El día en que el Concilio Vaticano II “pidió a la Virgen que se marchara”

Después, cuando Pablo VI proclamó a María como “Mater Ecclesiae” al final del Concilio, en la basílica de San Pedro se escuchó un “silbido audible” entre los presentes.

Durante una conferencia reciente organizada por el Fatima Center, la Dra. Maike Hickson, bloguera en LifeSiteNews, recordó un relato que su difunto esposo, el profesor Robert Hickson, solía compartir. Entre 1960 y 1964, mientras era cadete en West Point, escuchó de capellanes jesuitas la historia de un perito del Concilio Vaticano II: el abate Victor-Alain Berto. Este sacerdote, teólogo y colaborador de Mons. Marcel Lefebvre, escribió en 1963 una carta en la que denunciaba con dureza la decisión de los padres conciliares de eliminar un esquema específico dedicado a la Virgen María.

El voto que relegó a la Virgen María

El 29 de octubre de 1963, los padres conciliares votaron si el esquema sobre la Santísima Virgen debía integrarse como un capítulo dentro de la constitución sobre la Iglesia. La propuesta obtuvo 1.114 votos a favor y 1.074 en contra. Para Berto, aquel resultado fue devastador. En su carta relató que lloró tras la votación y advirtió: “El castigo de Dios vendrá de estos votos. El destino de la sesión fue decidido aquel día en el cielo, donde reina un Hijo que no quiere que se insulte a Su Madre”.

Caná como clave profética

El abate Berto interpretó la votación a la luz del pasaje evangélico de las bodas de Caná. Según él, los obispos habían “invitado” a la Virgen a salir del Concilio, tal como si en Caná se le hubiera impedido interceder. “La Virgen María obstaculizó el Concilio que la invitó a marcharse”, escribió. En su visión, al no estar presente la intercesión de la Madre, las palabras “No tienen vino” quedaron sin pronunciar y la obra de Cristo no pudo avanzar.

La advertencia sobre las consecuencias

El teólogo sostuvo que marginar a María en un concilio ecuménico era un acto con graves repercusiones. “Mostrar la puerta a la Virgen en un Concilio es un acto que puede tener consecuencias”, advirtió. Berto afirmaba que el Espíritu Santo no podía asistir plenamente a una asamblea que se avergonzaba de la Esposa del Espíritu. Su carta concluía con una sentencia lapidaria: “Jesús no ha adelantado esa hora porque la Santa Virgen no se lo pidió”.

Ecos posteriores y el título de “Mater Ecclesiae”

Décadas después, el padre Robert Bradley, S.J., contó al profesor Hickson un episodio llamativo: cuando Pablo VI proclamó a María como “Mater Ecclesiae” al final del Concilio, en la basílica de San Pedro se escuchó un “silbido audible” entre los presentes. Para Hickson, aquel contraste simbolizaba el rechazo que había comenzado con la votación de 1963.

Llamado a volver a la Virgen María

La carta de Berto, recordada ahora por la Dra. Hickson en LifeSiteNews, se presenta como una advertencia profética sobre la secularización posterior y la pérdida de fe tras el Concilio. Frente a ello, se propone volver a la devoción mariana, especialmente mediante el rezo diario del Rosario y la práctica de los primeros cinco sábados, tal como pidió la Virgen en Fátima.

Infovaticana

Madre de la Salvación: Pronto, la Oración del “Avemaría” no se escuchará ni dentro ni fuera de la Iglesia de mi Hijo

Mensaje del Libro de la Verdad 🏹

12 de febrero de 2014

Así como la Imagen de mi Hijo, Su Palabra y Su Promesa de venir de nuevo serán ignoradas y luego erradicadas, así también será toda mención mía, vuestra bienamada Madre.

Pronto, la Oración del “Avemaría” no se escuchará ni dentro ni fuera de la Iglesia de mi Hijo. Mucha desaprobación se mostrará a aquellos que visiten mis Santos Santuarios y mis grupos Marianos serán criticados por muchas razones, todas sin motivo. Cualquier aceptación acerca de la autenticidad de las apariciones que me involucran a mí, la Bendita Virgen María, Madre de Dios, no se escuchará. Todas las referencias de mí serán pronto desaprobadas por un nuevo renovado envoltorio de la Iglesia de mi Hijo en la Tierra. Las devociones hacia mí se pararán en muchas iglesias, bajo el nuevo régimen asignado para ser introducido en el futuro. Yo seré casi olvidada y luego despreciada, por aquellos que afirmarán representar a una nueva moderna iglesia de todo-incluido, la cual mantendrá poco parecido a la Iglesia creada sobre la Piedra, por el apóstol de mi bienamado Hijo, Pedro.

Cuando veáis que todas las devociones hacia mí, la Santa Madre de Dios, son tratadas de esta manera, por favor tened en cuenta que estas nuevas reglas serán por las órdenes del maligno. El maligno me desprecia, así tanto cuanto aterrorizado está de mí. Él sabe que la devoción de las almas hacia mí, mantiene sus perversas maneras a distancia, y que el rezo de mi Santísimo Rosario le flagela y le deja impotente. Esos días por delante tendrán que ser afrontados por aquellos que me aman, y llegará un momento cuando la asociación de la Iglesia con mis Santuarios, serán cortados. Cuando eso ocurra, vosotros sabréis que será separar a los hijos de Dios de mi influencia, la cual en esos tiempos será necesaria, porque yo estoy para ayudar a acercaros a mi Hijo.

Mi tarea es la de prepararos para el Gran Día de la Segunda Venida de mi Hijo. Yo tengo la intención de continuar llamando a mis hijos, hasta que ese Día llegue. Yo solo deseo traer almas ante mi Hijo, para que Él pueda darles la Salvación Eterna. Todo se trata de la Salvación de las almas, pero todo esfuerzo será hecho por el maligno para impedir que esto suceda.

Vuestra bienamada Madre

Madre de la Salvación 

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