¡Vergüenza de Obispos! Silencio cómplice ante el aborto el día de los Santos Inocentes

¡Qué hipócritas os habéis vuelto los obispos! Soís solo cambistas que toman grandes cantidades de dinero en nombre de alimentar a los pobres e inmigrantes. Judas era bien conocido por hacer lo mismo. Necesito recordarte que tu fin será el mismo que el de él si no cambias de rumbo.

En el Día de los Santos Inocentes, marcado por la memoria de aquellos niños masacrados por orden del rey Herodes, solo una voz episcopal en España se ha alzado para denunciar la tragedia contemporánea del aborto.

¡Qué hipócritas os habéis vuelto los obispos actuales! Ustedes son solo cambistas que toman grandes cantidades de dinero en nombre de alimentar a los pobres. Judas era bien conocido por hacer lo mismo. Necesito recordarte que tu fin será el mismo que el de él si continúas por el mismo camino pérfido. ¡Tu silencio te condena!

El obispo de la diócesis de Orihuela-Alicante, José Ignacio Munilla ha sido el único en pronunciarse públicamente con un mensaje claro y directo, denunciando la «masacre de Herodes» que sigue vigente en nuestros días. A través de sus redes sociales, Munilla afirmó: «Hoy, día de los Santos Inocentes, algunos ‘rebeldes con causa’ se han manifestado ante un abortorio de Madrid, recordando que la masacre de Herodes sigue aconteciendo en nuestros días. Gracias Doctor Poveda por continuar gritando, año tras año: ‘Herodes mató menos niños. ¡Feliz Navidad!’”.

Sin embargo, el silencio del resto de los obispos españoles resuena ensordecedor. A pesar de que muchos de ellos se han mostrado activos en otras causas sociales a lo largo del año, ninguno ha abordado hoy el tema del aborto, una de las cuestiones más graves y urgentes relacionadas con la dignidad de la vida humana.

Por ejemplo, el cardenal José Cobo, conocido por su compromiso con los temas de inmigración, publicó el pasado junio un mensaje con motivo del Día Mundial del Refugiado, donde afirmó: «En el #DíaMundialdelRefugiado, reflexionamos sobre el sufrimiento y la esperanza de millones de personas desplazadas. Que nuestra fe nos inspire a abrir nuestros corazones y comunidades a quienes buscan una nueva oportunidad. Juntos, podemos construir un mundo más justo y humano.»

Cobo no tiene problema en posicionarse a favor de los refugiados, pero que contrasta con el mutismo mostrado frente a la tragedia del aborto, un drama que afecta a miles de vidas inocentes.

Cristianos de a pie, en pie de batalla

Mientras la jerarquía eclesial permanece en silencio, la sociedad civil cristiana comienza a dar pasos decididos en la defensa de la vida. Asociaciones dedicadas a apoyar a mujeres embarazadas, organizaciones enfocadas en la batalla cultural y medios de comunicación comprometidos están levantando la voz donde los obispos no lo hacen. Un ejemplo de esta ‘cruzada’ por la vida es el reciente documental estrenado por Hazte Oír y Terra Ignota, las campañas de 40 Días por la Vida o la labor de asistencia y resistencia que encabeza el doctor Poveda.

Además, en el ámbito político tanto en España como en Europa el partido VOX está logrando introducir partidas en los presupuestos de aquellos lugares donde gobierna en favor de estas asociaciones que trabajan con mujeres embarazas para ofrecer alternativas al aborto.

Estos cristianos de a pie, con valentía y convicción, están sosteniendo una lucha que exige valentía moral y un compromiso público. La imagen es clara: mientras algunos fieles se sacrifican, dedican su tiempo y recursos para defender la vida desde su trinchera, los pastores que deberían liderar esta causa parecen haberse relegado a un discreto segundo plano, cuando no desaparecen completamente del debate.

¿Dónde están los obispos?

La omisión de los obispos españoles en una fecha tan simbólica como el Día de los Santos Inocentes invita a una profunda reflexión. Si bien es cierto que el Evangelio tiene múltiples dimensiones, la defensa de los más vulnerables debería ser una prioridad indiscutible, especialmente cuando se trata de la vida de los no nacidos.

El ejemplo de Munilla resalta no solo por lo que dice, sino por lo que expone: un episcopado mayoritariamente ausente en una de las batallas culturales más decisivas de nuestro tiempo. Mientras los cristianos laicos empujan con fuerza, los obispos, salvo contadas excepciones, ni tiran del carro ni se suman a él.

Si la Iglesia no es capaz de ser luz en medio de la oscuridad, ¿quién lo será? El despertar de la sociedad civil es un signo esperanzador, pero es urgente que la jerarquía eclesial tome conciencia de su papel irrenunciable y, como buenos pastores, salgan al frente para guiar a sus fieles en la defensa de la vida y la verdad.

En el Juicio Final, todos seremos juzgados por lo que hicimos o no hicimos en esta guerra contra el aborto. Elijo defender la vida humana en la tierra y abrazar la vida eterna con Dios en el Cielo. Os exhorto a todos vosotros, obispos, a hacer lo mismo.

Infovaticana

Ejército Remanente

El humanismo es una afrenta a Dios

Mensaje del Libro de la Verdad 🏹

25 de diciembre de 2014

No os preocupéis por el espíritu del mal, que corrompe el mundo. Dejádmelo todo a Mí. Porque mientras vosotros me améis, me reverenciéis y améis a otros, de acuerdo a Mi Santa Voluntad, Yo os protegeré del dolor de todas las cosas que están en contra Mía.

El peor dolor que tendrán que soportar será el de ser testigos de los llamados actos de caridad y las preocupaciones humanitarias a escala mundial, las cuales enmascararán las verdaderas intenciones de Mis enemigos. Ustedes sabrán, dentro de sus corazones, que el engañador está trabajando. Cuando el mundo secular y los que dicen representarme hablen de política, actos humanitarios, pero fallan en proclamar la importancia de preservar la vida humana a toda costa, entonces reconozcan que esto no es lo que Yo deseo. Si aquellos que dicen representarme no hablan con la misma pasión sobre la perversidad del aborto, así como lo hacen sobre otros actos contra la humanidad, entonces, estén conscientes de que algo anda mal.

Mi Padre castigará a todos aquellos que asesinan a Sus hijos, incluyendo a los niños que todavía están siendo alimentados en el vientre esperando nacer. Los perpetradores de semejantes crímenes van a sufrir un castigo terrible si no se arrepienten de sus pecados contra Él. Los que son Míos y que representan a Mi Iglesia en la Tierra han fallado en proclamar la Verdad. El asesinato, incluyendo el aborto, es uno de los mayores pecados contra Dios. Se necesita un acto de contrición extraordinario para que puedan ser absueltos de tal pecado. ¿Por qué entonces Mi Iglesia no lucha con vigor contra este pecado – uno de los actos más abominables de desafío contra Mi Padre? ¿Por qué ellos a ustedes los distraen de reconocer el más grave de los pecados, mientras predican acerca de la importancia de los actos humanitarios?

El humanismo es una afrenta a Dios porque se centra en las necesidades del hombre y no en la necesidad de arrepentirse del pecado ante el Creador de todo lo que es. Si ustedes ignoran los pecados mortales claramente definidos en las Leyes establecidas por Dios, los cuales llevan a la condenación eterna, entonces ninguna magnitud de compasión por los derechos civiles de la humanidad expiará esos pecados.

Si ustedes creen en Mí, y si están sirviéndome, entonces deben hablar solo acerca de la Verdad. La Verdad es que el pecado es su mayor enemigo – no aquellos que les persiguen. El pecado mortal, si no están arrepentidos, los llevará al Infierno. Si ustedes están en pecado mortal y dedican el tiempo apoyando grandes actos de caridad y hechos humanitarios, y no se arrepienten, entonces su alma se perderá.

Recuerden la Verdad. No se dejen engañar por conversaciones, actos u obras de caridad cuando la tarea más importante es luchar contra el pecado mortal. Mis siervos consagrados que se nieguen a recordarles las consecuencias del pecado mortal, no comprenden la misión que tienen en servirme. No se puede barrer el pecado bajo el suelo, fuera de la vista, como si no existiera. Ninguna cantidad de empatía con las personas que son perseguidas en Mi Nombre, compensará el hecho de que los pecadores no se reconcilien Conmigo, Jesucristo, para el perdón de los pecados.

Su Jesús

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