencia directa de la naturaleza y la interacción humana. La exposición constante a estos medios puede embotar la capacidad de asombrarse, ya que los estímulos artificiales reemplazan la maravilla genuina que ofrece la creación divina.

El exceso de tecnología no solo afecta la capacidad de asombro, sino que también puede desviar a los niños de la verdad. Las imágenes y experiencias virtuales, aunque atractivas, a menudo carecen de la profundidad y el significado que se encuentran en la creación de Dios. Los niños pueden volverse insensibles a la belleza natural y perder la capacidad de ver la mano de Dios en su entorno cotidiano.

Por lo tanto, es crucial fomentar un equilibrio saludable. Los niños necesitan más contacto con la naturaleza y menos dependencia de las pantallas. Al salir al aire libre, explorar los bosques, observar las estrellas y maravillarse ante la vida silvestre, pueden redescubrir la pequeña teología de cada ser, cada obra de Dios.

Educar en el asombro no es solo una técnica pedagógica, sino una misión espiritual. Al cultivar esta capacidad en los jóvenes, les estamos dando herramientas para vivir una vida plena y significativa, en la que la curiosidad y la maravilla sean guías constantes. En un mundo que a menudo valora la velocidad y la eficiencia sobre la contemplación, estos valores son más importantes que nunca.

En resumen, el asombro es una fuerza poderosa que nos conecta con la esencia de la existencia. Al aprender a maravillarnos ante las pequeñas cosas, podemos encontrar una fuente inagotable de inspiración y comprensión. Como sugieren L’Ecuyer y Chesterton, cualquier niño puede entender esta pequeña teología. Es a través del asombro que los niños pueden descubrir la verdad y la belleza de la creación de Dios, y así, crecer en sabiduría y santidad.

OMO

Bibliografía:

Aquino, Tomás de. Suma Teológica. 1274.

Chesterton, G.K. Orthodoxy. John Lane Company, 1908.L

‘Ecuyer, Catherine. Educar en el asombro. Ediciones Palabra, 2012

Catolicidad

Primer mensaje de Dios Padre – El tiempo ya ha llegado para que Yo reclame Mi Glorioso Reino – El Nuevo Paraíso en la Tierra durará 1,000 años

Mensaje del Libro de la Verdad 🏹

25 de junio de 2011

Nota de la Visionaria: Justo antes de recibir este mensaje acababa de rezar la Divina Misericordia, cuando de repente el Espíritu Santo me anunció que estaba por recibir un mensaje de Dios Padre. Yo estaba temblando de nervios. Entonces hice la pregunta “¿En nombre de quién vienes?”. Esta fue la respuesta:

Vengo en el nombre de Mi amado Hijo, Jesucristo, Salvador de la humanidad. Yo Soy Dios Padre y te estoy hablando por primera vez. Mi hija elegida, te hablo hoy para poder informar a la humanidad del Amor que tengo por todos.

Muchos no me conocen. Creen que sí, pero para millones de Mis hijos Soy meramente una entidad sin rostro. Tan poco conocen de Mi deseo de permitirles que me dejen amarlos de la forma en que debió haber sido.

Mi Nombre es usado descuidadamente en el mundo, por muchos que no reconocen que fue por Mi mano que el mundo y sus creaturas fueron hechos. Porque aquellos que lo hacen, están confundidos de Quién soy Yo y están de cierta manera temerosos de Mí. No debo ser temido porque Mi amor es puro para todos Mis hijos. Tanto los amo que hice el sacrificio más grande de todos para traerlos de vuelta a Mis brazos y darles la oportunidad de ser salvados del engañador. Envié a Mi amado Hijo, Jesucristo, al mundo para que pudieran comprender la Verdad del Amor. Este amor, cuando lo acepten, los salvará a todos.

Mi Corazón está roto, por la forma en que muchos de ustedes no se volverán a Mí y no me mostrarán su amor. Anhelo que simplemente vuelvan y me pidan ayuda. No hay necesidad de temer Mi amor porque fue a través de Mi amor que se les dio su primer aliento. Los creé a cada uno de ustedes a Mi imagen para que Yo pudiera tener una familia. Yo creé al mundo por puro amor para que ustedes, Mis hijos, pudieran compartir este Paraíso Conmigo. Tan amorosamente este fue creado que cada uno de los detalles fueron cuidadosamente construidos.

Tan feliz estaba Yo cuando el Paraíso en la Tierra fue creado que los ángeles se regocijaron y el Cielo estaba encendido con las llamas de amor, que ningún ser humano podría jamás comprender. Y entonces fue destruido por el Pecado ocasionado por la serpiente.

Hijos Míos, déjenme explicarles. El momento ha llegado para que Yo reclame el Paraíso que amorosamente creé, para que así podamos, de nuevo, ser una familia.

Una familia que llegará a estar muy unida por los poderosos lazos de amor que la mantendrá junta.

Este Nuevo Paraíso en la Tierra está siendo planeado ahora para todos Mis hijos.

Durará 1,000 años en la Tierra y nadie debe ser excluido, porque eso rompería Mi Corazón. Mi amado Hijo, Jesucristo y el Espíritu Santo están esforzándose por traerlos de regreso a Mi amoroso redil para que el Paraíso, creado en el principio pueda, una vez más, emerger como el Regalo más grande de todos para que Mis hijos lo disfruten.

Este Paraíso será un lugar de amor, belleza, gloria y será hogar para todos los que son puros de corazón y alma. Es para cada una de las almas en la Tierra y es la meta que está contenida dentro de todas y cada una de las almas en la Tierra, incluyendo aquellas que no se dan cuenta de esto.

Mi Hijo le habla al mundo y se prepara para manifestar su Gran Misericordia durante El Aviso, para dar a todos los pecadores una oportunidad para disfrutar el Nuevo Paraíso en la Tierra.

Deben oír Mi voz. Convoco a todos ustedes para que pongan atención. Vuélvanse a Mí. Acepten que Yo Existo. Que Yo soy la Fuente de toda vida, toda Creación, toda gloria. Cuando lo hagan, serán bienvenidos a Mi Paraíso en La Tierra que ofrece todo con lo que podrían soñar. Escuchen a Mi Hijo y los mensajes que Él da al mundo para convertirlos a todos ustedes. Para aquellos que no escuchen, aún entonces, o quien continúe en el camino del atroz pecado, no se les mostrará ninguna misericordia.

Yo soy el Dios de toda la Creación. Yo soy el Dios del Amor, de la Compasión. Yo soy también, el Dios de la Justicia. Mi Mano caerá sobre la humanidad, que, por la malvada alianza al maligno, rehúsa seguir el camino del Amor y la Verdad.

Pues ha llegado el momento ahora para que Yo reclame Mi Glorioso Reino, el que ningún hombre, por causa del pecado, detendrá. Si lo intentaran, estarán perdidos para siempre.

Yo soy el Dios de ustedes, su Creador, Mi amor nunca muere. Está encendido y lleno de profunda ternura por ustedes, para traerlos de regreso a Mí, a la herencia que tan amorosamente creé. A causa del pecado muchos de Mis Hijos tendrán que perder su derecho a esta herencia y hacerse a un lado para permitir a los que verdaderamente me aman, que entren por las puertas sin obstáculo.

Por favor, hijos, no desestimen Mi súplica a la humanidad. Acepten la Misericordia que está siendo ahora ofrecida por Mi amado Hijo.

Acéptenla con los brazos abiertos.

Dios Padre

Creador y Hacedor de Todas las Cosas

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