Meditaciones sobre el Espíritu Santo para prepararnos a la fiesta de Pentecostés

Día 1: La Longanimidad

Una serie de 14 meditaciones sobre el Espíritu Santo que nos conducirán desde hoy hasta la Solemnidad de Pentecostés, acompañadas por cantos de Harpa Dei

¡Te invitamos a seguirlas y a compartirlas!

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Cuando esperaba con los apóstoles en el Cenáculo por el descenso del Espíritu Santo, se necesitaron diez de días de preparación

22 de agosto de 2012

Mensaje del Libro de la Verdad 🏹

El desierto en el que se encuentran Mis hijos en el mundo de hoy es porque  no saben cómo recibir el Don del Espíritu Santo.

Así como te he instruido,  se lleva mucho tiempo para que el Don se reciba.

Esto consiste en un recorrido muy duro, antes de que cualquiera de los hijos de Dios pueda hacerse digno de recibir este Don especial.

Cuando esperaba con los apóstoles en el Cenáculo por el descenso del Espíritu Santo, se necesitaron diez días de preparación. Aunque a esos siervos santos, devotos y leales de Mi amado Hijo les fue prometido el Don, no estaban totalmente preparados espiritualmente para que se les diera el Don.

Yo, su amada Madre, tuve que ayudarles a preparar sus almas.

Significó enseñarles la importancia de la entrega total de su libre voluntad. Para hacerse dignos, ellos tuvieron que entender la profundidad de la humildad, a la que tuvieron que rendirse antes de que estuvieran preparados.

Algunos de ellos pensaron que habían aprendido todo de mi Hijo.

Sin embargo, eso fue una señal de orgullo y cuando el orgullo existe en vosotros no podéis recibir el Don bendito del Espíritu Santo.

Para recibir el Don del Espíritu Santo debéis haceros pequeños ante mi Hijo, como niños pequeños. No puede haber lugar para el orgullo ni la arrogancia. Sin embargo, la gente de hoy en día quienes aseguran hablar con autoridad acerca de la forma en que mi Hijo se expresa, caen en una trampa.

Ellos, cuando aseguran ser expertos en los asuntos espirituales, hablan con una arrogancia que no refleja las Gracias que les son dadas a los que realmente poseen ese gran Don del Cielo.

Aquéllos a los que se les ha otorgado el Don del Espíritu Santo son sumisos a los deseos de mi Hijo.

No son jactanciosos.

No son agresivos.

No critican a los demás utilizando el Nombre de mi Hijo.

No se burlan de los demás, cuando proclaman su interpretación de Su Santa Palabra.

No predican el odio.

Cuando los discípulos de mi Hijo fueron preparados por mí, tuvieron lugar muchas discusiones.

Llevó algún tiempo antes de que ellos finalmente aceptaran lo que se esperaba de ellos.

Sólo entonces, cuando entendieron como sólo la humildad del alma puede permitir que el Espíritu Santo entre, estuvieron finalmente preparados.

Insto a todos los hijos de Dios, especialmente a los que creen en mi Hijo, a que me pidan a mí, su Madre, permitirme que los prepare para este gran Don.

Mi niña, Me llevó un año entero para prepararte y no fue una tarea fácil. ¿Recuerdas lo difícil que encontrabas rezar mi Santo Rosario? ¿Lo difícil que encontrabas entregar tu voluntad y demostrar tu humildad?

Ahora que has recibido el Don, eso no significa que lo puedas dar por garantizado.

Debes continuar rezando, permanecer humilde de corazón y buscar la redención cada día. Pues así como se da, así también se puede quitar. Pido a todos los que siguen estos Mensajes que pidan por el Don del Espíritu Santo.

No es suficiente rezar una sola vez y decir que habéis recibido el discernimiento que pedísteis, para luego lanzar calumnias sobre estos Mensajes Divinos. Si hacéis esto, es que no se os ha concedido el Don.

Por favor, acudid a mí, vuestra Bendita Madre, para que os ayude a prepararos por medio de esta Cruzada de Oración.

Oración de la Cruzada (74) para pedir el Don del discernimiento

“Oh Madre de Dios, ayúdame a preparar mi alma para el don del Espíritu Santo.

Llévame de la mano como a un niño, y condúceme en el camino hacia el don de Discernimiento, por el poder del Espíritu Santo.

Abre mi corazón y enséñame a entregarme en cuerpo, mente y alma.

Libérame del pecado del orgullo y ruega para que yo sea perdonado de todos los pecados pasados, para que así mi alma sea purificada y que yo sea sanado, para que pueda recibir el don del Espíritu Santo.

Te doy gracias, Madre de la Salvación, por Tu intercesión, y con amor en mi corazón espero por este Don, el cual anhelo con alegría. Amén”.

Acordaos hijos de venir a mí, vuestra Madre, para que os ayude a abrir vuestra alma para recibir este maravilloso Don. Cuando recibáis este Don, os llevaré ante Mi Hijo.

Porque sólo entonces estaréis verdaderamente preparados para el siguiente peldaño de la escalera hacia la perfección espiritual.

Madre de la Salvación

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