La mano es el espejo del alma

Hay fotografías que lo dicen todo, incluso cuando fingen no decir nada. Esta es una de ellas. La del desenterrador de Franco.

Por Jaime Gurpegui

Hay fotografías que lo dicen todo, incluso cuando fingen no decir nada. Esta es una de ellas. La mano de Pedro Sánchez. La del desenterrador de Franco. La que firmó la ley de eutanasia. La que escribió pactos con la tinta turbia del chantaje y la mentira. Una mano tan ajada, tensa y desgastada que parece llevar el peso de cada una de sus traiciones.

Tiene 53 años, pero su mano parece haber vivido un siglo. Y no un siglo cualquiera, sino uno de persecución, traición y decadencia moral. Es la mano de un hombre que se ha dado la orden de mantenerse inmóvil mientras dinamita los fundamentos de su nación y de su alma. Esa rigidez de los dedos, esas venas como raíces expuestas, no son señal de trabajo ni de edad, sino de otra cosa: el cuerpo intentando contener lo que el alma ya no puede sostener.

Es la mano que firmó la ley que permite matar a ancianos y enfermos con la excusa de la compasión. La que entregó Navarra a Bildu y pactó con los enemigos de España. La que transformó el Consejo de Ministros en un aquelarre progresista. La que impone mordazas ideológicas con eufemismos democráticos.

Y, sobre todo, es la mano que ordenó exhumar a Franco, no por justicia ni memoria, sino por odio y espectáculo. Como Herodes desenterrando a los inocentes, pero con traje entallado y sonrisa de telediario. El cuerpo de Franco descansaba en paz; el alma de Sánchez, no.

Esta mano no envejece por los años. Envejece por el alma que la mueve. Es la mano de Dorian Gray, donde se marcan los pecados que su rostro se empeña en disimular. La pintura oculta en el desván de La Moncloa ya no es un retrato: es esta fotografía.

Infovaticana

Dios Padre: No temáis Mi mano sino la de aquéllos que son vuestros enemigos

Mensaje del Libro de la Verdad 🏹

18 de mayo del 2012

  Yo te hablo a ti hoy, Mi muy querida hija, para traer consuelo a aquellos que temen el futuro.

El futuro, queridos hijos, está en Mis Santas Manos.

El momento ha llegado para que el Nuevo Reino, el Reino sobre el cual Mi Amado Hijo reinará, suceda.

Esta es la etapa final, cuando la Tierra está siendo preparada para dar a luz, las multitudes que aman a Mi Hijo, y a su tiempo, que Me amen a Mí.

Aún tienen que pasar muchas cosas para que se haga Mi Divina Voluntad, y se necesita oración, paciencia y coraje..

No temáis Mi mano, sino la mano de aquellos, que son vuestros enemigos.

Mucha maldad está rampante en el mundo y el momento ha llegado, para que Yo castigue aquellas naciones, que atormentan a Mis hijos en la Tierra.

Ahora que empieza la batalla, las Casas que Me honran a Mí, a Dios Padre, serán renovadas.


Pronto se darán cuenta de cómo rechazaron al único y verdadero Mesías que Yo envié a la tierra, Mi Hijo Jesucristo, para dar la salvación al mundo.

Entonces, aquellos que creen en Mi Hijo y en Mí, el Dios Altísimo, se levantarán al unísono para preparar el terreno para que la Segunda Venida de Mi Hijo, pueda llevarse a cabo.

Sólo cuando la purificación sea completada, Mi Hijo regresará. 

La purificación de que Yo hablo, es cuando los buenos serán separados de los malos. Aquellos que viven sus vidas llenas con las mentiras plantadas en sus almas por Satán, todavía tienen tiempo de arrepentirse.

Todo esfuerzo será hecho por Mi para salvarlos a ellos de la bestia, porque Yo no renuncio a Mis hijos tan fácilmente. 

Yo, a través de varias Intervenciones Divinas, sancionadas por Mí, trataré de llevarlos a Mi Misericordiosos Brazos, para salvarlos. 

La confianza y la fe en Mí son el camino a la Vida Eterna.

Sólo a través de Mi Hijo, el Salvador del Mundo, podéis llegar hasta Mí, el Padre del Universo.
Porque, para llegar hasta Mí, debéis ser salvados del pecado.

Para ser salvados del pecado, debéis redimiros ante los ojos de Mi Hijo.

Así como Yo envié a Mi Hijo la primera vez para concederos la salvación, así también le envío de nuevo, por última vez, para salvaros antes de que el nuevo Cielo y la nueva Tierra se unan para convertirse en uno solo.

Los que rehuséis aceptar la Gran Misericordia de Mi Hijo, después de esta última cruzada para llevar a todos Mis hijos al Paraíso que es vuestra legítima heredad, os perderéis para siempre.
Después de esto, no habrá vuelta atrás.
No os olvidéis nunca de quién soy Yo.
Yo soy Dios Padre y Yo os he creado.

Aquellos que rehúsen aceptar la Misericordia de Mi Hijo, después de esta última Cruzada, para traer a todos Mis Hijos al Paraíso, su legítima herencia, se perderán para siempre. 

Nunca olviden quién soy Yo.

Os amo.

Deseo traeros a todos a casa, pero cómo fluyen Mis lágrimas al mismo tiempo.
Eso es así debido a las tantísimas personas que no seré capaz de salvar a menos que se vuelvan hacia Mí y Me pidan que les ayude.

Esta llamada de los Cielos ha sido profetizada.
Sólo el Cordero de Dios, Mi Hijo, tiene la autoridad para revelaros los acontecimientos que están por venir.
Sólo Él puede abrir los Sellos. Él lo está haciendo con la ayuda del séptimo ángel, la séptima mensajera.


Abrid vuestros ojos y aceptad que, finalmente, el Libro de la Verdad que fue profetizado está siendo abierto ahora, capítulo por capítulo, ante vuestros ojos.

  

  

Su Amado Padre del Cielo, Dios Altísimo

 

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